El Real Madrid barre al Unicaja en la final y les deja sin levantar la Copa en Casa

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Imagen obtenida de Diario As.es

El Real Madrid pasó por encima de un desconcertado Unicaja, conquistando su vigésimo octava Copa del Rey de Baloncesto.

El conjunto cajista llegaba a la final con la ilusión disparada después del buen campeonato copero que estaban realizando. Sufrieron en el primer partido la intensidad del tercer mejor equipo en liga, el Casademont Zaragoza, y con sufrimiento, consiguieron dejar a los maños en el camino. En semifinales, pasaron por encima del Morabank Andorra, que se había colado por primera vez en la historia en semifinales. Los de Luís Casimiro llegaban a la final del Martín Carpena -feudo cajista- con la esperanza de romper la “maldición del anfitrión” y  levantar por primera vez un título ante su gente, chute de ilusión que se podía observar en la “marea verde” -afición cajista-.

Por su parte, el Madrid llegaba lanzado tras dejar en el camino al Bilbao Basket, jugando un partido muy serio, y al Valencia Basket, al que también pasaron por encima.

La Final de Copa enfrentaba a dos estilos de hacer baloncesto diferentes y a dos sensaciones completamente opuestas. Por un lado estaba el Madrid, con la necesidad de conquistar el título copero tras dos años de sequía, siendo su eterno rival -el Barcelona- su verdugo. Por la otra estaba el Unicaja, dispuesto a hacer historia, en su casa y ante su gente.

El Madrid, mejor físicamente, rindió cuentas a un Unicaja superado por el partido al que se enfrentaba. A ritmo de un omnipotente Tavares y un estelar Campazzo, los blancos comenzaron a sacar ventaja en el marcador a un Unicaja irreconocible, perdido incluso en algunas fases del partido.

Cuando el cuadro de Luís Casimiro quiso despertar, ya era demasiado tarde. Dario Brizuela y Deon Thompson intentaron tirar de un equipo que iba a arreones y que era incapaz de encontrase. Cuando los malagueños consiguieron reducir la desventaja hasta los 15 puntos, el Madrid volvió a pisar el acelerador, y comandados por Llull y Carroll, finiquitaron el encuentro antes de acabar el tercer cuarto.

Con el último cuarto como trámite, el Madrid se limitó a divertirse sobre el parque, mientras el Unicaja intentaba reducir la humillación a la que los blancos le estaban sometiendo. La única nota positiva de los malagueños en el último cuarto fueron los gritos de apoyo de su afición, la “marea verde”, quién reconocía el buen papel de los cajistas en copa. Sin duda, si la “marea verde” no es la mejor afición de este país, poco le falta para serlo.

En Málaga volaban los sueños, como dice una estrofa del himno cajista. Sueños que en la jornada de domingo acabaron convirtiéndose en las peores pesadillas.