Opinión: Violetas del 21

Ni luces ni miradas, solo silenciosos gritos acompañados de señales vociferando y clamando ayuda.
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No se trata solo de una tarde repleta de valientes violetas andantes revindicando derechos, los cuales muchas no tuvieron el privilegio de experimentar, de vivir, de tocar, de sentir o simplemente de llegar a conocer. Es más que cientos de voces y manifestaciones, se trata del derecho a la vida, de poder decidir sobre tu cuerpo y mente. Parece que tener la oportunidad de volver a casa sin posar la vista cada segundo tras de ti se ha convertido en un privilegio.

Frustración, dolor, miedo, indignación son algunos de los sentimientos y sensaciones que tenemos al escuchar nombres como los de “Marta del Castillo”, “Rocío Wanninkhof”, “Sara Carabantes” o “Diana Quer” porque tanto tú como yo sabemos que no son solo letras conformando palabras, sino que son nombres con rostro, personas, mujeres, casos de violencia machista. Detrás de estas mujeres, quienes pudieron tener una vida acaecedera y feliz pero que finalmente les arrebataron esta oportunidad-este derecho-, hay una historia, quizás una violación, un asesinato, maltrato…o todas en su conjunto.

Sin embargo, el asunto no llega hasta ahí, sino que no debemos olvidarnos de ellas, de esas mujeres que sufrieron, sufren y sufrirán-a menos que actuemos-en silencio, no solo sin poder ser escuchadas sino sin poder emitir sonido alguno. Anuladas, reprimidas, cohibidas, aterradas viven día y noche sin descanso alguno. Ya es suficiente ¿no?.

“Explícame el porqué del 25N. No tiene sentido”, comentan las voces ignorantes, no tan educadamente en ocasiones, que prefieren mirar hacia otro lado en vez de asumir la realidad. No es cuestión de atacar a un sector de la población, de humillar o culpar a un conjunto, ese no es el propósito. El objetivo no es otro que lograr una mayor consciencia acerca de la igualdad y de lo que esta misma lleva implícita en su naturaleza.

“Si no hay educación y coeducación en igualdad es muy difícil acabar con esto.” “…Necesitamos recursos, muchos recursos.” “La única manera de erradicarlo es la implicación social, esto no es solo un problema de las mujeres.”

Susana Rivas Córdoba

Tras una reflexiva y nocturna charla con la Delegada de la Mujer del Ayuntamiento de Chiclana de la Frontera (Cádiz), Susana Rivas Córdoba, he llegado a la conclusión de la inmensa necesidad que existe de escuchar sus palabras, unas que no solo están repletas de razón y visibilidad, sino que además ojalá no se queden en este artículo.

Erradicar la errónea percepción y tóxicas visiones que se tienen, mantienen e incluso heredan generaciones acerca del feminismo siempre ha sido, es y será una laboriosa tarea que en ocasiones provoca la desintegración de relaciones, el rechazo social, la ruptura de hogares y/o amistades, o simplemente el ganar miradas de asco y desaprobación con cada paso que das.

“Feminista a la que se considera una defensora de sus ideas extremista e intransigente” es la breve pero contundente definición del término “feminazi” considerada por las definiciones de Oxford Languages. No obstante, esta palabra no es más que otra forma peyorativa de referirse a aquellas mujeres feministas con mayor tendencia al caos, desorden e incluso violencia, es decir, las conocidas como feministas radicales. Este sector no es la viva imagen de la totalidad de personas que apoyan dicho movimiento.  

Esto es como todo, no somos un “todo” homogéneo, somos, al igual que nuestro vocabulario, una sociedad heterogénea, estamos en constante cambio y evolución teniendo presente los ideales, pensamientos, emociones y circunstancias de cada individuo. ¿por qué no seguir avanzando? ¿cansados/as de las manifestaciones? Pues no tendrían que hacerse si desde 2003 la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género no llevara contabilizadas 1.118 víctimas mortales por Violencia de Género. “…mortales…” no olvidemos aquellas que sufrieron y han y tienen que aprender a vivir con ello. Al margen de ser un día más, un jueves, unas simples veinticuatro horas más, una fecha más en el calendario de exámenes, es un recordatorio de dónde estamos, dónde queremos llegar y sobre todo, POR QUÉ.