Roma como aula: la experiencia Erasmus de Álvaro en Comunicación

Álvaro, estudiante de Comunicación en Roma, cuenta cómo su Erasmus le está enseñando mucho más que teoría: entre clases, calles históricas y compañeros de todo el mundo, aprende a ver la comunicación y la vida desde otra perspectiva
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Fontana di Trevi, Roma. Fuente: Ana del Río.

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Álvaro lleva tres meses en Roma gracias a un Erasmus en la Universidad La Sapienza, donde estudia Comunicación. Para él, la ciudad no es solo un lugar para asistir a clase, sino un laboratorio de experiencias que cambian la forma de ver el mundo. “Todavía no me lo creo”, dice mientras enseña a través de la cámara de su móvil durante la videollamada la cúpula del Vaticano desde su residencia, con los ojos brillantes de emoción.

Eligió Roma porque quería “una ciudad grande, un poco caótica o por lo menos su tráfico, pero con mucho encanto”, y asegura que no se ha equivocado. La universidad le sorprendió desde el primer día. “Los profesores aquí no te están encima, pero esperan que tú te muevas, que busques las cosas y participes. Al principio pensaba que me iba a perder, pero luego le pillas el ritmo”, comenta. Además, las clases mezclan idiomas constantemente. “Hay días que no sabes si hablar italiano, inglés o español… parece que estamos en una ONU”, dice entre risas.

La vida diaria también tiene sus desafíos. El alquiler es caro y convivir con otros estudiantes exige organización. “Pagamos bastante, pero merece la pena. No es perfecto, pero la experiencia lo vale”, asegura. Sin embargo, disfruta de cada detalle de la rutina romana: los cafés rápidos en la barra, los paseos por calles llenas de historia y los planes improvisados con compañeros de todo el mundo. “He conocido gente de Francia, Grecia, Polonia, Argentina… y todos tienen formas distintas de ver la comunicación o las redes sociales. Las conversaciones son súper interesantes”, dice mientras recuerda algunas charlas largas que se han prolongado hasta la noche.

Roma también ha cambiado su manera de entender la Comunicación. “Ver manifestaciones estudiantiles, debates en la calle o hasta cómo se colocan los anuncios en los barrios te enseña mucho. Aquí todo parece un laboratorio, no solo la facultad”, explica. Cada rincón de la ciudad, desde los monumentos hasta los murales, se convierte en un ejemplo de cómo se cuentan historias.

Más allá de lo académico, Álvaro valora todo lo que está aprendiendo a nivel personal. “Roma te obliga a arreglártelas solo, a hablar otro idioma, a equivocarte sin miedo. Y sobre todo, a escuchar a gente muy distinta a ti. Para alguien que quiere dedicarse a la comunicación, eso vale más que cualquier clase”, dice con convicción.

También destaca la vida cultural y social. Museos, plazas donde se organizan conciertos, cafés y alguna que otra cerveza le han enseñado que la comunicación no está solo en los libros. “Ves cómo la gente interactúa, cómo se montan los eventos, cómo se comunica todo… y aprendes mucho solo fijandote en la gente”, comenta.

Álvaro asegura que este Erasmus ha cambiado su forma de relacionarse con el mundo y consigo mismo. “Creo que todos deberían vivir algo así al menos una vez. No solo aprendes sobre tu carrera, aprendes sobre ti mismo”, concluye con una sonrisa.

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