Crónica de una muerte anunciada

Una vez más, no ha podido ser. España empezaba el mundial como una de las favoritas tras su victoria en el europeo del pasado año. Tenía, a priori, un grupo asequible con Macedonia, Japón, Baréin, Islandia, y Croacia como principal amenaza. Los primeros cuatro partidos, España los superó con certeza, dando la imagen que se separaba de la selección dirigida por Jordi Rivera, pero llegó Croacia y el último partido de la Primera Fase.

La selección balcánica se presentaba como principal rival para disputarle a España el primer puesto de grupo, y ante ellos, a “los hispanos” sólo les valía a ganar para tener una posición privilegiada en la “Main Round” que daba paso a semifinales. El partido España lo empezó dormida, atascada, como no se la había visto hasta entonces en el campeonato. España tenía ganas de revancha, ya que, Croacia había sido el verdugo de España en el mundial de Francia del 2017, donde los balcánicos dejaron fuera a los hispanos, en un partido gris del equipo de todos. Curiosamente, la historia volvía a repetirse, y España se complicaba el camino a las medallas.

En la segunda fase, España acabó encuadrada en el Grupo de Francia, Brasil y Alemania (que además juega en casa), así como Croacia y Islandia (clasificados en su mismo grupo). El primer desafío de España se presentaba el sábado pasado, la todopoderosa Francia de los Karabatic se volvía a colar en el camino hispano. El último precedente fue en el europeo pasado, donde los de Jordi Rivera, pasaron por encima a los galos, quienes venían con ganas de revancha. España volvió a empezar de gris y apagada, con muchos errores defensivos que el pivote francés, Ludovic Fabregas, supo aprovechar a la perfección. A España no el quedó más remedio que ir a arreones, encontrándose en todo momento por detrás en el marcador.

Al final de la primera parte, aún había esperanzas, puesto que España se colocaba dos goles abajo. Al empezar el segundo tiempo, España consiguió empatar el partido, con las espectaculares actuaciones del portero Arpad Sterbik y el extremo Ferrán Sulé, aunque una vez más, España se desconectó, lo que aprovechó Francia para matar el partido, hasta los últimos minutos donde España se vio con posibilidades, aunque no fue suficiente y los hispanos ya necesitaban un milagro para clasificarse. Hoy España se las veía con Brasil, siendo consciente de que todo lo que no fuera ganar nos dejaba fuera, y aún así podía no ser suficiente.

España cumplió su papel y arrasó a una Brasil que asustó en su partido contra Croacia, a quién derrotó. Una vez hechos los deberes, miradas se centraban en el Alemania – Croacia, donde se necesitaba un empate como primera condición para conseguir el milagro. Alemania, con solvencia y con una pizca de polémica, derrotó a Croacia por un sólo gol de diferencia, que pulverizaba cualquier esperanza y posibilidad de España de optar a medalla. Por delante un trámite contra Alemania, quien ya no se juega nada, y con los hispanos mirando al cuarto puesto que da acceso al preolímpico. El final más amargo que se podía esperar para el comienzo de un sueño, que jugando “al todo o nada”, acabó siendo la más negra pesadilla