Opinión: La vigilancia, el peor enemigo de la democracia

No es ningún misterio que todos los ciudadanos están controlados, tampoco lo es el motivo de ello. Pero, lo preocupante de todo esto es que son los propios seres humanos quienes permiten este capitalismo de espionaje constante, ya que colaboran en él
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La vigilancia, el peor enemigo de la democracia I Pixabay

El capitalismo de vigilancia viene de la mano de grandes genios motivados por sus sueldos increíbles y por sus vidas maravillosas, llenas de lujos. El nivel de efectividad, en comparación con el de responsabilidad que tienen sus ejecutores es incompatible. Genialidades capaces de conseguir todo aquello que quieren. Pero, ¿por qué nos vigilan? La razón es simple, los datos de una persona individual pueden servir de bien poco, sin embargo, los datos colectivos de una magnitud inmensa pueden convertir a las personas en seres vulnerables, para que lleguen a pagar lo máximo que pagarían por un producto.

Marta Peirano, periodista y escritora española ha mostrado una gran implicación con el asunto, bajo el objetivo de crear conciencia dentro de la sociedad. La fundadora de CryptoParty Berlín, proyecto que abarca todo lo relacionado con la privacidad y la seguridad en la red, ha querido plasmar su preocupación en diversos congresos y entrevistas, destacando la que ofreció para Late Motiv en Movistar.

El Sistema es el enemigo, y por muy contradictorio que parezca, el mundo esta sumergido en él, concediéndole su confianza para absolutamente todo. Nadie sabe cómo funciona este famoso método, menos aquellos que lo han creado, de ahí que sean catalogados como verdaderos genios. A día de hoy, el ciudadano siempre saldrá perdiendo, pero el ciudadano es quien lo permite y muchas veces sin darse cuenta.

El problema de este modelo de extracción masiva de datos proviene de tres razones principales. La primera, infravalorar la cantidad de información que una persona puede llegar a generar cada día. La segunda, despreciar el valor de toda esa información y la tercera, cuando el mundo continúa pensando que el mayor problema es la NSA. Es cierto que la NSA tiene el mayor acceso, sin embargo, no les hace falta, la sociedad se lo concede.

Nadie se comporta igual cuando es observado, pero resulta que la mayor vigilancia se tiene la mayor parte del tiempo en las manos o bolsillos, gracias a los teléfonos móviles. Sin embargo, esta repetitiva vigilancia aumenta con los ordenadores, dispositivos tecnológicos y hasta con las tarjetas de puntos de los supermercados. Hace 25 años, la base de datos de la NSA era insignificante en comparación con la de Walmart, cadena de supermercados estadounidense, gracias a las tarjetas de puntos que utilizaban sus clientes con el fin de conseguir regalos insignificantes como podía ser un tupper.

La vigilancia es un problema colectivo, un problema de todos y, sobre todo, el mayor enemigo de la democracia. En China se emplean sistema de reconocimientos faciales y en EEUU se utilizan datos para encontrar tanto a inmigrantes como a refugiados y encerrarles en campos de concentración. Mucha gente puede llegar a pensar que la tecnología es un invento fallido, pero no es así. Siempre opera de la misma forma, ofreciendo una infraestructura para que la persona haga lo que quiere, pero a cambio, se regalan datos e informaciones que sirvan para aumentar sus algoritmos, pudiendo manipular a todo ser humano.