La epidemia silenciosa de la soledad no deseada entre los jóvenes

La soledad en los jóvenes. Foto: Pexels
“Sentirme sola e incomprendida”, así define Laura Clavijo, estudiante de Educación Infantil en Huelva, cómo se siente al convivir con la soledad. Un sentimiento desagradable que se instala en su subconsciente sin aviso previo y deja un vacío inexplicable que las palabras no alcanzan a describir: “Me vino y apareció de repente. No sé darle una explicación”.
Es bien sabido que la soledad no solo afecta a las personas mayores – quienes a menudo la experimentan por la falta de conexión emocional profunda con su entorno debido a los cambios físicos, la pausa de su actividad profesional con la jubilación o la pérdida de familiares -, sino que también se ha convertido en un problema creciente entre los jóvenes.
Según el último estudio Barómetro Juventud, Salud y Bienestar de Fad Juventud y la Mutua Madrileña, publicado el 20 de noviembre de 2025, el 87,5 % de los jóvenes se sienten solos sin desearlo, un fenómeno especialmente relevante entre las mujeres de 20 a 24 años.

Resultados del estudio Barómetro Juventud, Salud y Bienestar de Fad Juventud y de la Mutua Madrileña (2025) Foto: Canvas
Dada esta situación, se plantea la siguiente pregunta: ¿cuáles son los factores detrás de esta lacra que afecta a la juventud? En EUSA NEWS hablamos con Verónica de Lozar, psicóloga clínica, quien identifica el principal factor que contribuye a la epidemia de soledad: “La falta de desconexión social debido al auge de la tecnología y las redes sociales ha reducido notablemente las interacciones cara a cara. Como consecuencia, se dificulta el desarrollo de habilidades sociales funcionales, atrapando a las personas en un bucle que les impide relacionarse de manera efectiva.”
“Es importante abordar la soledad de manera temprana y efectiva”
Por otro lado, el impacto de la pandemia de Covid 19 también ha afectado negativamente en la salud mental de los jóvenes. Las medidas de distanciamiento social y los confinamientos dificultaron la creación de redes de apoyos, que a veces resultan inestables, generando un sentimiento generalizado de soledad.
En declaraciones a este periódico, Daniel León, trabajador social con más de 10 años en la Confederación de Salud Mental España, (antes FEAFES) señala que: “Es importante abordar la soledad de manera temprana y efectiva, proporcionando apoyo emocional, fortaleciendo las redes sociales y comunitarias, fomentando la participación en actividades sociales y promoviendo el acceso a servicios de salud mental cuando sea necesario.” Asimismo, León advierte que la soledad no tratada puede favorecer conductas perjudiciales para la salud, como el consumo de sustancias que generan adicciones o el desarrollo de enfermedades cognitivas, y contribuir incluido a una mayor mortalidad prematura.
Durante el confinamiento, Laura Clavijo reconoce que si llegó a sentir soledad porque no podía salir ni relacionarse con sus amigos de manera presencial: “Siempre estaba encerrada en la habitación sin salir generando soledad y perjudicándome mentalmente”. La soledad no es algo que desaparezca, en muchos de los casos, permanece persistente, y el confinamiento fue testigo de ello. En la actualidad, su salud mental ha mejorado favorablemente; no obstante, ese sentimiento reaparece de vez en cuando en situaciones de relaciones interpersonales.

Una mujer sentada sola en un banco. Foto: FreePik
“Me siento abandonada por el sistema”
De igual manera, la precariedad laboral es otro factor que contribuye a la soledad entre los jóvenes. La inestabilidad en el empleo y las dificultades para poder acceder a una vivienda digna, va aumentando la sensación de aislamiento entre jóvenes. Laura expresa su indignación para obtener una vivienda digna, considera que el Estado no ofrece soluciones para este problema generacional: “Me siento abandonada por el Estado por no solucionar este problema que está agravando a todos los jóvenes”.
Así pues, la soledad no tratada constituye un problema de salud pública que va más alla del malestar emocional, ya que incrementa el riesgo de trastornos mentales y enfermedades físicas, afectando la calidad de vida de las personas de quienes la padecen. La solución radica en promover intervenciones tempranas, reconociendo el problema para visibilizarlo y facilitar su tratamiento.

Carla Castro Rojas es redactora en EUSA News, donde se especializa en la sección de cultura. Ha trabajado como creadora de contenidos en FilmAnd, centrada en el cine andaluz y su divulgación cultural. Entre sus aficiones destacan la música, la lectura y el cine.








