Opinión: Lo que ellos sabían de libertad y responsabilidad

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Duele, claro que duele. Y quizá sea el momento de valorarlo.

Quizá sea el momento de abanderar aquellos versos que en su día salieran del puño de Manrique, olvidar nuestro parecer y asumir que cualquier tiempo pasado fue mejor. Duele. Duele mucho. Duele ver truncada nuestra libertad y que lo único que podamos hacer sea aceptarlo, ser ciudadanos responsables y actuar en consonancia. Duele que tu lugar favorito no tengas sus puertas abiertas para ti, o que tu futura ahijada haya nacido en una provincia diferente a la tuya. Duele que tu mejor amigo no pueda volver a casa o que tu amante no pueda justificar sus ganas de abrazarte. Duelen los abrazos que no damos y las cervezas que siguen cerradas en la despensa de casa.

Duele, claro que duele. Pero es lo que tenemos.

Esto va más allá de la política y de las ideologías. Nuestros literatos no sabían de pandemia, pero sabían de libertad y supieron definirla a la perfección. Decía Victor Hugo que “la libertad es el aire respirable del alma humana”. Analizando esta cuestión, ¿qué le pasa a nuestra alma sin aire? ¡Se asfixia! ¿Qué le pasa a nuestra vida sin alma? Lo mismo… ¿En manos de quién está recuperar el aire antes de quedarnos sin alma y sin libertad? En nuestras manos.

No obstante, alejando un poco la mirada del romanticismo de la libertad, hablaron otras personas de responsabilidades. El Papa Juan Pablo II dijo que “la libertad no consiste en hacer lo que nos gusta, sino en tener el derecho a hacer lo que debemos”. Tranquilidad en las masas, que se intuyen desde aquí cabezas negando y furia brotando por el desacuerdo. Pero no podréis negar en que algo de razón sí que tenía, ¿no? Ahora mismo, existe la libertad de elegir actuar con responsabilidad, aunque se pueda hablar de opresión, de restricciones y de dolor. Porque sí, hasta el 10 de diciembre, como mínimo, las cervezas seguirán en las despensas y el amante seguirá sin abrazar.

Existe la libertad de unirse a la causa, actuar con la responsabilidad que se solicita desde arriba y de luchar, de esta manera, por recuperar la libertad que formaba parte de una rutina. Quizá por eso, pasó desapercibida cuando la tuvimos.

El escritor estadounidense Elbert Hubbard decía: “la responsabilidad es el precio a pagar por la libertad”. Si ahora nos sentimos oprimidos es porque en algún momento hemos gozado y hemos sentido, aunque a veces de manera inconsciente, la libertad. Ahora es el momento de pagar el precio que requiere. Ahora es el momento de guardar cuidado, de prevenir, de cuidarnos y de cuidar. Ahora es el momento de aprender a gestionar las emociones que más nos aprietan, las que ahogan en pos de lo que querríamos sentir.

El célebre Martin Luther King gritó que “la libertad no es dada voluntariamente por el opresor; debe ser demandada por el oprimido”. Clamemos por nuestra libertad. Luchemos por ella. Gritemos que queremos ser libres. Pero hagámoslo desde la responsabilidad y el sentido común. Hagamos esto en sociedad porque, cuando la recuperemos, solo una sociedad nos quedará para vivir y será el resultado de lo que, en la libertad que nos queda, hagamos para recuperar la que perdimos.