El Hospital de la Caridad en el Bellas Artes: Un regalo mayúsculo

Museo de Bellas Artes de Sevilla | Exposición temporal de la Caridad
Cuando uno entra en el universo artístico de calado inconmensurable que es la Caridad, pierde su vista en las paredes, techos y demás rincones; pero la pierde con la imposibilidad de la distancia, con el cuello agarrotado en un movimiento elevado y así poder admirar las perlas que Valdés Leal o Murillo dejaron en el lugar donde Mañara creció. Gracias al mantenimiento de la joya que hay en el Arenal, ahora le Museo de Bellas Artes muestra en plena cercanía cada tesoro que reside y cuelga de las paredes de tan magnificente iglesia.
Los Jeroglíficos de las Postrimerías abren este universo apagado y lúgubre que se vislumbra cuando se entra en la sala de las exposiciones temporales. La muerte se abre paso en una vida que agoniza y llegando por igual a cualquier mortal. Esta queda escenificada en dos obras monumentales: In ictu oculi y Finis gloriae mundi. Valdés, que ingresó como hermano de la Caridad en agosto de 1667, hiela la sangre con la muerte pisando el globo terráqueo en el primer cuadro y aterra con los gusanos en el rostro del papa fallecido en el segundo. La muerte llega antes del instante en que la persona será sometida a juicio por sus acciones, ya sean virtuosas o viciosas, y recibirá recompensa o castigo en consecuencia.
Murillo nos abre su mundo de dulzura superior conforme se avanza en la sala. Los contraluces artificiales dan una perspectiva ciertamente curiosa de cada obra. La vanguardia en su época. El detalle en la lejanía y la simpleza en la cercanía. Santa Isabel de Hungría curando a los tiñosos es un canto al peso de Mañara en la Caridad. La tremenda humildad de una Santa en una doble escena de perfecta armonía. La obra de mayor gusto para este juntaletras que sigue aprendiendo de este precioso mundo, cae en San Juan de Dios transportando a un enfermo. El hermano que borra a la soledad para ayudar. Una pintura excepcional. Extraordinaria. Con La multiplicación de los panes y los peces y Moisés y la roca de Horeb se podría quedar uno hasta la hora de cierre del museo, pero en el camino hacia el final de esta estancia del mismo, la enigmática así como enternecedora mirada de San Juanito nos detiene en seco.
Pedro Roldán se desnuda artísticamente con el Santo Cristo de la Caridad en la pared que nos da la espalda cuando ingresamos en el tramo final de la exposición. El dramatismo, aunado en la figura arrodillada de cristo, pide el rezo, reclama el culto a Dios. Es, sin duda, una de las obras más expresivas del gran imaginero sevillano. Completas, sin lugar a dudas, las otras obras suyas que se exponen. San Roque y San Jorge acompañan en el fondo lo anticipado por dos excepcionales ángeles de su nieto, de Duque Cornejo.

Amante empedernido del periodismo, me encuentro en una fase de apasionante aprendizaje en la universidad. En cuanto a gustos, la tauromaquia, el mundo del motor y las cofradías son mis favoritos.








