Opinión: Hay que saber respetar el arte

Las calles de Sevilla se han inundado de críticas, pero la realidad es que la gente no entiende el arte o no quieren ser conscientes de lo que representa en ese cartel la camiseta del Betis
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La presentación del cartel de los Reyes Magos de Sevilla 2026 ha vuelto a demostrar que, en esta ciudad, cualquier símbolo puede convertirse en un campo de batalla sentimental. Esta vez el motivo del delito ha sido la presencia de una camiseta del Real Betis en la obra del artista, un detalle que para algunos es una provocación y para otros, una caricia emocional que conecta la festividad con una de las identidades más profundas de la ciudad.

Pero conviene recordar algo esencial: el arte no es un trámite administrativo, es una expresión personal. Y si el artista siente que parte de su universo emocional pasa por el Betis —o por cualquier otro elemento cultural— tiene todo el derecho a incorporarlo. De hecho, es precisamente ahí donde reside la grandeza del arte: en su capacidad de traducir sentimientos propios en imágenes compartidas.

Los carteles festivos no son fotografías objetivas, sino interpretaciones, visiones personales. Cada año discutimos porque cada año un creador nos ofrece su mirada. ¿No es esa la magia? Si todos los carteles fueran iguales, neutros, inofensivos, carecerían por completo de alma.

Que un niño en su casa tenga colgada una camiseta del Betis no debería escandalizar a nadie. Al contrario: es una invitación a entender la fiesta desde la cercanía, desde esa mezcla entre tradición y cotidianeidad que define a Sevilla. La Navidad es emoción, es amor, es familia… y para muchos sevillanos, el Betis forma parte de todo eso.

Por supuesto, habrá quien diga que el cartel debe ser más “neutral” e incluso haga llamadas al propio artista desde la otra acera de la ciudad para amenazar, cosa que me parece deleznable.  Pero ¿que es neutral? Lo neutral, en arte, suele ser sinónimo de plano, vacío, incapaz de generar diálogo. Y si algo está claro es que este cartel ha despertado conversación, debate y reflexión, y eso ya le otorga un valor cultural.

En una ciudad donde se vive todo con pasión, desde la Semana Santa hasta un derbi, es lógico que un gesto mínimo pueda encender opiniones. Pero el arte no está para complacer a todos; está para expresar lo que el autor siente, incluso cuando eso incomoda. Y esa fidelidad a uno mismo es, quizá, la forma más honesta de crear.

Así que celebremos que Sevilla sigue siendo un lugar donde los carteles importan, donde el arte provoca y donde una simple camiseta puede hacer que miremos un poco más de cerca la obra y, quién sabe, también a nosotros mismos.

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