Opinión: La creación de un monstruo

La nueva película de Frankenstein del valorado Guillermo del Toro ofrece una experiencia única de un título clásico
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El 7 de noviembre se ha estrenado en Netflix la esperada película de Frankenstein, con Guillermo del Toro a la cabeza. El director mexicano ha decidido adaptar un clásico, un movimiento deseado por él, aunque con riesgos de no llegar a tener la aceptación del público.

La trama de este éxito mundial usa una diferente forma de contar la historia, la divide en dos puntos de vista, nos ponemos en la piel primero de Víctor Frankenstein y luego, nos convertimos en su creación. Lo que se cuenta de el creador va desde su infancia hasta la explosión del lugar dónde tenía encarcelado al “monstruo”.

Desde pequeño había tenido a un padre ausente, era cirujano. Su madre, un pilar vital en su vida, fallece en el parto de su hermano y culpa a su progenitor. Crece obsesionado con ser mejor cirujano que su padre y por eso empieza su ambición por crear y dar vida a un ser con partes de cuerpos de soldados de guerra. Cada vez más va perdiendo la cabeza, lo que llega a máximos niveles cuando consigue dar vida a su nuevo hijo. Sin darse cuenta empieza a comportarse como lo que siempre odió, como lo hizo su padre con él.

En la historia que se cuenta en la piel del monstruo, se empieza mostrando como evita ser quemado donde estaba encarcelado, a partir de ahí vive una serie de experiencias que lo hacen ir evolucionando en su humanidad. Tras el rechazo de su padre, llega el de otras personas hasta que encuentra a un hombre ciego que lo trata bien y le aprende a leer y a hablar. Con una muerte inesperada del señor mayor, emprende la búsqueda de su creador para que cree alguien igual que él y no vivir solo. Víctor sucumbe a la locura del todo y quiere matar a lo que creó. Al final él  muere casi en los brazos de su hijo, con el perdón en la boca.

El uso de las visiones es algo original, que ya lo había visto personalmente hace poco en una película que me gustó mucho como fue Weapons. Es una forma de ponerte en la piel del personaje y empatizar más con las situaciones que viven.

La película es la creación de un monstruo, y no me refiero al ser credo parte por parte, sino a Víctor con acto tras acto.  El hombre tuvo una juventud y un entorno tóxico, algo crucial para su desarrollo. Criado con la obsesión de ser mejor que su padre, se convierte en él o mucho peor. Mata al hombre que le dio el respaldo para llevar acabo su objetivo, acto siguiente rechaza al que debía ser el monstruo y lo intenta matar. Cuando el hipotético monstruo lo encuentra, lo vuelve a intentar matar y dispara a la prometida de su hermano, y por supuesto todas las muertes las culpó al ser. Lo estuvo persiguiendo mucho tiempo, Víctor al supuesto monstruo ¿Quién es el monstruo?

El reencuentro definitivo fue en un barco, con el cirujano a punto de morir y su obra delante de él hablándole. En esos últimos momentos el asesino se dio cuenta de todo lo malo que había realizado, le pidió perdón. Ahora es cuando el supuesto personaje que debería ser menos persona que el otro, realizó el acto más humano de toda la película, saber perdonar.

Lo que parecía que la película iba de que un hombre creaba a algo aterrador y peligroso, resultó ser un monstruo creando a una persona. El director supo poner sentimientos en esta obra, dando vida a la historia.

A destacar el reparto, con los protagonistas Oscar Isaac y Jacob Elordi, haciendo lo que se les pide en sus respectivos papeles. Odias al creador y vas empatizando con el monstruo. También, destacable Mia Goth que desarrolla dos personajes diferentes en la producción.

En cuanto lo que valoran algunos medios especializados, en Filmaffinity tiene un muy buen 7, teniendo en cuenta las notas dadas por el medio. Con 40 críticas profesionales y de ellas 40 son buenas. IMDb se le puntúa con un 7,6, todas estas notas resaltan el éxito que ha sido la película.

En conclusión, Guillermo del Toro se arriesgó eligiendo el reto de versionar un clásico, pero le dio su sello y ha calado en la sociedad. En su película se crea un monstruo y se crea una persona, con la escena final del perdón poniendo la guinda a lo que buscaba el galardonado director.

 

 

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