Opinión: Un mundial deshumanizado

Muertes de trabajadores inmigrantes, homofobia y dinero se presentan como protagonistas de un mundial machado de sangre
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Qatar será la sede del próximo mundial de fútbol. Desde que esto es una realidad, prácticamente todo lo que ha girado a su alrededor es controvertido. Desde su inusual fecha – será en invierno de 2022 – hasta las condiciones en las que se está desarrollando su preparación. Será un mundial históricamente vergonzoso.

Han pasado varios años desde que el país de Oriente Medio fue elegido para albergar una de las citas futbolísticas más importantes. Este acontecimiento requiere de una estructura y una organización muy complejos. Seguridad, sedes, estadios, ceremonias, hoteles de concentración y un largo etcétera. Aunque pueda parecer inverosímil, la ciudad que albergará la final del mundial esta en construcción. No el estadio, la ciudad entera: Lusail. Edificada a unos 20 kilómetros de Doha y planificada para recibir a 250 mil personas. Es inocente pensar que Qatar ve solo fútbol en la organización de la próxima copa del mundo. La principal potencia económica de Oriente Medio ha visto en este evento el contexto y la oportunidad perfecta para poner sobre el país todos los focos y demostrar que es una potencia mundial. El estadio encargado de acoger la final, el Estadio Lusail, contará en sus asientos con 80.000 espectadores, aunque su capacidad total puede ser de hasta 94.500 personas. El Santiago Bernabéu tiene una capacidad de 81.000 espectadores, esto basta para comprobar las dimensiones de la apuesta del país en el mundial.

Vídeo: Road to 2022 | Estadio Lusail, sede de la final del mundial

Este contexto es necesario para entender la vergüenza que supone para una sociedad civilizada que, en la construcción de estadios y ciudades hayan perdido la vida en torno a 6 mil trabajadores inmigrantes provenientes de India, Nepal, Sri Lanka, Bangladesh o Pakistán. Ni la FIFA, ni los combinados nacionales, ni los gobiernos, ni siquiera la sociedad deberían permitir que se celebrase un mundial manchado de sangre, pero parece haber algo más importante que la humanidad. En el año de la elección, 2010, era Joseph Blatter quien ostentaba la presidencia de la FIFA. Ahora, años después y tras dimitir como presidente tras un escándalo por corrupción, asegura en una entrevista para el diario francés Le Monde que el mundial fue un “gran error” y que “estaba decepcionado con la victoria de Qatar” El ex presidente señala a Sarkozy, ex presidente del Gobierno francés, como gran interventor, declarando que “lo cambió todo” y que no descarta que “circulara dinero” aunque no señala directamente a nadie.

No resulta una sorpresa que la religión y el tipo de sociedad tengan un peso decisivo en esta importante cita. En este sentido, tampoco se han visto atisbos de vivir en el siglo XXI. Nasser Al – Khater, quien es presidente del comité organizador de la Copa del Mundo, ha confirmado que “la homosexualidad no está permitida” en el emirato, pero asegura que las personas que pertenezca al colectivo LGTBIQ + también gozarán del derecho a viajar al país y asistir a los encuentros, bajo la petición de que no se realicen “muestras de afecto en público” alegando el “respeto” hacia el conservadurismo del país y sus vecinos. Resulta curioso, por no decir vomitivo, escuchar prohibiciones con respecto al amor y hablar de respeto a la vez. Ante todo esto, parece inconcebible que un mundial pueda ser celebrado en este país. Sin embargo, leyendo en la web de la FIFA, en la parte de “fifa socios” se puede encontrar a la compañía Qatar Airways – que hemos visto en España en las camisetas del F.C. Barcelona – y es mas sencillo empezar a entender la situación. El dinero se antepone al más leve atisbo de humanidad y permite que se celebre un mundial que más allá del futbol, avergüenza a la sociedad que lo permite.

Foto: Fifa.com | Socios de la FIFA