El misterio sin resolver de las momias de Utrera

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PACO CARO | Una de las capillas que se encontraban en el interior de las catacumbas.
PACO CARO | Una de las capillas que se encontraban en el interior de las catacumbas.
  • La parroquia de Santiago, y sus catacumbas, ya estaban situadas en la actual loma desde mediados del S.XIII
  • En los años 80 se enterró a la última persona en las catacumbas

LEYENDAS UTRERA | Las tres momias de la parroquia de Santiago

Dicen que el periodismo es vocación y que se lleva por dentro. Aquel día fue uno de los muchos en los que me di cuenta que era cierto. Se es periodista las 24 horas del día. El famoso ojo periodístico me dijo que aquí había una historia que contar. Y me puse manos a la obra para tratar de resolver el misterio. ¿Unas momias en un pueblo de la campiña sevillana?

Fue uno de esos días de los que poco se recuerda. La vida era vida. Aún no habían llegado a nuestros rostros esas mascarillas que tanto asfixian, e incordian, a nuestra vida cotidiana. No eran tiempos de confinamiento y las restricciones perimetrales por provincias no existían. Nos podíamos permitir el lujo de dar una vuelta por la campiña de la provincia de Sevilla. ¡Qué tiempos aquellos! Era impensable.

De repente, recibí una llamada de un amigo de los de toda la vida. El susodicho, natural de uno de los pueblos con más arte y con ese toque de osadía que los hace únicos. Lo que, a modo de expresar el adjetivo que define por excelencia a un utrerano diríamos que es “muy echado para adelante”. Esa llamada no pude cogerla a tiempo -como de costumbre-. En cambio, me saltó la notificación de whatsapp de mi conocido ‘Pepón’. “¿Qué pasa, tío? Vente esta tarde a Utrera y nos tomamos unas cervezas”, dijo él. A lo que le respondí con un afirmativo “venga” -nunca niego una cerveza-, añadiendo que “si me puedo llevar a alguien”. Él me contestó que “sin problema”. Cerré la pestaña de la red social y marqué un número. Inconscientemente -qué cosas del destino pues me iba a servir de gran ayuda de cara a lo que más tarde iba a acontecer en este municipio sevillano-. Ella es, actualmente, una periodista de manera oficial. Sin dar lugar a más dudas, hablo de Ana Carrasco. Amiga, antigua estudiante de EUSA y fiel compañera de investigaciones periodísticas acompañadas de unos refrigerios a altas horas de la noche. Con mucha confianza y, de manera muy decidida ante una más que supuesta afirmación a una propuesta, le dije que “a las diez te recojo”. “¿A dónde vamos?”, me preguntó con curiosidad y nerviosismo. “A Utrera”, le respondí.

Rápidamente emprendimos el camino por la carretera de Utrera. Una autovía que siempre permanecía a oscuras, lo que hacía del viaje un poco más inseguro pues prácticamente no se veía más allá de dos o tres metros, contando desde el asiento del conductor. Ambos estábamos obviando lo que nos deparaba. La historia que nos iban a contar sería una crónica de un descubrimiento relacionado con la muerte y el honor. Treinta minutos separaban a Sevilla de esta localidad sevillana. Nada más llegar nos encontramos con la zona azul, o lo que es lo mismo, aparcamientos de pago en un pueblo. La cosa pintaba mal pero al final conseguimos aparcar el coche no muy lejos del sitio donde nos esperaban. Llegamos a un bar de los de antes, con una gran puerta de madera que presentaba pequeñas grietas a lo largo de ella. Eran tantas las fisuras que conservaba la entrada de este local hostelero que ya te podías hacer a la idea de los años que tenía dicha puerta. En la terraza de esta peculiar y ambigua taberna se encontraban mis amigos. No sé cómo ni de qué forma acabamos hablando de algo que muy poca gente de Utrera sabía… o quiere hacer como que no lo saben. Un tema tabú por muchos años. Ese primer tema nos llevó a otro de los que pocos se atreven a indagar en él. Dos historias y un solo epicentro, la Parroquia de Santiago.

 PACO CARO | Entrada a las catacumbas

PACO CARO | Entrada a las catacumbas

Éramos unas 12 personas. Imposible en estos tiempos. En lugar de botellines o tercios de cervezas, litros. Los montaditos parecían bocadillos. En Utrera todo es a lo grande y el misterio no iba a ser menos. Entre los reunidos se encontraba Juan Luis Araujo, un historiador, escritor y colaborador de la televisión local de Utrera (Uvitel). En otras palabras, un colega al que conocía desde hace ya diez años. Y el encargado de narrarnos el misterio de las momias de la parroquia de Santiago de Utrera.

En un primer lugar, el joven utrerano destacó que su origen “es muy dudoso”. Nadie puede detallar cuándo se descubrieron exactamente las momias en la parroquia de Santiago. El historiador, dadas a sus investigaciones, puede comentar que “se cree, tras los testimonios de algunos hombres de dicha parroquia, que fue en una obra del siglo XVIII en la que intentan asentar la zona de las catacumbas. Cuando los obreros se disponían a picar una de las paredes para eliminar la humedad que ostentaba el interior del lugar, ésta se viene abajo y, con ella, las tres momias. Los cuerpos caen a los brazos de los hombres que se encontraban en faena”, abriendo así “un enorme misterio pues en ningún momento se aprecia que los cuerpos estén en el interior de ataúdes. Y tampoco disponían de una mera identificación”, sentencia.

Araujo refleja que “la única manera de que podamos ver de qué año son las momias y, por lo tanto, a qué época pertenecen e incluso a qué familia corresponden es por la prueba de Carbono 14”. El Carbono 14 es un isótopo radioactivo del carbono 12 que sirve para conocer el tiempo de antigüedad de una roca o fósil, del cual se obtiene una pequeña cantidad del material que se desea analizar pues todo material terrestre presenta una pequeña cantidad de C14. “Los cuerpos aparecen momificados de manera natural gracias a la humedad que presentaba aquel habitáculo”, explica el joven. “En el momento en que salieron a la luz el tema de las momias en las catacumbas, se convirtió en algo tabú. Todo el pueblo lo ocultaba. Alguien sabía que estaban allí y no convenía que se supiera lo que había pasado”, narra en base a suposiciones. “Luego volvió a salir el tema tras el fallecimiento de terceras personas”, finaliza.

Puede que el principal problema sea la imagen de cara a la sociedad en aquellos tiempos. La falta de documentación por parte del tema se debe a la severa ocultación de información por parte de los vecinos que residían en el pueblo en aquella época. El historiador insiste que “con la indocumentación de los cuerpos se puede fabular mucho pero información 100% cierta de ellos no se extrae”. Prosigue que “con los estudios históricos que tengo, antiguamente existían leyes en las que la iglesia católica no permitía enterrar a personas que se habían suicidado, no las podían enterraban en suelo santo. Esto puede ser un hándicap a la hora de que estas personas pudieran recibir un enterramiento digno. Se dice que pertenecían a familias adineradas. Que se supiera que esta clase de personas se hubieran quitado la vida estaba moral y socialmente mal visto, por lo tanto de ahí que estos cuerpos se enterraron sin identificación alguna”, detalla el hipotético por qué de la no identificación de las momias.

Utrera es un municipio sevillano caracterizado por poseer caminos y carreteras llanas dentro de su centro histórico y alrededores. Es un pueblo sin cuestas. La parroquia de Santiago se encuentra a las afueras del municipio sevillano, en lo alto de una loma. Hay otra parroquia al lado pero en una loma más baja. La de Santiago se sitúa a los pies de un castillo que servía de muralla contra el peligro musulman. “Es casi imposible definir de qué año es la parroquia de Santiago pero existen referencias históricas en libros del arzobispado y, también, en libros de historia, sobre todo en los de la Reconquista de la zona de Sevilla. En ellos se cuenta que Utrera era una zona repoblada. Por lo tanto posterior a 1253, aproximadamente. Estamos hablando que ya en el siglo XIII, la parroquia ya estaba ubicada en el mismo sitio en el que se encuentra hoy en día.

 PACO CARO | Catacumbas

PACO CARO | Catacumbas

Tanto la parroquia como las catacumbas pertenecen a Santiago. “Desde el siglo pasado no entierran a nadie”, afirma Juan Luis, “la última persona que se enterró fue en los años 80. Por conocidos he podido saber que ese último enterramiento no fue muy del gusto del párroco del momento”, añade. 

 

¿Dónde están las momias?

“Hoy en día las momias están colocadas nada más bajar a las catacumbas. En cambio, antiguamente las dejaban en una esquina para que nadie las viera porque estaban metidas al final del todo”, manifiesta Juan Luis.

 

¿Está abierto al público? 

“Ahora mismo la parroquia está en vías de aclimatación para la visita. Hay proyectos para que en un futuro estas catacumbas sean visitables todos los días del año”, informa el historiador. “Solo son visitables en el programa de verano que establece la parroquia con el Ayuntamiento de Utrera con el nombre de ‘Santiago Nocturno’ en las noches de verano entre junio y julio, en torno a las mismas fiestas de Santiago. La parroquia ofrece una visita nocturna bastante adecuada y curiosa. Se cobra un precio de entrada, unos 5 o 10 euros, y un guía se encarga de hacer un repaso de todas y cada una de las capillas que tiene, finalizando la visita con las catacumbas como aliciente de las famosas momias de Santiago. De las que mucha gente ha escuchado hablar pero muy pocos las han visto en persona”, asegura.

 

Parroquia de Santiago: pleitos parroquiales del año 1600

El historiador Juan Luis Araujo realizó con éxito una investigación para su TFG sobre uno de los temas más icónicos entre las parroquias de Utrera en el S.XVII. Nadie se había atrevido hablar con hechos e investigaciones del tema de los pleitos parroquiales del año 1600. Es un tema que muy pocos han querido hablar y los que han hablado lo han hecho con muchísimo cuidado. El joven historiador asegura que “en muchas de las guías turísticas de los años 90 y principios de siglo se hablan escasas dos líneas. Son los propios escritores los que lo dejan como si no quisieran abundar en el tema. Porque aunque sea un tema muy pasado deja entrever que es un tema que sigue levantando pasiones”.

El hermetismo en un pueblo de apenas 50.000 habitantes hace que el misterio siga vivo pero al mismo tiempo oculto. Y es que el secreto que escondían las momias tenía precisamente el mismo número de fisuras que la puerta de aquel ambiguo local en el que estábamos brindando para que esa incertidumbre que todos teníamos se aclarase lo antes posible.