Trump señala el paracetamol como posible causa del autismo

Trump junto al secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., en un discurso en el que vincula el autismo con las vacunas infantiles REUTERS
El 22 de septiembre de 2025, el presidente de Estados Unidos Donald Trump, acompañado por el
secretario de Salud y Servicios Humanos, Robert F. Kennedy Jr., lanzó unas declaraciones que han
generado polémica. Trump afirmó que el consumo de paracetamol (Tylenol) durante el embarazo
podría causar autismo y señaló que comunidades como los Amish, que evitan vacunas y
medicamentos, presentan “prácticamente cero casos” de este trastorno. También defendió el uso de
leucovorina (ácido folínico) como tratamiento, pese a que carece de evidencia científica que lo
respalde.
Las palabras de Trump llegan en pleno contexto electoral. El republicano, que busca movilizar a un
electorado crítico con la medicina convencional, ya ha protagonizado en el pasado controversias
relacionadas con la salud pública, especialmente durante la pandemia de COVID-19. A su lado estuvo
Kennedy Jr., conocido por su trayectoria vinculada al movimiento antivacunas, lo que refuerza la
carga simbólica de sus declaraciones.
De inmediato, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) negó cualquier relación entre
el paracetamol y el autismo. La American Academy of Pediatrics se sumó al rechazo, recordando que
“no existen pruebas científicas que sustentan estas afirmaciones”. Un estudio realizado en Suecia con
2,4 millones de niños descartó igualmente ese vínculo, llegando a la conclusión de que probablemente
este trastorno se debe a factores genéticos y ambientales compartidos en la familia, no al uso del
paracetamol en sí. Respecto a la leucovorina, especialistas explican que se trata de un suplemento
usado en tratamientos oncológicos, sin eficacia probada en el autismo.
Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), el autismo afecta a uno de
cada 36 niños en Estados Unidos. La Organización Mundial de la Salud calcula que la prevalencia
global es de uno de cada 100 niños.
Las reacciones no se hicieron esperar. Autism Speaks, una de las principales asociaciones de
referencia, advirtió de que este tipo de mensajes “alimentan el estigma y confunden a la opinión
pública”. Activistas y familias autistas expresaron su malestar, subrayando que las palabras de Trump
perpetúan prejuicios y desinformación.
En el ámbito político, la senadora demócrata Elizabeth Warren calificó sus declaraciones de
“irresponsables y peligrosas”. El republicano Larry Hogan, rival interno en las primarias, afirmó que
“este tipo de mensajes socavan la confianza en la medicina”. A nivel internacional, sociedades
médicas de países como España y Australia también emitieron comunicados rechazando los
argumentos de Trump.
Expertos advierten que este tipo de discursos pueden tener consecuencias graves, desde embarazadas
que decidan suspender tratamientos seguros hasta un refuerzo del movimiento antivacunas en redes
sociales. La controversia recuerda al mito de los años noventa que vinculaba falsamente las vacunas con el autismo, un estudio fraudulento ya desacreditado, pero que todavía hoy es utilizado por
sectores conspirativos.
Trump vuelve a recurrir a discursos sanitarios sin respaldo científico, reabriendo heridas en un debate
marcado por la desinformación y el riesgo de estigmatizar aún más a la comunidad autista.







