Opinión: El regreso de los vinilos, ¿nostalgia vintage?

El auge del coleccionismo de los vinilos/ Foto: Carla Castro
Es bien sabido que las modas son cíclicas. Esta tendencia de consumo creciente se ha podido comprobar en los últimos años en motivaciones como la ropa, el cine y, por supuesto, la música.
La sociedad actual presenta un ritmo de vida acelerado, motivado por la hiperproductividad que se manifiesta en el trabajo como en la vida social. Hacer una pausa genera una sensación de incomodidad, nerviosisimo o incluso culpabilidad, porque no estás haciendo nada productivo para cumplir tus objetivos. Y, ¿si dedicamos un momento del día para nosotros? Un gesto tan cotidiano y a la vez tan simple resulta complicado para la sociedad en la que vivimos.
Como reacción, las industrias culturales se han hecho eco de este problema y plantean una solución: el disfrute de la música como un ritual y no una forma de consumo digital. Por todo esto, considero que si el consumidor quiere crear un vínculo más profundo con la música podrá hacerlo a través de lo analógico, como los vinilos. Esto implica relegar a un segundo plano el consumo digital masivo que ofrecen las plataformas streaming como Spotify o Amazon Music.
El consumo analógico: una forma de vida
El vinilo se ha convertido en el formato por excelencia para escuchar música. Pero hasta llegar a este punto, se debe hacer un repaso por su trayectoria. El disco fonográfico representó un cambio social, pero sobre todo musical. En las década de 1950 y 1960, la llegada del LP como formato de larga duración, con una capacidad de 25 minutos de música, junto con la incursión de los equipos de alta fidelidad (Hi- Fi), permitió a los oyentes disfrutar de sistemas de audio de máxima calidad.
La revolución musical había llegado, y los artistas eran conscientes de esta nueva manera de hacer música. Tal fue su impacto que artistas como Elvis Presley, Los Beatles y Michael Jackson se adaptaron a este formato de éxito asegurado. Sin embargo, no todo iba a ser prosperidad: la incursión de los CD’s a mediados de los años 80 marcó un punto y aparte en la expansión de los vinilos. A finales de la década de los 2000, los vinilos vuelven con más determinación, motivados por un componente emocional: la nostalgia por lo vintage. La añoranza del pasado se convirtió en uno de los principales motivos para su revalorización.
Desde el punto de vista musical, se aprecia un sonido más auténtico. Para mi, escuchar un disco de vinilo es un ritual que no debería equipararse a los CD’s o a los formatos de consumo en streaming. La música, como placer auditivo que es, no debería digitalizarse. Algunas quehaceres deberían permanecer inmutables en el tiempo para evitar que se conviertan en experiencias efímeras.
La moda de lo analógico
El auge del coleccionismo presenta una clara conexión con los melómanos, es decir, los amantes de la música que desean pertenecer a este movimiento social y cultural. De igual manera, la difusión en redes sociales como Instagram o Tik Tok ofrece nuevas oportunidades para consumidores emergentes. En este perfil encajan jóvenes entre 18 y 35 años, quienes, motivados por la portada, las ediciones y su empaque de los vinilos, deciden comprarlos para formar parte de este fenómeno cultural.
En síntesis, considero que los vinilos han sabido adaptarse a los nuevos tiempos, manteniéndose como un formato de consumo tanto para los nostálgicos como para los nuevos consumidores.

Carla Castro Rojas es redactora en EUSA News, donde se especializa en la sección de cultura. Ha trabajado como creadora de contenidos en FilmAnd, centrada en el cine andaluz y su divulgación cultural. Entre sus aficiones destacan la música, la lectura y el cine.








