Huérfanos de una radio

Como si de una novela se tratase, esta historia de la vida real incluye alegrías, incertidumbre, aventuras y mucha pasión, pasión por la radio. Los hechos se desarrollaron en los estudios de M21, que vivió mientras los políticos lo permitieron
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Los estudios de M21 ahora son un trastero del Ayuntamiento. Foto: Javier Casal

Hace no tantas semanas, coincidiendo con las fiestas navideñas, el periodista Javier Casal publicaba una de esas imagenes que no te dejan indiferente. El estudio de M21 Radio aparecía desmantelado, usado como un almacén. Se preguntarán, los no tan expertos en el mundo de la radio, de que se trata, se trataba, esa emisora de M21. No seré yo la persona de responder dicha duda. El encargado de darnos a conocer esta emisora, »levantada con mucho esfuerzo y muchísimas dificultades», será su director, Jacobo Rivero, que nos detalla que »era un proyecto cultural que atendía a todos los escenarios que había en la ciudad».

M21 fue levantada durante la etapa de Manuela Carmena en el Ayuntamiento de Madrid, con el proyecto de crear una emisora escuela, que ofrecía prácticas para jóvenes periodistas, así como inserción laboral remunerada. Pese a no ofrecer contenidos políticos, el proyecto fue tachado, desde la oposición, como un arma propagandística del gobierno municipal. Los más malévolos la llegaron a llamar »Radio Carmena».

Con Rivero, encargado de la gestión de la emisora, trazaremos las líneas de los cuatro años de andadura, que define con una palabra: ilusión. Asegura que permitió »que el Ayuntamiento no pareciera un edificio hostil a las personas de pie y se rompiera la barrera entre políticos y ciudadanos». Dice que cerrar sus estudios fue »un desprecio a la cultura propio del totalitarismo».

Rivero también fue blanco de las críticas de los más férreos detractores de la emisora escuela, que llegó a acercar la radio a los colegios. Recuerda la animadversión del PP, debido al supuesto ingente presupuesto (600.000€) que suponía mantener abierta esta radio, pese a que Esperanza Aguirre reconoció, al igual que su director, que el precio no era nada exagerado.

Ese mismo Partido Popular es el que luego clausuró sus emisiones, bajo el mandato de Martínez-Almeida, uno de los pocos alcaldes que podrá decir que ganó las elecciones con la promesa de acabar con un medio de comunicación. Un predecesor de Martínez-Almeida, también del mismo partido, fue quien sembró el germen de esta andadura, Onda Imefe, también con la formación como emblema, que se fundó en 1998 y cesó en 2005.

Los últimos meses de andadura fueron tormentosos. Las constantes amenazas del candidato popular, junto a la posibilidad de que saliera electo, que posteriormente se materializó, fue una jarra de agua fría a la esperanza de este grupo de profesionales. Los bandazos del nuevo equipo de gobierno, que presentó varios proyectos para el futuro (aunque no cristalizó ninguno) y la renuncia a la licencia de FM, fueron la última voz del proyecto cultural del consistorio madrileño. Una voz cultural y local que se apagó, llevándose con ella un pedacito de la historia de nuestro país.

Pocas capitales de Estado pueden decir que sobreviven sin una radio municipal, sin una voz de proximidad. Sin el aliento de la radio, la ciudad es un poco más inhóspita, lejana. La radio es personalidad y conexión. Hoy, muchos madrileños se sienten huérfanos de esa radio.