Opinión: Negociar para evitar la ruina

En una situación tan al límite como la que vive España, se requieren unos presupuestos sensatos y consensuados para evitar la quiebra económica
Pablo Echenique. Fotografía | EFE (recuperado de Las Provincias)

No hay medida ni ley más importante para un gobierno que sus presupuestos. Sin unas cuentas propias para el soporte de las políticas económicas y sociales no se puede llevar a cabo un mandato consistente, coherente y acorde a las necesidades coyunturales del país.

En España, por la incompetencia de unos y la tozudez e insolidaridad de otros, llevamos desde 2018 con los números de Montoro; aquellos que aprobó el Gobierno de Rajoy apenas una semana antes de que fuera desalojado de la Moncloa. Es decir, que desde que Pedro Sánchez regenta el sillón presidencial, tanto con el Ejecutivo en solitario del PSOE como con la coalición con Podemos, no se ha configurado un presupuesto que haya contado con el respaldo mayoritario de la Cámara Baja.

Lo intentó Sánchez en solitario —mandó a la cárcel incluso a Pablo Iglesias, cuando aún ni siquiera llevaba cartera ministerial, para que los negociara con Junqueras—, pero fracasó, obligando a las primeras de las dos elecciones generales que se dieron en España en 2019.

Ahora, tras casi un año de mandato conjunto entre PSOE y Podemos, parece ser que, por fin, unas nuevas cuentas verán la luz; aunque aún faltan por resolver acuerdos con los principales socios del Gobierno y, si pueden, con otras fuerzas de la Oposición. Cierto es, eso sí, que luego tendrán que pasar el filtro de Bruselas, no muy partidaria de subir impuestos en la situación actual —como recuerda el propio Montoro en una entrevista concedida el domingo al diario El Mundo—.

Por el momento, al más que predecible apoyo del PNV —por algo gobiernan en compañía del PSOE en Euskadi y Navarra—, pueden sumarse los votos soberanistas de Esquerra Republicana —con los que están a punto de pactar la supresión del castellano como lengua vehicular en la educación—. Más complicado se antojan los votos de Junts per Catalunya —difícil contar para nada con ellos hasta que lleguen los indultos a “sus presos politics”—, aunque se encargue Iceta de hacer la campaña con su ya repetitivo “son buenos para España, pero sin duda también para Cataluña”.

Pero la madre del cordero no está en las fuerzas nacionalistas, aunque con ellos quizá pueda bastar aritméticamente, sino en la búsqueda de socios a nivel nacional para conseguir, como afirma Sánchez, unos “presupuestos progresistas y de país” para sofocar el tremendo impacto negativo que dejará el Covid.

En ese sentido, Ábalos invita al PP a tomar parte de ellos —serán “bienvenidos” si aceptan participar en su confección, según el ministro de Transporte, aliviado ahora que la Fiscalía no investigará su enigmático encuentro con Delcy—, aunque no se prevé que Casado esté por la labor de consensuar las cuentas con el Ejecutivo actual, sobre todo estando Podemos como uno de los actores principales para sus “políticas sociales” —la última, la Ley Trans—. A Vox, evidentemente, ni está ni se le invita para la negociación.

Por ello, sobre quién más se centran las miradas para el acuerdo presupuestario es en Ciudadanos. La formación liderada por Inés Arrimadas, de capa caída en las encuestas, se ha mostrado receptiva a entrar en el juego de los números gubernamentales, a cambio de la supresión de las subidas de ciertos impuestos —como el del diésel—; o lo que viene a ser lo mismo, que Podemos no tenga incidencia en ellos.

Sin embargo, parece que el partido naranja estará dispuesto a ceder en sus pretensiones con la excusa de facilitar un acuerdo, dada la situación actual. Es más, hasta se dejan humillar por Echenique. Curioso también que sea él el que se burle de Ciudadanos cuando, antes de formar parte Podemos, intentó entrar en “el partido del IBEX 35”, como ellos le llaman. ¿Despecho, quizá?

La situación económica en este país se aproxima a un límite casi dramático. El paro ha vuelto a aumentar en octubre y las previsiones del FMI para la recuperación en España no son muy halagüeñas, por mucho que presuma el Gobierno de la reciente recuperación del PIB —cuando una caída ha sido tan grande, hasta subir un escalón parece alcanzar el Everest—.

Por tanto, se hacen imprescindibles unos presupuestos lo más integrales posibles entre todas las fuerzas del arco parlamentario. Recurrir simplemente a incrementar aún más el gasto público, disparar aún más el déficit y subir aún más los impuestos, incluso aunque solo fuera a lo que Podemos llama “las grandes fortunas” —lo cual las espantaría de España—, no parece una estrategia muy adecuada para la oleada de empobrecimiento que se avecina. Más si cabe cuando casi todos de los gobiernos de nuestro entorno, incluidos socialdemócratas como Portugal, lo que están haciendo es aliviar la carga fiscal sobre la ciudadanía. Aquí hasta se niegan hipócritamente a bajar el IVA a las mascarillas.

En un país en el que la mayor parte del empleo corresponde a autónomos y pymes, consecuencia de la desindustrialización que ahora pagamos, no se puede crear una hipoteca tan inasumible cuando ya estamos de por sí en una deuda superior al 100% del PIB; es decir, produciendo menos de lo que se debe.

En un contexto como el actual, se requieren medidas económicas sensatas y transversales para la restauración de nuestro sistema económico. Aunque esto último será difícil si el interlocutor para negociarlas es Echenique.