Opinión: El laberinto de las redes sociales, ¿realidad o utopía digital?

La prohibición de las redes sociales a los menores de 16 años. Foto: Pixabay
Esta medida se alinea con la Ley de Servicios Digitales de la UE, cuyo objetivo es fomentar un espacio digital seguro mediante la regulación de plataformas y contenidos para proteger a los usuarios más vulnerables.
Desde tempranas edades, a menudo antes de cumplir los diez años, los padres regalan dispositivos móviles con la premisa de mantener a sus hijos protegidos en la calle. Sin embargo, la realidad es inversa: los mayores peligros de Internet se encuentran en la red que no está adaptada a los menores y que ofrece contenidos no aptos para su seguridad. Debido a su inexperiencia digital, los menores aún no cuentan con las herramientas críticas para identificar y enfrentar estas amenazas.
Los adultos también tienen algo que ver
A esto se le suma que la exposición temprana a las redes sociales como Instagram, Tik Tok y Youtube es, en muchos casos, fomentada de manera inconsciente por los propios adultos. A través del fenómeno del sharenting que promueve una exhibición constante de menores sin su consentimiento. Esto genera una huella digital prematura que conlleva riesgos, siendo el más inmediato la pérdida de privacidad.
Como consecuencia de esta situación, los peligros detectados son múltiples: desde el impacto negativo en la salud mental, hasta el ciberacoso y el acceso a contenidos violentos. Todo esto genera una espiral de malestar que afecta al desarrollo cognitivo y físico de los menores, algo difícil de evitar al menos sin una regulación legislativa. No obstante, la prohibición puede ser un arma de doble filo, ya que incita a los jóvenes a buscar alternativas menos ortodoxas, como Discord, para evadir los sistemas de verificación de edad.
El desafío del Gobierno
Dada esta situación, el Gobierno propone un paquete de cinco medidas legislativas que, pese a no contar aún con el respaldo del Congreso, ya ha generado confusión. El plan se centra en la responsabilidad de los directivos de las grandes plataformas digitales y en restringir el acceso de los menores mediante la verificación de edad. No obstante, la estrategia va más allá e incluye iniciativas como la tipificación penal de la manipulación de algoritmos y un sistema de rastreo diseñado para combatir la desinformación y la propagación de discursos de odio.
Ahora bien, a pesar de la predisposición gubernamental, resulta contradictorio que España desembolse cantidades millonarias anuales a través de la agenda España Digital 2026 para abastecer una infraestructura digital que termina favoreciendo a las grandes corporaciones tecnológicas. ¿ Es esto realmente ético?
El reto: la alfabetización digital
En última instancia, la educación digital no empieza en Internet, donde apenas hay regulación, sino en el hogar. Los padres son quienes deberían guiar a sus hijos, enseñándoles a navegar no solo entre los peligros, sino también entre los beneficios de pertenecer a una comunidad global. La prohibición nunca será la solución al problema; el diálogo es la única clave para solucionar este problema generacional. Las redes, bien gestionadas, deben ser espacios que promuevan la pluralidad de voces y el desarrollo de habilidades sociales.

Carla Castro Rojas es redactora en EUSA News, donde se especializa en la sección de cultura. Ha trabajado como creadora de contenidos en FilmAnd, centrada en el cine andaluz y su divulgación cultural. Entre sus aficiones destacan la música, la lectura y el cine.







