El fenómeno de las Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM)

El estudio "Awareness during Resuscitation" concluyó que el 40% de los pacientes experimentaron algún tipo de conciencia durante la RCP.

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El objetivo de la ciencia es entender y explicar cómo funcionan las leyes fundamentales que rigen el universo y la medicina se centra en el estudiar y resolver los problemas asociados al cuerpo humano, ambas ciencias entienden al ser humano como un ser material, es decir, que está compuesto por procesos biológicos sin los cuales no sería posible su existencia. En resumen el ser humano y todo organismo vivo es finito y tiene una final, la muerte. Cualquier otra idea contraria a este principio significa estar en contra del método científico y directamente se asocia y encasilla dentro de la creencias filosóficas, espirituales o religiosas.

Sin embargo la comunidad científica se ha encontrado con un problema, las Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM) también llamadas estados alterados de la conciencia. Las Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM) son vivencias que algunos pacientes reportan en situaciones extremas ( paro cardiaco, paro respiratorio, shock hipovolémico extremo), principalmente cuando han sido diagnosticados con muerte clínica y posteriormente son reanimados mediante técnicas de resucitación.

Estas experiencias fueron inicialmente catalogadas como alucinaciones. A raíz de esto, muchos pacientes sienten temor al hablar de ellas, preocupados por ser considerados “locos” o por pensar que su experiencia se reducirá a una simple alucinación. Sin embargo, médicos y expertos han confirmado que las ECM no son alucinaciones, ya que estas últimas son ilógicas y carecen de coherencia entre sí.

Entre las principales características destacan varias vivencias comunes entre los pacientes. Muchos relatan la sensación de salir de su propio cuerpo y observar desde una perspectiva externa. También mencionan ver una luz brillante, acompañada por la presencia de entes luminosos que no son percibidos como hostiles. Además, experimentan una profunda calma y una sensación de amor y conexión con el universo. Los pacientes afirman que esta experiencia no es comparable con nada que hayan vivido en el mundo terrenal, ya que la sensación de paz es tan intensa y diferente que resulta indescriptible. La mayoría de ellos quedan profundamente marcados por esta vivencia y, en muchos casos, pasan el resto de sus vidas buscando maneras de recuperar esa paz y tranquilidad, recurriendo a prácticas como la meditación.

En el siglo XX comienza el interés científico por este tipo de fenómenos, aunque ya en el siglo XIX se reportaban casos. Sin embargo, estos informes no eran analizados ni estudiados de forma científica, ya que se asociaban con alucinaciones o creencias religiosas, por lo que no se les daba mayor importancia.

Fue en la década de 1960, con los avances y mejoras en las técnicas de reanimación, cuando más pacientes comenzaron a ser recuperados, lo que provocó un aumento significativo en el número de testimonios y experiencias reportadas. En 1975, Raymond Moody introdujo el concepto de Experiencia Cercana a la Muerte (ECM) con la publicación de su libro Vida después de la vida, donde recopiló más de 100 casos documentados sobre estas experiencias. Raymond Moody es considerado el padre de las ECM, gracias a su obra el análisis y estudio de estas experiencias adquirieron una dimensión a nivel internacional.

Uno de los mayores expertos en cuanto a la conciencia durante la reanimación y las ECM es el Dr. Sam Parnia, asistente de medicina de cuidados críticos en la Universidad Estatal de Nueva York, lidera el proyecto de investigación sobre resucitación y forma parte de la unidad de medicina pulmonar y cuidados críticos en la Universidad de Cornell, en Nueva York. Divide su tiempo entre hospitales del Reino Unido y Estados Unidos, donde también ejerce como profesor asistente en medicina de cuidados intensivos.

En 2023, se publicó el estudio “Awareness during Resuscitation”, liderado por Parnia. Contó con la participación de 40 médicos expertos en reanimación. El objetivo del estudio era comprobar si existía algún tipo de conciencia durante la reanimación en pacientes que estaban en muerte clínica. Para ello, se estudiaron 567 pacientes que sufrieron un paro cardíaco entre 25 hospitales de Estados Unidos y el Reino Unido, en un periodo comprendido entre 2017 y 2020.  El estudio determinó que el 40% de los pacientes reportaron experiencias conscientes durante la RCP, que incluyeron sensaciones sensoriales. Además, en algunos pacientes se observó que, hasta una hora después del paro cardíaco, algunos mostraron patrones de actividad cerebral considerados normales, incluyendo picos en ondas gamma, delta, theta, alfa y beta, asociadas con funciones mentales superiores.

 

Una de las claves de estas experiencias es comprender cómo funciona nuestro cerebro, que es donde supuestamente se genera la conciencia, para así poder avanzar y profundizar en estos conceptos. Para ello, se ha realizado una entrevista con el Dr. Damián Uroz Garelli, psicólogo y experto en neuropsicología. 

Desde el punto de vista de la neuropsicología, ¿Qué factores psicológicos o neurológicos podrían estar detrás de las ECM?

 

 

La representación mental. Básicamente, se trata de un estado alterado de conciencia. Los estados alterados de conciencia son muchos. Para los neurocientíficos, la mente es un proceso cerebral, un fenómeno que se genera a partir de una complejidad que no puedo precisar donde se encuentra. Todo actuando en su conjunto genera varios fenómenos: algunos relacionados con la memoria o lo que llamamos “inconsciente” y otros que son conscientes. La conciencia, funcionando, es lo que estamos haciendo ahora; siempre está influenciada por estímulos o representaciones inconscientes. Cuando yo me estoy durmiendo, la conciencia literalmente va a dejar de funcionar. La neurociencia válida casi todo lo que dice Freud, y todos los psicólogos sabemos que existe información de tipo inconsciente.

¿Y cuándo se da un estado alterado de conciencia?

Cuando me estoy despertando, porque es lo típico que suele ocurrir. Esto es lo que se conoce como alucinaciones hipnopómpicas o hipnagógicas. Por ejemplo, la parálisis del sueño es una alteración de la conciencia que se va activando. Pero ver ángeles o a una deidad es totalmente representativo, ya que el cerebro se forma a partir de todas las percepciones y, aparte, trabaja de forma autónoma. No veo solamente lo que fui percibiendo, sino que también genera lo que se llama la fantasía. No se suele hablar de los sueños como alucinaciones porque en ese estado la conciencia está ausente. Se habla de alucinaciones cuando, estando consciente, veo, por ejemplo, a un hombre sentado. Y las ilusiones se producen cuando percibo algo y le doy una deformación.

En muchas experiencias cercanas a la muerte, los pacientes no solo describen la experiencia en sí, sino que afirman haber sido plenamente conscientes durante todo el episodio, a pesar de estar clínicamente muertos con electroencefalograma plano, electrocardiograma plano y sin ningún signo vital. Esto significa que no hay actividad eléctrica en el cerebro y, por tanto, no se puede generar conciencia. No existe. ¿Cómo puede alguien recordar algo? ¿Cómo puede decir “he vivido algo”?

 

¿Qué se considera estar muerto? No es tan fácil definir si alguien está muerto o vivo. Lo que se toma para decir que alguien está muerto es la función de dos órganos. En realidad, no hay función eléctrica en esos dos órganos, pero el organismo tiene muchos otros, por lo que no determina la muerte absoluta de todo el organismo, de lo contrario no existiría, por ejemplo, la donación de órganos. Cuando se habla de muerte, muchas veces se alude a la funcionalidad del organismo como un todo, pero eso no quiere decir que todo haya dejado de funcionar de manera sincronizada y se haya detenido.

 

¿Cuánto tiempo puede estar un paciente muerto y posteriormente ser reanimado?

No lo sé con exactitud, pero según algunas experiencias, es cuestión de minutos. He oído que hay casos en investigaciones no éticas en los que se extiende un poco más, pero en todos los casos que he visto, tanto de resucitación como de estas experiencias, son cuestión de minutos. Existe una hipótesis que reduce las experiencias cercanas a la muerte a factores como la anoxia cerebral, alucinaciones, estados disociativos, psicosis e incluso efectos de ciertas drogas o sustancias clínicas.

¿Crees que las explicaciones sobre estos fenómenos son suficientes o dejan fuera otros elementos importantes?

En ciencia, nada es suficiente, porque si no, entraríamos en una espiral en la que explicamos todo de dónde venimos, qué hacemos y a dónde vamos, lo que se conoce como religión o mística. En ciencia nada está cerrado.

¿En qué se diferencia la muerte clínica y la muerte cerebral?

En la muerte cerebral, todo funciona excepto el cerebro; la persona sigue recibiendo suero, nutrientes y el corazón sigue latiendo. Además, ya no hay posibilidades de experiencia, porque la persona no vuelve a despertar. Es como si estuviera viviendo solo como organismo, y la personalidad no está presente, no hay nada. En el coma, no hay persona en el sentido pleno, la persona queda guardada hasta que, si llega a despertar, pero mientras tanto no hay presencia de lo que llamamos persona.

¿Se pueden inducir experiencias similares a una ECM mediante estimulación cerebral, meditación o el uso de sustancias?

Lo que pasa es que la experiencia cercana a la muerte se denomina así porque, en realidad, una persona está “muerta” por un breve lapso de dos o tres minutos y se considera que, en ese tiempo, nunca se “murió” en sentido total, ya que morir se concibe como la irreversibilidad. La condición principal es que se haya tenido esa muerte clínica.

Se han realizado estudios con resonancia magnética funcional para explorar zonas blandas del cerebro en personas que han sufrido una ECM, lo que permite observar qué partes del cerebro entran en actividad en un momento específico. Al contar el paciente su experiencia se activaron tres áreas en específico: el lóbulo frontal, los lóbulos temporales y el lóbulo occipital.

En realidad, el cerebro funciona de forma paralela y distribuida, pues de lo contrario volveríamos a la frenología, en la que se ubican las emociones en zonas fijas. Yo diría que es un híbrido, ya que no es localizacionista en sentido estricto, aunque sí existen estructuras cerebrales que concentran mayor funcionalidad. Eso, sin embargo, no implica que al extraer esa estructura se pierda la función, ya que la neuroplasticidad permite que otras partes del cerebro asuman esas funciones. No hay un lugar central en el cerebro que sea la emoción o la visión, sino que se trata de un proceso complejo, en el que intervienen múltiples áreas, como la occipital.

Hace mucho hablé de este tema con un bioingeniero que trabaja con aparatos de neuroimagen. Básicamente, explicó que se introduce un elemento radioactivo que se adhiere a la glucosa en el cerebro. Esa glucosa, al moverse, brilla gracias a este activo radioactivo, y a partir de ahí se hacen interpretaciones, por ejemplo, si se concentra más en una zona que en otra.

¿Qué tipo de investigación considera necesaria?

Primero, hay que investigar. En definitiva, el único material de estudio que hay es el relato de la persona.

También es fundamental contar con la opinión de personal que haya estado mano a mano con pacientes en situaciones críticas, Catalina Sánchez trabajaba en el Hospital 12 de Octubre de Madrid como Técnico de Enfermería. Por lo que ha tenido experiencia en el trato con pacientes en los últimos momentos de sus vidas. Aunque ahora trabaja en otro centro, durante su tiempo en el 12 de Octubre estuvo más expuesta a este tipo de situaciones, lo que le permitió observar el comportamiento de los pacientes en situaciones muy graves.

¿Qué comportamientos son comunes en pacientes que están cerca de la muerte?

Mira, uno de los comportamientos que más suelo ver, especialmente en pacientes mayores, es que tienden a llamar a sus padres o figuras parentales cercanas. Creo que esto está relacionado con esa fuerte conexión emocional que tenían con ellos en su vida.

Y luego, muchos pacientes pasan por lo que se llama “mejoría de la muerte”. Este fenómeno no significa que se recuperen o se levanten, sino que muestran una mejora momentánea, como el intento de comer o hablar. Sin embargo, esto suele durar poco y finalmente fallecen.

¿Catalina, qué casos te han llamado especialmente la atención?

Recuerdo un caso de la pandemia de COVID-19 que me dejó bastante sorprendida. Era una paciente que estaba en estado crítico, a quien se le había administrado la extrema unción. De repente, experimentó una mejora inesperada y, después de eso, fue dada de alta, a pesar de que su pronóstico era bastante grave. Este tipo de casos tan sorprendentes me hacen pensar a veces que cada uno tenemos nuestro momento y hora, porque de verdad, la recuperación de algunos pacientes es increíble desde un punto de vista clínico.

Y también está el caso de Gimena, otra paciente de COVID-19. Aunque no hablaba con nadie, cuando digo nadie es nadie, solo hablaba conmigo. Para el conjunto de profesionales que la cuidábamos era bastante complicado, ya que no decía nada al resto. Cuando había que hacerle algún tratamiento o cuidado, el médico jefe me pedía que estuviera presente para poder hacer nuestro trabajo más eficaz. Durante nuestras conversaciones, compartió detalles íntimos de su vida, como que había trabajado como médica en los Países Bajos.

¿Te has encontrado con algún testimonio de un paciente grave que te haya extrañado?

Sí, la verdad es que muchos de los pacientes que se encuentran críticos o en la etapa final me han contado experiencias muy curiosas. La mayoría describe una sensación de paz y tranquilidad. Algunos hablan de haber visto una luz, o como te comentaba antes, también llaman a sus padres. Pero los casos más recurrentes, por lo menos en mi hospital, eran en la planta de oncología. Es en esta misma planta donde se suelen dar los casos más graves. Alguna vez ha salido este tema de conversación entre compañeros y han llegado a contar que hay pacientes que narraban experiencias extracorpórea, suelen ser pacientes muy graves.

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