El Sevilla avanza en la Copa con una sufrida victoria por la mínima en Almendralejo

Los de Almeyda lo pasaron mal en muchos tramos del partido, donde se vieron superados por su rival. Unos 4.000 seguidores blanquirrojos estuvieron presente.
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El Francisco de la Hera vivió una de esas noches que explican por qué la Copa del Rey sigue teniendo un alma propia. 11.500 espectadores, de ellos más de 4.000 sevillistas tiñendo de blanco y rojo la grada norte, homenajearon emocionados aCurro Reyes, padre de José Antonio Reyes, levantando entre lágrimas las camisetas de Sevilla y Extremadura. El estadio entero, en pie, recordó al futbolista que unió a ambos clubes.

Matías Almeyda movió el once con suplentes, regresos y pruebas tácticas. La más llamativa: Isaac Romero arrancando desde la derecha, como en el derbi que acabó con su expulsión. La vuelta de Joan Jordán, 572 días después, era el foco emotivo, pero también el primer susto: un error suyo propició el primer aviso extremeño y obligó a Nyland a intervenir en dos ocasiones.

El Sevilla dominaba el balón pero sin claridad ni ritmo, previsible, lento y a merced de un Extremadura ordenado. Hasta que apareció la banda izquierda: Oso abriendo una autopista por su costado.

En el 31’, un pase profundo suyo encontró a Alfon, que definió a trompicones: primer disparo, rechace, segundo toque y gol. Siete minutos después, de nuevo Oso y Agoumé para activar a Isaac, que firmó un gol de delantero puro, un pase a la red con calma y precisión. Cero a dos y sensación de control, más por pegada que por juego.

Zarfino ponía emoción a la segunda parte

El descanso no sentó bien al Sevilla, pero sí al Extremadura. En el 48’, Manchón dejó atrás a Gudelj, centró y Zarfino, entrando entre centrales, fusiló de cabeza para anotar y dejar al estadio rugiendo y al Sevilla temblando.

A partir de ahí, volvía la peor versión nervionense: equipo blando, desordenado, sin control emocional, superado por un Segunda RFEF crecido. Diego Díaz tuvo el empate tras una arrancada monumental y Peral rozó el empate en un córner. Los centrales sevillistas, desconectados; el centro del campo, partido; Oso, desaparecido. El pánico apareció.

El Sevilla solo respiró porque Nyland decidió convertirse en santo. Paró un tiro de Zarfino que tenía olor a gol, sujetó balones envenenados y sostuvo al equipo.

Almeyda metió a Ejuke, Sow y cargó de titulares el campo, pero el Sevilla siguió sin imponerse. Isaac estuvo a punto de sentenciar con una vaselina que se estrelló en el larguero, y Alfon también tuvo el tercero antes de ser sustituido. Pero el guion era claro: los últimos minutos serían un asedio extremeño.

Y así fue. Centros, balones largos, agonía, nervios. Pero la defensa, con más corazón que orden, resistió como pudo hasta que Alberola Rojas decretó el final. El respiro se celebró como una liberación y el Sevilla estará en la próxima ronda del Torneo del KO.

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