La boda real de Carlos V, más viva que nunca

Hace 500 años, el Real Alcázar de Sevilla fue escenario de un evento sin precedentes: el enlace entre Carlos V e Isabel de Portugal
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Hoy, como si de un Sábado Santo se tratase y coincidiendo con el Día de Andalucía, las calles se han vuelto a abarrotar. El buen tiempo ha bendecido una cita única: el desfile conmemorativo del V centenario de la entrada triunfal del matrimonio en la ciudad hispalense.

Aquel 11 de marzo de 1526, Carlos V e Isabel de Portugal contrajeron matrimonio y Sevilla se convirtió en testigo del profundo amor que se profesaban los monarcas. Aunque se trató de una unión política, el emperador quedó prendado de la belleza e inteligencia de Isabel desde su primer encuentro. Durante sus prolongadas ausencias, delegó en ella las labores del gobierno, demostrando su plena confianza en su esposa.

Tras la muerte de Isabel, él quedó profundamente afectado, guardó luto durante años y terminó retirándose al Monasterio de Yuste, donde pasó sus últimos días. Aunque las fechas de la celebración actual no coinciden exactamente con las del calendario histórico, la recreación honra los días previos al enlace, cuando el cortejo imperial se instaló en la ciudad.

La historia se repite: Carlos V vuelve a Sevilla después de 500 años

En estas vísperas de Pasión, los rincones de la ciudad se han impregnado del aroma a incienso y se engalanaron con gallardetes, colgaduras y flores conmemorativas con la Cruz de la Borgoña. El recorrido ha seguido el itinerario original, pasando por los arcos triunfales: desde el Arco de la Macarena pasando por San Isidoro, hasta alcanzar la Puerta de Campanillas de la Catedral y terminar en el Real Alcázar.

El público sevillano, cuya entrega nunca deja indiferente a nadie, ha sido el mejor aliado en esta representación. Los asistentes no solo disfrutaron de la entrada triunfal de los Reyes, sino que fueron testigos de un viaje en el tiempo, reviviendo la sociedad renacentista.

Una experiencia inmersiva: de la realeza al pueblo 

Durante tres horas, la puesta en escena devolvió vida a Isabel de Portugal a lomos de su caballo blanco, mientras que Carlos V cabalgaba con firmeza sobre su corcel negro. El despliegue contó con más de 120 participantes que recrearon el cortejo ante miles de asistentes, incluyendo músicos, bailarines y figurantes, junto a actores de la compañía del Teatro Clásico de Sevilla, el Tercio de Olivares y los Ministriles.

Los momentos más memorables de la jornada se vivieron entre fanfarrias, la primera, vibrante, anunciando la llegada imperial en el Arco de la Macarena; la segunda, solemne, sirviendo de despedida en la Puerta del León. En el marco del programa La Boda del emperador, el Real Alcázar ofreció el acceso gratuito a las estancias emblemáticas, como el Cenador de Carlos V y la capilla matrimonial.

La música renacentista, la indumentaria de época y los miles de claveles rojos transforman la ciudad en un escenario vivo del siglo XVI, tal como Sevilla lo hace hoy, rindiendo homenaje a su historia 500 años después.

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