
Elenco de Stranger Things en su última alfombra roja // Fuente: Netflix Tudum
Cuando Stranger Things se estrenó en 2016 fue un fenómeno muy inesperado, no habíamos visto una serie igual en mucho tiempo. Era una especie de carta de admiración y cariño a los años 80 con una historia que atrapaba. Ocho capítulos que se sentían redondos, buenos, nacidos del entusiasmo de los hermanos Duffer. Pero casi una década después, la pregunta que más se hacen los fans, e incluso los medios, es la misma: ¿sigue siendo esa serie que conquistó al público o se ha convertido en un producto más de la industria? La respuesta, por dolorosa que sea para muchos, está clara.
Yo a esto lo llamaría la espera eterna de los 8 capítulos. Entre temporadas ha habido parones de dos, casi tres años. Una espera tan larga que, cuando por fin llegan los episodios nuevos, uno se pregunta si realmente ha valido la pena. Sí, los creadores, Matt y Ross Duffer, dicen todo el rato que hay un nivel de producción muy alto, un guion que requiere tiempo y que los efectos especiales tan característicos no se hacen solos, pero a veces cuesta justificar una década de serie para lo que, en realidad, sigue siendo una historia de ocho o diez capítulos por temporada.
Mientras tanto, los niños que enamoraron al público dejaron de ser niños hace ya mucho. Y eso da una sensación extraña al ver la serie, porque estás viendo a los protagonistas con veinte y treinta años, interpretando a adolescentes de catorce y quince. No es culpa del reparto, ellos están creciendo y cambiar los actores no es una opción, pero sí se debe al ritmo de producción que ha ido alejándose cada vez más de la edad real de sus actores. El encanto que tenían las series antes era ver crecer a los personajes casi en tiempo real, como en Los Serrano o El Internado ha desaparecido.
Sin embargo, ese quizás es el problema que menos molesta a la audiencia, porque nada superará a lo de tener una temporada final partida en tres.
Ese afán de estirar el fenómeno se refleja también en la decisión de dividir la última temporada en tres partes: Cuatro capítulos el 26 de noviembre, tres más el 25 de diciembre, y el capítulo final el 31 de diciembre. Comercialmente, es algo impecable, ya que no solo se habla durante más tiempo de la serie y alarga las suscripciones a Netflix. Pero, realmente… poco que decir. Dividir la temporada no solo rompe el ritmo y crea una sensación de saturación, sino que es la prueba clara de que Netflix está exprimiendo al máximo uno de sus últimos grandes pilares, si no el último de todos… Por no hablar de la mala fecha que han elegido. Está muy bien que sea de lo último que se hable en 2025 y lo primero en 2026, pero, realmente, nadie podrá dedicarle un día centrado a la serie, como han buscado siempre.
Comparar la primera temporada con lo visto en avances de la última, casi parece hablar de dos series diferentes. El misterio, las bicicletas por Hawkins, el terror casi imperceptible que te cala hasta los huesos… ahora hacen batallas interdimensionales, poderes que nunca antes se habían dado siquiera a entender, criaturas sobreexplotadas y una trama que parece más obsesionada con superarse a sí misma que con cerrar la historia con coherencia.
Es normal que una serie evolucione, pero el salto de la temporada 1 a la 4 y 5 roza lo surrealista, dentro del propio surrealismo de la serie. Lo humilde, pero bien cuidado y pensado, acabó siendo algo que sobrepasaba sus propios límites y sentido. Y, en ese camino, Stranger Things perdió parte de esa alma original que la hacía única.
A esto se suma la creciente expansión del “universo Stranger Things”. La obra de teatro, centrada en la historia de Vecna, puede tener cierto sentido, porque da contexto del villano. Pero incluso ahí, la necesidad narrativa es discutible.
Sin embargo, la serie de animación, Stranger Things: cuentos del 85’, en cambio, deja claro que la prioridad ya no es contar la historia, sino mantener la marca en la que han convertido la serie. Aunque cuando una franquicia funciona, la tentación de explotarla es demasiado fuerte.

Spin off de Stranger Things // Imagen: Netflix
Entonces… ¿sigue siendo Stranger Things lo que era?
Como ocurre con muchas series que tienen mucho éxito, el dinero terminó ganando la batalla al cariño que impulsó a los hermanos Duffer a crearla. Y aun así, hay algo que ni Netflix ni los Duffer pueden destrozar con esta explotación del producto: el vínculo emocional que los fans han desarrollado con estos personajes. Porque, pese a todo, quienes llevan desde el principio viendo crecer a Eleven, Mike, Will, Lucas o Dustin seguirán ahí para ver cómo terminan. No por los efectos especiales, ni por la estrategia de marketing, ni por la ampliación del universo… sino por ellos. Por esos niños que una vez nos hicieron sentir que lo extraño, lo sobrenatural y lo puro podía nacer de un pueblo llamado Hawkins.








