Sergio Sánchez: “No me gusta hablar del toreo como una profesión”

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Tenía tan solo nueve años cuando, de la mano de sus abuelos paternos, Sergio entró por primera vez a una plaza de toros para asistir al festival benéfico del Niño de Leganés en Badajoz. Aquella tarde, al ver torear al maestro Alejandro Talavante, algo cambió en él para siempre. No fue una decisión razonada ni un planteamiento profesional: simplemente sintió que debía hacer lo que acababa de ver. Desde entonces, el toreo dejó de ser una afición y pasó a convertirse en un destino.

Por eso ingresó en la Escuela Taurina de la Diputación de Badajoz, donde —asegura— vivió “una etapa muy bonita, llena de facilidades y de momentos que solo se valoran cuando ya no estás allí”. Echa de menos el día a día entre compañeros, los viajes interminables y aquella mezcla entre ilusión y aprendizaje que define los inicios de los novilleros. Su formación como alumno le llevó pronto a medirse en los certámenes para novilleros juveniles, donde descubrió la importancia de la rivalidad. “Hay que ganarlos para coger nombre de cara al debut con picadores”, recuerda. Si no se gana, al menos hay que dejar buenas sensaciones, porque el aficionado —dice— tiene memoria y sabe a quién seguir.

El 3 de marzo de 2023 llegó el día con el que había soñado desde niño: su debut con picadores en Olivenza. Lo describe como “uno de los días más bonitos e importantes” de su vida. Todo salió rodado y disfrutó la tarde de principio a fin. Sin embargo, aquel paso adelante también significó un cambio inesperado. Pasó de ser el novillero destacado de la escuela, con actividad constante, a no saber cuándo volvería a torear. Fue entonces cuando aprendió a ser paciente y a encontrar satisfacción en el propio entrenamiento.

Sergio Sánchez antes de entrar al ruedo | Sergio Sánchez vía Instagram

En 2024 su nombre empezó a sonar con fuerza en toda España tras proclamarse triunfador de la Liga Nacional de Novilladas. Para él fue una satisfacción enorme, porque ese título lo señalaba como el mejor novillero a nivel nacional y le abrió muchas puertas. “Solo con ese título la gente ya sabe quién eres”, afirma. A nivel artístico, siente que aquella final fue decisiva: se mostró tal y como es, sin artificios, y eso lo hizo destacar ante público y profesionales.

Ese triunfo tuvo consecuencias. En 2025 debutó en plazas de primera categoría, incluido el sueño de cualquier novillero: Las Ventas, en plena Feria de San Isidro. Aunque disfrutó la tarde, reconoce que no fue él mismo y que las cosas no salieron como esperaba. Aun así, destaca lo que siente al torear en plazas emblemáticas: orgullo y responsabilidad. “Son plazas en las que hay que estar anunciado, y cuando lo estás es por algo”, afirma.

La temporada también le puso a prueba en lo más duro. Durante las nocturnas de Madrid sufrió una cornada, un percance que, lejos de hundirlo, reforzó su compromiso. Aquel día, explica, necesitaba que ocurriera algo importante tras la decepción de San Isidro. Y, paradójicamente, terminó siendo una de las tardes más gratificantes de su carrera. Lleva asumido el riesgo desde pequeño y afronta estos momentos con serenidad. Aun así, reconoce que la clave para seguir adelante no es solo la preparación física o técnica, sino el estado mental. “Soy una persona transparente, y cuando no estoy bien anímicamente se me nota y me pasa factura”, confiesa.

Sergio Sánchez campeón de la Liga Nacional de Novilladas | Sergio Sánchez vía Instagram

En el horizonte tiene un objetivo claro: tomar la alternativa. Sueña con hacerlo en Badajoz, su plaza, rodeado de su gente. A largo plazo aspira a convertirse en un torero admirado y respetado. Entre sus referentes menciona a Antonio Chenel, quien ha empezado a influir mucho en su forma de entender el toreo, y a dos figuras que lo marcaron desde niño: José Tomás y Alejandro Talavante.

Mira el futuro de los novilleros con realismo, sabiendo que no todos tienen las mismas oportunidades, pero convencido de que a todos “les pasa el tren al menos una vez”. Depende de cada uno cogerlo o dejarlo ir. Defiende además que la afición está volviendo a apoyar a los jóvenes, y que la presencia creciente de público joven en las plazas es una señal muy positiva para el porvenir de la tauromaquia.

Cuando se le pregunta por una faena que lo represente, no sabe escoger una sola. A pesar de las pocas tardes que lleva, siente que ha podido expresarse en estilos distintos. Él se define como un torero puro, vertical y asentado. Antes de despedirse, comparte el consejo que más lo ha marcado y que, asegura, intenta aplicar todos los días: “En la vida y en el toro, de frente y por derecho. Quien no tiene que esconder, no tiene de qué temer.”

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