El desafío de LeBron James en los Lakers

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Su salida de los Cavaliers, por repetida, no sorprendió mucho. Se mascó desde varios meses antes y, ayudado por las ganas de estar en un gran mercado donde el propio ‘elegido’ ya tenía casa, además de estar en busca de uno de sus últimos retos, apenas unas horas bastaron de agencia libre para que transcendiera la noticia del verano; LeBron James (Magic Johnson mediante), se instalaría en Los Angeles. Los movimientos que se dieron en los mercados de traspasos anteriores hacía que los Lakers tuvieran el suficiente dinero como para atraer a una estrella y en un futuro a alguna más. El primero fue LeBron James y con él llegaron jugadores como Rajon Rondo, Lance Stephenson, JaVale McGee o Michael Beasley. Efectivos de gran calidad puramente baloncestística, pero que la regularidad que han mostrado a lo largo de los años ha ido en relación con la capacidad de mantenerse concentrados en lo que ocurre solamente dentro de la pista.
 
Estos se sumaban a los jóvenes ya en plantilla de Kyle Kuzma, Brandon Ingram, Lonzo Ball, Josh Hart o Kentavious Caldwell-Pope; jugadores con proyección de cara al largo plazo comandado por LeBro(uy, perdón), Luke Walton. Con la sombra que supone para el entrenador un jugador tan determinante como James, Luke Walton junto a Rob Pelinka y Magic Johnson decidieron aceptar el reto de darle a los Lakers un estilo frenético, agresivo defensivamente y directo evitando lo más posible el juego en estático. Además, se instaló que no hacía falta fichar a tantos tiradores para rodear a ‘El Rey’, como así había sido habitual en sus últimos años en Cleveland y Miami.
 
Con estos factores, el #23 (o el #6, si quieren) llegaba a Los Angeles con el desafío de competir en la Conferencia Oeste, por no llamarle Conferencia Warriors, ya que los últimos cuatro años los de la Bahía de Oakland han sido el campeón del Oeste con un récord en Playoffs (incluida las Finales) de 63 victorias y 20 derrotas; lo que les ha valido para ser campeones de la NBA en tres de los últimos cuatro años.
 
Unos años en los que LeBron James siempre ha estado enfrente, desde el Este, ganándose con todas las de la ley entrar en la discusión de si puede ser mejor que Michael Jordan y consiguiendo un anillo en 2016 con el equipo de su ciudad. Y es que en los últimos 8 años su equipo ha llegado a junio, con todo lo que supone eso en desgaste físico, luchando por el anillo. Es por eso que su exigencia será enorme consigo mismo, sus compañeros, e incluso entrenadores, y la franquicia entera. Los Lakers han comenzado con 3 derrotas en los primeros 3 partidos de temporada y además dos de sus jugadores (Ingram y Rondo) se han visto envueltos en una brutal tángana contra el base de los Rockets, Chris Paul, que les va a impedir estar en los próximos partidos con los Lakers.
 
 
Una de esas derrotas llegaron después de que el propio James fallara dos tiros en la prórroga ante San Antonio Spurs, que dio lugar a un triple prácticamente sobre la bocina del base de los texanos, Patty Mills. Tras esto LeBron James seguía confiado en ir por el buen camino, pese a que reconoció que fallar los tiros libres fue «inaceptable». El 4 veces MVP de la NBA en temporada regular, llevaba desde 2004 sin empezar una temporada cayendo en los tres primeros partidos de la campaña. Todavía, el estilo irregular y a base de tirones no ha llegado al engrasado adecuado, ya que aunque son el tercer mejor ataque (125.3 puntos) de la competición en esta primera semana, son la peor defensa (131.6 puntos), pese a que hemos visto emerger a un jugador como Josh Hart muy válido para dicho estilo.
 
 

Hart es uno de los 5 jugadores de los Lakers en este inicio que promedian dobles dígitos en anotación y es que el aporte en puntos de LeBron James tampoco se ha visto afectado pese a las derrotas; promedia 27.3 puntos, 8.3 rebotes y 8.3 asistencias. Sin embargo, en el ratio NET (diferencial de puntos por cada 100 posesiones) podemos observar que están en un – 6.0, dejando evidente la poca efectividad que atesora el juego de ataque angelino en estos momentos. Además, en el ritmo de juego, es claro que Walton quiere que sus Lakers sean uno de los equipos más rápidos de la competición. Es por eso que en PACE (número de posesiones por 48 minutos) tienen un ratio de 108.72, siendo el tercer equipo que más en toda la liga.

Una de las ventajas de la NBA es la duración de su temporada, dejando a un lado el aspecto físico-mental de los jugadores o el nivel de interés que puede generar, ya que le da espacio a los equipos para solucionar problemas a lo largo de todo el año con traspasos, cortes o contrataciones (teniendo en cuenta siempre el aspecto económico, claro). Por tanto, ¿veremos a los Lakers moverse si no funciona la idea primigenia?
 
En una conferencia como la Oeste, tenemos a los Warriors ya comentados, Houston Rockets tratando de darle continuidad al éxito de la pasada campaña, Utah Jazz que quiere dar un paso más adelante y a partir de ahí será salvaje. La puesta en escena de los Pelicans ha sido inmejorable, igual que la de los Nuggets y la impronta (precisamente ante los Lakers) de los Blazers también es de valorar. Contando con la dureza que aportarán estos, también se espera que den guerra los Spurs, Oklahoma City Thunder o Minnesota Timberwolves (veremos si con Butler).
 
Una franquicia de la grandeza de los de oro y púrpura le viene como anillo al dedo a James. La ciudad, también. Las leyendas que han pisado ese parquet como ‘Laker’, por supuesto, casan a la perfección. Y, aunque las expectativas hacen que se establezca un optimismo irremediable, las cosas de palacio van despacio.