Opinión: Feminismo, de la igualdad a la polarización

Los debates internos del feminismo muestran la complejidad del movimiento, pero no alteran su compromiso con la igualdad y la eliminación de la violencia machista.
Fotografía de la manifestación del 25N en Madrid.

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El feminismo sigue siendo un tema que genera debate y confusión, y en muchos casos, polariza opiniones. Su esencia es simple: luchar por la igualdad real entre mujeres y hombres. Sin embargo, hay quienes lo ven de manera distorsionada, como una ideología en contra de los hombres.

Un estudio reciente con estudiantes de Trabajo Social refleja esta dualidad: el 60 % entiende que el feminismo busca igualdad, pero un 77 % percibe al llamado “feminismo moderno” como contrario al hombre. Esto muestra que, incluso entre quienes estudian ciencias sociales, la equidad todavía enfrenta malentendidos y prejuicios.

En la práctica, la participación de las mujeres en la vida social y política evidencia otra desigualdad. Aunque intervienen activamente para resolver necesidades en sus comunidades, su presencia en los espacios de poder sigue siendo limitada.

La política institucionalizada sigue siendo un terreno mayoritariamente masculino, difícil de acceder para quienes no cuentan con el tiempo y los recursos que tienen los políticos tradicionales.

El Ayuntamiento de Sevilla presenta una campaña y un programa por el 25N centrados en las ciberviolencias y las nuevas formas de violencia de género.

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Esta desigualdad se recuerda cada 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. En España, las calles se llenan de manifestaciones recordando a las víctimas de violencia machista.

Este año, más de 40 movilizaciones se desarrollan en ciudades como Madrid, Barcelona, Sevilla, Valencia, Bilbao, Vigo o Málaga.

Hasta ahora, 38 mujeres han sido asesinadas en 2025, y miles sufren violencia diaria, desde agresiones físicas hasta abusos psicológicos o económicos, en un contexto de recortes en servicios públicos y fallos en mecanismos de protección como las pulseras antimaltrato.

El feminismo que se manifiesta en las calles es diverso y, a veces, fragmentado. En Madrid, por ejemplo, coexisten dos grandes marchas: la Comisión 8M defiende un feminismo interseccional que denuncia violencias racistas, patriarcales y globales, mientras que el Foro 25N y el Movimiento Feminista critican la negligencia institucional frente a la violencia machista.

Estas diferencias reflejan debates internos sobre temas como la prostitución, la agenda queer o la participación política, pero no cambian el objetivo común: visibilizar y erradicar la violencia de género.

Durante los últimos años se han intensificado estos ataques, propagando discursos de odio contra mujeres, jóvenes, inmigrantes y el colectivo LGTBI, mientras se normalizan prácticas como la prostitución o la pornografía, que se presentan como “libertad sexual” pero en realidad perpetúan la violencia patriarcal.

Por eso, salir a la calle no es solo simbólico: es una exigencia de derechos, justicia y seguridad. La movilización feminista del 25N demuestra que la fuerza del movimiento está en la organización colectiva, en visibilizar desigualdades y en resistir un sistema que no siempre protege a quienes más lo necesitan. Cada marcha, cada pancarta y cada voz recuerdan que la lucha por la igualdad y contra la violencia machista es urgente, necesaria y de largo plazo.

Este martes, en todas las ciudades del país, mujeres y colectivos feministas llenarán las calles. No es solo un acto de memoria, sino una declaración de futuro: el feminismo no se detiene ante obstáculos, críticas ni discursos que buscan dividirlo. Frente al machismo, la impunidad y los recortes, la respuesta sigue siendo la movilización, la organización y la visibilización.

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