Jarocho: “Por lo que me levanto a entrenar es por torear algún día como sueño”

Quien fuera uno de los novilleros más interesantes del panorama taurino afronta ahora sus primeros años como matador de toros

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Sentado con la dehesa por delante. Un vino y una conversación con Alipio Pérez Tabernero hasta que el teléfono irrumpe en el paisaje y la voz de un servidor se suma a ese momento. Jarocho, un novillero burgalés que ha entrado en lo más profundo del corazón de la afición de Madrid, se encuentra refugiado en las preocupaciones diarias de quien quiere serlo. Todo se enfoca a mejorar, mejorar y seguir mejorando… pero en torero siempre. Su edad no es impedimento para que deje ese aroma añejo que en pocos del escalafón se ve. Todo lo que le inquieta contiene un idioma nítido y claro: la verdad y la torería. Expresa con la palabra su propio toreo y eso ya es un logro en los tiempos que corren. ¿Tendrá paciencia el toreo con él?

¿Hay algo en esta vida que torear o ver torear bien?

-No. Creo que tanto disfrutar toreando como disfrutar viendo torear es lo más bonito que hay en la vida. Sin eso no merecería la pena ser torero.

Y tú, ¿toreaste bien aquel 21 de mayo en Las Ventas?

-Si te digo la verdad, no sé si toreé bien o toreé mal. Toreé como siento. Y me emocioné toreando y la gente se emocionó también. Hubo pasión en la faena.

¿Ese es Roberto Martín Jarocho, el que vimos en Madrid?

-Por momentos sí, habiendo muchas cosas que pulir, muchos matices. Por momentos pude mostrarme tal y como soy.

Madrid ese día se despojó de todo lo que se le suele “pedir” a un torero para salir por la puerta grande. ¿Qué te enseñó esa tarde?

-Que cuando las cosas se hacen con sentimiento y pasión, no hace falta ni pegar muchos muletazos ni intentar hacer cosas que no sientes. Ser tú mismo en un pequeño periodo de tiempo disfrutando al máximo. Los días de antes era el miedo que más tenía, no ser yo mismo.

¿Cómo digieres ese miedo?

-Sobre todo toreando de salón. Me gusta mucho. La única forma de quitar ese miedo era confiar en mí. Adentrarme en mi sentimiento y en la soledad del toreo de salón.

Me ha interesado siempre un aspecto especial de los toreros, y es que hacéis cosas y tocáis la gloria de una forma que resulta inalcanzable para el simple mortal, para el ciudadano “corriente” si se puede decir así. Por muchas razones, no tenemos la posibilidad de cuajar un toro en plazas tan bonitas. ¿Tenéis vosotros esa sensación? ¿La tenéis presente en el día a día?

-En parte sí. Yo creo que los toreros alcanzamos ese punto porque en el toreo todo lo que se hace es de verdad. La muerte siempre está presente y el toro cuando coge, coge de verdad. De ahí que cuando surgen cosas bonitas se valoren mucho más. Que la gente que lo está viendo piense que no es capaz de hacerlo. Muchas veces, como espectador, he tenido esa sensación. Ver a alguien torear tan bien y tan despacio a un toro y desde arriba pensar si soy capaz de hacer eso. Ahí entra también la diferencia entre el torero y la persona.

¿De quien te acordaste mientras atravesabas el umbral de la puerta grande de Las Ventas?

-Sobre todo de mi abuelo. Es el culpable de que yo fuera torero. Acudí a los primeros festejos de su mano, a los sorteos también. Recuerdo que los toreros se vestían, cuando iban a torear por la zona de mi pueblo, en la finca familiar. Me acercaba a ver los vestidos de torear y era algo que me llamaba mucho la atención. Me daba un respeto tremendo. Fue quien me fue metiendo en la profesión. Veíamos toros en el salón, me ponía vídeos, me decía cómo era el toro de su época. Llenaba todo lo que decía. 

Soy partidario de que los triunfos no son las orejas, sino que quede en la retina de los aficionados. Que la gente se siga acordando con el paso del tiempo

Jarocho, toreando de capa en su confirmación | Las Ventas

A todos os obsesiona algo mientras toreáis.

-A mí el no ser yo mismo. Por diversos motivos, salirme de lo que me llena. También no estar a la altura de ciertos novillos y de ciertas tardes.

Muchos tenemos el pensamiento de que las dos grandes plazas de primera -Sevilla y Madrid- ya sólo repercuten en la carrera de un torero cuando el triunfo es histórico y de una dimensión inenarrable, como por ejemplo el de Aguado en la Maestranza. Desvío más la pregunta hacia Madrid, que es la que has pisado. ¿Cuánto de real hay en esa afirmación? ¿A tí te ha cambiado la vida el triunfo de San Isidro?

-Soy partidario de que los triunfos no son las orejas, sino que quede en la retina de los aficionados. Que la gente se siga acordando con el paso del tiempo. Seguramente las cuatro orejas del maestro Aguado si no hubieran tenido esa personalidad y ese sello, no seguiríamos hablando de ellas. Fundamental el sello, el sello es súper importante. 

¿Ser figura? ¿Batir récords? ¿Torear como nadie torea? ¿Qué quiere Jarocho?

-Por lo que me levanto a entrenar es por torear algún día como sueño. Que con el paso del tiempo se hable de mi toreo y poder ser un espejo para los que empiezan. Dejar mi huella y que se vea algo diferente a los demás.

Has hablado de quedarte parado antes de empezar la entrevista. La historia reciente me lleva a pensar en este tema. Ojalá no ocurra, pero está ahí. ¿Cuánto piensas en el banquillo tras tu paso al escalafón mayor?

-Lo piensas y lo tienes asumido sin darle mucha más importancia. Si nos preocupamos en lo que podría pasar no se podría ni vivir porque vivirás amargado continuamente. Cada día que tenemos la oportunidad de disfrutar es un regalo. De nada sirve mirar lo que puede pasar sin disfrutar del presente. Entonces, para bien o para mal, lo que pase, vendrá. Lo fundamental es no aburrirse y creer en uno mismo. En cualquier lado llega esa oportunidad.

Puede que estemos, en estos momentos, en la sociedad de los excesos. ¿Cómo ve un novillero el tipo de utrero tan sumamente exagerado que se lidia en ciertas plazas? Entiendo que existirá un punto medio.

-Pienso que sí. Creo que sería lo que deberíamos buscar. El tipo de novillo con la seriedad y el trapío para los novilleros, porque sí es verdad que las novilladas son excesivamente fuertes. Esto hace que la evolución de los toreros sea más lenta. Buscar un término medio para que los novilleros podamos hacernos. Realmente, si te pones a pensar en las novilladas de septiembre, son prácticamente corridas de toros. Vivimos en un tiempo así y nos tenemos que adaptar. No somos quién para decir cómo tienen que ser las novilladas pero sí sería bueno darle una vuelta y pensar más en los novilleros. Somos el futuro y para que salgan figuras del toreo tienen que haber novilleros dándole oportunidad para rodarse.

Suerte para todo, torero.

-Muchas gracias Ignacio.

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