Opinión: Señores políticos, tomen ejemplo del pueblo y hagan su trabajo

Los políticos españoles siguen inflando la burbuja de la confrontación mientras en la calle la vida prosigue con normalidad general
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El panadero sigue levantándose para abrir a las 8 de la mañana. También cumplen con su responsabilidad el hostelero, el kiosquero, el albañil, el autónomo y la gran multitud de profesionales que componen el tejido productivo español. Igualmente, el niño va al colegio y el universitario continúa sus estudios. Todos ellos tienen, de hecho, una tarea principal: subsistir. A fin de cuentas, de algo tienen que vivir. Mientras el pueblo se busca el pan de cada día, la clase política española se alimenta de un clima de enfrentamiento cada vez más caldeado. Los mismos que seguirán cobrando su sueldo y acudiendo a mítines y reuniones -multitud de estos para llenar su agenda, lo cual no esconde otra cosa que la comodidad de la que gozan, destinados a gobernarnos- sobre alguna historia nueva a la que dar voz o cuento chino que sustente su discurso. En definitiva, algo que les dé de comer.

El enfrentamiento acontecido durante el debate electoral de la SER es intolerable. Desde luego, una amenaza mediante carta es un asunto serio. Igualmente lo es cualquier acto violento. Asuntos que merecen ante todo ser condenados y perseguidos. Pero hacer propaganda e identificar a un partido político y todos sus votantes con un hecho aislado es cruzar la frontera de la coherencia. Unos cuantos ‘buenos’ vienen colgándose medallas mientras asumen su papel de jueces del bien y el mal hacia aquel que no simpatiza con sus ideales. Se exige, bajo imperativo, que ustedes, políticos españoles, asuman la responsabilidad de sus actos y midan sus palabras. Las consecuencias de cada cosa que dicen se reflejan en la calle y no es del agrado de ningún ciudadano ver como dos vecinos suyos se enfrentan por asuntos políticos. Responsabilidad y decencia, las están perdiendo ustedes.

Aquel que esté dispuesto a llevar su sectarismo más allá de la palabra debe andarse con ojo. La facilidad con la que se emiten falacias y se utilizan palabras de la talla de “fascista” contra el adversario ha llevado a la campaña electoral de Madrid a tomar derroteros impropios de una democracia moderna. La desacreditación de la oposición política mediante cualquier medio, mentira, posverdad, bulo o blasfemia no puede ser el norte. Mientras unos pregonan aquello de “fascismo o democracia” y otros lo de “comunismo o libertad” este grupo de elegidos ahonda en la brecha imaginaria entre las dos Españas. Sin embargo, a pie de calle, más allá de la situación del último año, la vida transcurre con normalidad general. En los colegios, en los parques, en los bares, en el trabajo… la diversidad sigue encontrando cobijo. El Betis sigue teniendo aficionados de izquierdas y de derechas. En la afición del Barça conviven soberanistas e independentistas. El día que el público vuelva a llenar el Bernabéu, en sus gradas se sentaran ricos y pobres.

Tengan ustedes la decencia de poner las cosas en su sitio. De no sacar palabras de contexto. De no emitir juicios al aire como si el viento tomase el testigo de medir las consecuencias de lo que dicen. Siéntense y dialoguen. Lleguen a acuerdos y demuestren la voluntad política que se les presume en su cargo. Y, si en algún momento tienen dudas de como solucionar las cosas, váyanse a un parque o a una guardería a echar un ojo y tomen ejemplo. Allí el hijo del fontanero juega con el del abogado. A estos no les interesan sus conflictos. A los ciudadanos déjennos en paz, no estamos para peleas innecesarias. Respétense y respétennos. Sean ustedes bandera de la democracia y mantengan el respeto al que piensa diferente y no alimenten la lucha. España no está para guerras.

Hagan su trabajo y ocúpense de gobernar para todos los españoles y no para un sector. Su responsabilidad es mejorar la vida de los ciudadanos de la forma más idónea. Y para ello hay que ceder en los intereses propios y escuchar a otros con el fin de llegar a acuerdos. Y solo así se podrá crecer. España necesita, urgentemente, más responsabilidad y cooperación y menos malestar y confrontación. Basta ya de dardos, impera poner el foco en problemas reales y en el presente y el futuro de todos. Hago un inciso: los jóvenes también merecen ser escuchados. Sean prácticos y pragmáticos y dejen de tirarse piedras o de alimentar discursos improductivos. Encárguense de facilitar las cosas, la situación de España lo exige.