Opinión: El fútbol en otra onda

EL FÚTBOL QUE SE FUE
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Nuestro presente y probablemente el futuro vayan a quedar trastocados por la actuación de la pandemia del Covid-19 que está demoliendo todos los escenarios de nuestra vida cotidiana y obligando al mundo entero a readaptarse a este nuevo ‘modus vivendi’ que viene para quedarse durante un tiempo que se pronostica cada vez más largo.

Entre tanto, el deporte no es una parcela de la sociedad que se haya quedado fuera de ese oleaje de cambios; medidas de higiene de manos, estadios sin público en los que antes no se escuchaban a los jugadores por el rugir ensordecedor de la grada vibrando con su equipo, ahora nos acompañan las mascarillas y la distancia social por doquier han dibujado un fútbol diferente al que hay que sumar la irrupción de la tecnología, como por ejemplo, el VAR (videoarbitraje) de esta impronta tecnológica que a su vez suscita constantes debates en torno a su uso e interpretación de las decisiones arbitrales, tal es su incidencia en el funcionamiento regular del propio deporte, que podríamos pronosticar la Liga Santander (primera división española) sin la participación de VAR.

En este sentido, si tiramos de hemeroteca son numerosos los partidos en los que los que habido polémica en torno, no tanto al uso como tal, como a la interpretación de las imágenes (congeladas) que ofrece el VAR y que permiten al colegiado interpretar y tomar la decisión que crea oportuna, es ahí donde está el conflicto. Recientemente, el partido disputado en el Benito Villamarín entre Real Betis balompié y Real Sociedad que finalmente acabó con una demoledora derrota del conjunto verdiblanco 0-3, pero que más allá del resultado, la polémica llegó de la mano de dos jugadas bastante controvertidas por la decisión del colegiado Estrada Fernández, una de ellas fue un fuera de juego inexistente de Sanabria (delantero del conjunto verdiblanco) y un forcejeo de este mismo jugador que el colegiado juzgó como un agarrón mutuo entre el defensor y el delantero que las imágenes desmienten completamente al verse claramente como la camiseta del delantero acaba rota a causa del forcejeo cuando iba a rematar un centro medido desde la izquierda.

Este episodio es solo una muestra de las miles que se producen en las jornadas ligueras de todo el mundo, sin embargo, no hay que olvidar que la tecnología aplicada al deporte (fútbol en concreto) no acaba en el uso del VAR , de hecho últimamente se ha convertido en un nicho de mercado al alza y en constante crecimiento. En concreto, la industria del deporte se ha visto favorecida por el desarrollo de empresas como Global Sport Innovation Center (centro de Microsoft en Madrid, accesible y bien comunicado) dirigido  por Iris Córdoba (directora general del proyecto) abogada especialista en política pública y economía digital, además es considerada como una de las 100 mujeres líderes más influyentes de España según el ránking de la Revista “Mujeres y Cía”. En dicho proyecto  el ciudadano se convierte en usuario y tiene a su disposición la oportunidad de probar y descubrir lo último en tecnología deportiva con el objetivo de acercar la innovación tecnológica a un público más amplio y no situado a las afueras de las ciudades que es donde normalmente se sitúa. Esta nueva tecnología desarrolla entre otros productos; sensores que permiten regar al campo con una Tablet, escayola inteligente que favorece la recuperación tras una lesión, además, ayuda a detectar cuáles son los emprendimientos más novedosos en la industria del deporte y los ofrece a grandes empresas del sector.

Por una parte, este tipo de tecnologías favorecen el juego si contribuyen a la mejora del rendimiento y si esos datos obtenidos son empleados productivamente a la hora de definir nuevas estrategias y encontrar nuevos talentos, pero también tiene favorece desde mi punto de vista la desnaturalización del deporte (en concreto el fútbol). En el sentido de que ya no no se produce la imprevisibilidad del azar en el juego o el descubrimiento de talentos como Messi desde un campo de tierra desde Rosario (Argentina). Estas posibilidades se rompieron con la incursión también de las multinacionales como Nike que como otras empresas no les importa ni les interesa el deporte sino únicamente sacar un nuevo nicho de mercado en el que los equipos renuncian a su propia personalidad desde la elección de las equipaciones,  la política de fichajes (como ocurría en el FC Barcelona o el Atlétic club de Bilbao) o delegar en propietarios (empresarios) como Peter Lim cuyo fin ha sido enriquecerse a costa de desconstruir una entidad de tanto renombre para nuestra Liga como es el Valencia CF que se encuentra actualmente a la deriva tras el éxodo de símbolos como Dani Parejo.

Pero como este caso hay miles alrededor del mundo, confirmando que aquella afición que entraba nerviosa a su estadio ocupando su localidad y vitoreando al equipo hasta el pitido final será difícil de volver a ver por la pandemia del COVID-19 y por la incursión rupturista que pueden causar la tecnología matando la sorpresa propia de una jugada al límite o un error arbitral irrevocable que condena a un equipo al descenso o campeonato.