Los artistas callejeros hablan de su trabajo en la vía pública: “Se puede vivir de esto”

Cinco artistas han hablado a EUSA NEWS sobre sus diferentes disciplinas y de cómo logran ganarse la vida con ellas en la capital andaluza
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Bogdan Yamovy, artista callejero y uno de los protagonistas de este reportaje. FOTO: MARIO DEL RÍO

El arte está en todos los lados. Día a día paseamos por zonas inundadas de artistas callejeros que se ganan la vida en la vía pública. Con prisas o sin interés pasan cientos de personas a su lado que ignoran por momentos las muestras artísticas que desempeñan. Músicos, bailarines, cantantes, pintores o titiriteros son algunos de los artistas que alegran y dan vida a las principales calles de las ciudades. Pero, ¿cómo es realmente llevar esta disciplina a la calle y vivir de ella?

Bogdan Yamovy (51 años), es un pintor ucraniano que vino a España para darse cuenta de sus habilidades artísticas y porque era la única oportunidad para él de realizarse en esta profesión. “Llevo unos tres años pintando en la calle y aconsejo a todos los artistas principiantes que se inicien aquí, es una muy buena escuela”, anima a nuevos artistas callejeros.

Su arte está relacionado con la cultura de la ciudad, el flamenco y la tauromaquia, ya que su trabajo es vendido principalmente a los turistas que pasan frente a la Catedral de Sevilla aunque su pasión es el surrealismo. “Me gustaría poder exponer mis obras y abandonar la calle, este es mi sueño, como lo es para todo artista. Ese momento puede no haber llegado todavía, pero creo que definitivamente llegará”, ha declarado a EUSA NEWS.

Saliendo cuatro días de la semana a vender, Yamovy agradece a España, a los sevillanos y la ciudad la oportunidad que le han dado de realizarse como artista. “Poder vivir de esto depende de tus necesidades. Si quieres vivir modestamente lo puedes conseguir, pero si quieres ir ahorrando, entonces no”, zanja.

Verónica Murcia interpretando una canción frente a la Catedral de Sevilla. FOTO: MARIO DEL RÍO

Verónica Murcia (33 años), cantante en la Avenida de la Constitución en Sevilla, ha explicado su porqué de trabajar en la vía pública: “Elegí la calle porque me permite vivir de la música. Aquí al que le gusta lo que hago se para y te escucha. En un bar te tienen de fondo, ni te escuchan ni respetan. Siento que en la calle me valoran mucho más”. La artista ha mostrado su descontento con los espacios de ocio que no apuestan por la música en directo y se ha mostrado agradecida con aquellas personas que trabajan en la calle que un día conoció y la animaron a hacerlo.

Español, inglés, italiano, portugués, noruego y turco. Seis idiomas son en los que canta Murcia para sus espectadores que han conseguido, desde el primer día que se lanzó a la calle, que pueda vivir únicamente de ello. “Llevo tres años y medio y, de hecho, vivo bastante bien”, confiesa la cantante.

“He tenido problemas con la policía. Del 1 de octubre al 20 de diciembre de 2020, me avisaron que no podía estar aquí, que hacían la vista gorda con algunas personas pero que para mí no lo iban a hacer”, cuenta la artista. Un problema al que tuvo que buscar una pronta solución, sacarse una licencia para eventos efímeros. Aunque esto no la exime de que le hayan llamado la atención en más ocasiones. “Hay un vecino por esta zona que tiene mucho dinero y con una llamada suya a la policía ya intervienen. Se la tiene jugada a todos los artistas callejeros, hasta a los que pintan los cuadros que ya me dirás tú que ruido hacen”, relata.

Alan Magno junto a su grupo haciendo uno de sus shows. FOTO: MARIO DEL RÍO

Alan Magno (34 años), bailarín, ha trabajado en teatros viajando por otros países de Europa y por toda España.  En ese tiempo se ha dado cuenta de que a nivel profesional estar en un circo o en un teatro en la temporada de invierno está guay porque hace frio, pero la experiencia de la calle para él es lo mejor que puede existir.

“Saber que podía sacar dinero de mis actuaciones fue un proceso que descubrí a través de mis viajes, de conectar con otros artistas de diferentes culturas y disciplinas”, confiesa Magno. “Siento una satisfacción muy grata. Es muy especial sentir que de verdad la gente te apoya y aplaude tu trabajo. Te hace sentir feliz y tú lo trasmites al público”, explica.

Marta de Alfaro y Marcos Villar tocando una sinfonía. FOTO: MARIO DEL RÍO

Aunque no para todos es su modelo de vida. Marta de Alfaro (21 años) y Marcos Villar (22 años) son estudiantes del Conservatorio Superior de Música Manuel Castillo de Sevilla. Ambos tocan juntos para ganarse un dinero extra al lado de la entrada al Patio de Banderas del barrio Santa Cruz. Marta lo hace para poder viajar y Marcos para poder invertirlo en sus estudios y la manutención de sus instrumentos. “Son materiales caros. Un juego de cuerdas de un chelo te puede costar 130 euros. Son cosas que se desgastan”, comenta Villar.

“Los factores más importantes son el tiempo y sobre todo el repertorio que lleves. A la gente le gusta escuchar lo que conoce o lo que le suena similar a lo que suele escuchar”, explica la artista. Unos factores que también afectan a lo que puedan ganar ese día donde también entra en acción la época del año. “Intentamos salir todos los findes de semana. Solemos salir a dúo o en cuarteto. En grupo lo solemos hacer los viernes y cuando no se puede salimos en pareja y tiramos de nuestro repertorio”, cuenta el violonchelista.

Diferentes historias de grandes artistas callejeros que nos acercan y nos hacen valorar más su trabajo en la vía pública. “Se puede vivir de esto”, admiten todos ellos reconociendo que sin su público/clientes nada de esto sería posible. Una profesión que, sin duda, vuelven únicas las diferentes calles de las ciudades llenándolas de arte a raudales.