Opinión: La falacia de ser madre en Instagram

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Imagen recogida del Instagram de @Verdeliss, la mamá influencer de moda

No es que resulte paradójico es que, ciertamente, lo es.

Instagram se ha convertido en espacio de concentración de públicos muy diversos que, en cierta medida, pueden escoger el contenido que quieren recibir a partir de sus intereses, pero, en un plano involuntario, el público vuelve a ser esclavo del mensaje.

De un tiempo a esta parte, Instagram ha reunido un apabullante número de mujeres entre su público más fiel con una característica en común: el papel de madre.

Es frustrante, es denigrante para la mujer analizar el mensaje de otras mujeres, madres, que gestionan a su interés el recurso los estereotipos y lo convierten en un supuesto discurso feminista, en una oda a la independencia, al empoderamiento de la mujer y a sus capacidades.

¿Y el público femenino, de verdad, compra ese discurso? Por desgracia, la respuesta es afirmativa. El contenido de entretenimiento y las redes sociales, en complot con el frenesí de la vida y su trajín incesante, han conseguido reducir y mermar la capacidad crítica del consumidor. Esto supone la aceptación del mensaje sin ser cuestionado por  los espectadores. Se acepta el contenido publicado como algo normal, cotidiano y que, en muchas ocasiones, no representa la realidad familiar de las madres que consumen este tipo de contenido. Entonces, ¿por qué se acepta?

La publicidad siempre ha idealizado la realidad, haciéndola deseable y creando un escenario perfecto para publicitar y vender bienes o servicios. La comunicación de las madres en Instagram no deja de ser una estrategia publicitaria que vende un estilo de vida idealizado, perfecto y utópico.

Resulta, como mínimo, curioso, como hay madres – influencer, por supuesto – que basan su discurso en una madre capacitada para tener cuatro niños y mantener una educación y un cuidado perfecto de ellos, de tener la casa en orden, de trabajar – normalmente desde casa, porque con los niños no se pueden trasladar a un lugar de trabajo – y de presumir de una familia feliz y perfecta. Pero resulta aún más curioso que este discurso se llegue a convertir en una bandera feminista, en el puño alzado de parte de las mujeres de Instagram que gritan “¡Yo puedo!” sin ser conscientes de que permanecen apalancadas en la imagen tradicional del patriarcado, una imagen que ha sido criticada en la publicidad a lo largo de los tiempos y que ha servido para poetizar la realidad y elevarla al nivel de una utopía.

Pero existe un enfoque aun mas negativo, una perspectiva social, el trasfondo de las madres que se dejan convencer por este tipo de comunicación y que terminan siendo víctima de estas presiones al sentir que sus capacidades como personas humanas son limitadas y que no son capaces de aplicar tanta perfección a sus vidas cotidianas y, sobre todo, reales.

El público femenino debe, cuanto antes, asimilar la propagación de unos estereotipos dañinos y ficticios y levantar la voz frente a un reflejo tan hipócrita y falso de la realidad común de las madres. El público femenino debe levantarse y comunicar desde la verdad, gritarle al mundo que una madre no siempre puede con todo porque, ante todo, es una persona humana. El público femenino debe romper con este tipo de comunicación que hace flaco favor a la lucha feminista y a la ruptura de los estereotipos patriarcales.