Opinión: La vida en un balcón

0
166
Desde el balcón. Foto: Merca2

Podría haberles preguntado a mis amigos por estancias de sus casas antes de que la concepción mental de nuestras casas cambiaran por completo. Me hubieran hablado del salón, del dormitorio, me hubieran detallado con total precisión sus cuadros o lo maravilloso del armario que tienen lleno de ropa. Todos le habrían cerrado las ventanas al balcón, a su balcón. Ese rincón de nuestro hogar era el rincón olvidado, sin embargo, cuando la vida nos ha cerrado la ventana de la calle, nosotros le hemos abierto las ventanas al balcón, que se convierte ahora en el sustento anímico de nuestra existencia. Quién tiene un balcón, tiene un tesoro. 

Desde el balcón, nuestro balcón, mostramos nuestra vida como antes lo hacíamos en los parques o las playas. Desde el balcón, lloramos y cantamos, reímos y sufrimos. Desde el balcón, vivimos. Acostumbrados a las grandes galas de premios, los conciertos multitudinarios, los partidos de fútbol o las noches de fiesta, ahora nuestros acontecimientos sociales se reducen a uno: el aplauso de las ocho desde el balcón.

Y ese balcón también nos ha dado varios baños de realidad. El primero, no conocemos tanto el lugar en el que vivimos como creíamos. Cuántos hemos conocido ahora a nuestros vecinos, de nuestro edificio y de edificios colindantes. Hemos puesto cara a las ventanas que creíamos inertes, hemos puesto cara a las vidas que se escondían tras esa persiana que ha marcado nuestra infancia, juventud y madurez, y en la que nunca nos habíamos preocupado en indagar.

El otro baño de realidad es aún más negativo. Hay veces en la que ese balcón se transforma en el reflejo de los peores comportamientos de sus dueños. Hay quién desde la comodidad de su confinamiento han querido actuar de justicieros. Alguno hasta ha llegado a sacar un arma. Se olvidaron de ver más allá, no quisieron ver una realidad que se les escapaba. Hay niños con autismo que han sido insultados por salir a la calle aunque podían, reflejo de una sociedad enferma incapaz de reflexionar un par de minutos. ¿Estamos tan unidos como queremos creer o en el paraíso de la solidaridad que parece haberse transformado este país, aún hay ‘ovejas negras’?. Desde el balcón, todos nos retratamos.