Opinión: ¿Quién salva el mundo?

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Donald Trump. Fotografía de Pixabay

El ser humano, está condenado a repetir los mismos errores una y otra vez.
El hombre, está dispuesto a sentenciar a quienes no quieren llegar a la cima de la forma más ruin.

Donald Trump, Presidente de Estados Unidos, comienza una guerra. El mundo estaba expectante desde hace mucho tiempo por ver la calma y serenidad total de este buen hombre. Por ver como educa a su país en la bondad y la educación.

Finalmente ocurre, bombardea a sus semejantes porque piensa que no tienen nada que ver con él.
El acto más violento de un ser: creer que una vida vale más que otra.

Los nervios se apoderan más que nunca del Presidente. El poder de la Casa Blanca, lo frivoliza cada día más y es ahora cuando nadie sabe qué ocurrirá.

El poder y la ignorancia son los que sentaron a Trump en un trono.

Las personas viven en la era en bucle: poder, dinero, poder, dinero y así sucesivamente.
El dinero mal invertido, da pie a desgracias inimaginables y no hablo solo de la pobreza. El avaro cruza la línea una vez que no recuerde donde se encuentra. Ese es Donald Trump.
Un personaje público que se dedica a maleducar un pueblo y a castigar el resto. Un pez gordo que construye rascacielos y se le olvida mirar el dolor y la enfermedad que hay abajo.

Lo más alarmante es que no se ve reflejado con Ebenezer Scrooge, el personaje de la famosa novela Cuento de Navidad de Charles Dickens.

El ritmo alborotado que lleva la Tierra no compensa a ningún individuo, sin embargo todos lo siguen. Nadie va contracorriente y por tanto, las personas que gobernaran los altos cargos serán personas con una mínima capacidad emocional.

Las noticias acerca del suceso de cómo Trump tiene la sangre fría de bombardear al «enemigo» y después irse a dormir, aterrorizan. A veces se olvida que en España sucedieron actos de violencia mucho peores, pues el enemigo, pertenecía al mismo país.

Se olvida que ya hubo dos guerras mundiales.
Se olvida que en España, Italia y Alemania hubo una dictadura y una larga lista de etcéteras.

Por eso, el ser humano está condenado a repetir los mismo errores.