Opinión: La separación de la obra del artista, ¿es posible?

Las señoritas de Avignon, Pablo Picasso (1907), Museo Picasso Málaga. Foto: Carla Castro
Todos somos humanos y estamos en nuestro derecho de equivocarnos, pero también a retractarnos. Los personajes públicos no deberían ser la excepción. Quien haya cometido actos políticamente cuestionable debe ser consciente de sus repercusiones y asumir que no queadarán impunes.
Dada esta situación, el panorama es más que favorable para las celebridades, quienes gozan de una posición privilegiada. En ocasiones, la industria cultural de Hollywood se encargaba de protegerlos ante cualquier posibles escándalos que pudiera dañar su reputación.
Tal como sucedió con Roman Polanski, director de cine conocido por películas como El Pianista, fue acusado de agresión sexual en 1977; ante esta situación, huyó de Estados Unidos y se convirtió en un prófugo de la justicia. En la actualidad, sigue trabajando en la industria del cine; sin embargo, no cuenta con el respaldo de la Academia de Cine, tras su expulsión en 2018 debido a las acusaciones que pesan sobre él.
La cultura de la cancelación
El arte no se puede entender sin su artífice, quien se encarga de dar voz a las historias para plasmarlas en su creación a través de la música, la pintura, la escultura, el cine y el teatro. El objetivo final de todo producto cultural es que el espectador pueda disfrutar del arte en su máximo esplendor y comprender la visión del creador, sin llegar a idealizarla.
Aun así, no se pueden obviar matices que amenazan el valor de la obra y de su creador, como las acusaciones de abuso sexual. Para mí, cualquier autor y, por consiguiente, su obra deben regirse por unos principios éticos y morales. No obstante, si pensamos así, no podríamos consumir ninguna manifestación artística exenta de polémica. La diferencia, considero, se centra en mantener una visión crítica: ser conscientes de su contexto sin justificar las acciones cuestionables.
La cultura de la cancelación, como su nombre indica, consiste en una práctica en redes sociales para retirar el apoyo público a personas por actitudes consideradas inapropiadas. Paralelamente, sucede lo mismo con la separación del artista y su obra: tenemos el poder de ‘vetar’ a alguien por sus actitudes o comentarios, dejando de consumir su obra. Como consecuencia, el creador pierde presencia en la industria, aunque en ocasiones prevalece más su estatus social que su vida personal.
La reputación hacia las personalidades públicas
La escritora J.K.Rowling, conocida por la saga de Harry Potter, generó polémica en 2020 a raíz de un comentario en Twitter sobre las personas transgénero. Este hecho no es aislado: Rowling se ha pronunciado públicamente sobre este tema desde 2019, lo que provocó una ola de crítica en redes sociales, donde sus comentarios fueron considerados comentarios transfóbicos. Ante esta situación, actores de la saga cinematográfica, como Emma Watson y Daniel Radcliffe, manifestaron públicamente su desacuerdo. A pesar de todo, la autora continúa cosechando éxitos profesionales.
Este es un claro ejemplo de cómo ni siquiera una polémica puede desbancar a alguien de su posición privilegiada. Para los fans, este hecho, marca un punto de inflexión sobre el consumo de la obra sin sentir culpa. ¿Podrías seguir leyendo un libro sabiendo que la autora tiene acusaciones? En mi caso, lo pensaría dos veces: considero que su obra queda manchada por su vida personal.
En definitiva, consumir un producto cultural debería ser una experiencia gratificante; sin embargo, la sociedad considera más importante ensalzar la obra y no castigar a su creador.

Carla Castro Rojas es redactora en EUSA News, donde se especializa en la sección de cultura. Ha trabajado como creadora de contenidos en FilmAnd, centrada en el cine andaluz y su divulgación cultural. Entre sus aficiones destacan la música, la lectura y el cine.








