Opinión: Cómo el color negro pasó de símbolo de luto a emblema de elegancia, poder y protesta

El color negro como símbolo de elegancia | Fuente: Pinterest
Durante siglos, el negro estuvo reservado para la pena, para las viudas que guardaban duelo durante meses o incluso años, especialmente en Europa y América. El luto era un código de conducta social que dictaba cómo y durante cuánto tiempo se debía llorar. Era un color impuesto.
El cambio comenzó cuando la diseñadora Coco Chanel decidió que el negro no pertenecía solo al luto. En 1926 lanzó el “little black dress“, un diseño aparentemente sencillo que escandalizó a la alta sociedad porque convertía un color asociado a la muerte en sinónimo de elegancia. Chanel entendió que el negro podía ser libertad.

Bocetos del little black dress de Chanel | Fuente: Classic Chicago magazine
Durante la etapa del impresionismo, movimiento artístico que se desarrolló en la segunda mitad del siglo XIX, principalmente en Francia, el negro no era ni siquiera considerado un color, debido a su rasgo de ausencia de luz. Por ello, incluso quedo prohibido su uso en las pinturas. Sin embargo, Van Gogh, considerado uno de los primeros pintores expresionistas (desarrolló su obra en las últimas décadas del siglo XIX), no compartía esta opinión y aunque no empleaba el negro en muchas de sus obras, sí que dejó claro en varias de sus cartas que no rechazaba el color. De hecho, lo utilizó en su etapa holandesa (1880–1885) y aunque lo redujo después, nunca lo prohibió.
A partir de ahí, el negro empezó a formar parte de los movimientos artísticos, intelectuales y contraculturales. Los existencialistas parisinos lo convirtieron en símbolo de pensamiento. Los punks lo transformaron en violencia estética. Los diseñadores japoneses como Rei Kawakubo lo adoptaron para desmantelar la idea de que la moda debía embellecer. Pero su fuerza definitiva llegó cuando las mujeres entraron en espacios de poder. Un traje negro de sastrería en los años 80 decía más que mil manifiestos feministas: una mujer podía ser ejecutiva, política o líder sin disfrazarse de masculinidad, simplemente vistiéndose del color que hasta entonces pertenecía al poder.
Esa relación entre negro y poder se intensificó en uno de los escenarios donde más se ha redefinido la moda contemporánea: las alfombras rojas. Durante los Globos de Oro de 2018, en plena eclosión del movimiento #MeToo, actrices, productoras y guionistas decidieron vestirse completamente de negro para denunciar los abusos y desigualdades estructurales de la industria. No era moda, era protesta. Mujeres como Meryl Streep, Viola Davis, Angelina Jolie, Saoirse Ronan y Emma Watson convirtieron el negro en un acto político.

Angelina Jolie en la alfombra roja de los Globos de Oro 2018 | Fuente: Blog de fans de Angelina Jolie

Emma Watson y Marai Lasari en los Globos de Oro | Fuente: Bekia
Desde entonces, el negro se ha usado en alfombras rojas con una conciencia distinta. Billie Eilish, vestida por Rick Owens o Gucci, lo elige como código de rechazo a la sexualización. Zendaya, en cambio, con sus innumerables apariciones en vestidos negros arquitectónicos, toma el color para transmitir elegancia.

Zendaya vestida de Valentino en los Emmys | Fuente: GTRES
Incluso en contextos políticos, el negro ha adquirido un papel importante. En 2020, tras el asesinato de George Floyd, numerosos activistas y figuras públicas usaron el color negro en premios, discursos y portadas para vincular la moda al duelo racial y la exigencia de justicia.
Hoy, el negro es, probablemente, el color más libre de todos. Puede significar ideas opuestas dependiendo de quién lo use y dónde. Puede ser uniforme minimalista o exceso gótico, luto o lujo, protesta o silencio. Puede servir para ocultar el cuerpo o para hacer que nadie pueda dejar de mirarlo. Las mujeres ya no visten de negro porque deben, lo hacen porque pueden.

Estudiante de tercero de Economía y Periodismo, interesada en moda y cultura. Apasionada por contar historias reales y dar voz a las personas.
Jefa de sección de moda.








