Opinión: Vincent Van Gogh no es la víctima real

El vandalismo, la herramienta principal de los activistas climáticos
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Dos activistas lanzan un bote de sopa sobre Los Girasoles de Van Gogh. FOTO: Reuters

“Los efectos del cambio climático se intensifican”, así lo ha advertido la Organización Meteorológica Mundial. La temperatura del mundo aumenta 1,15 grados celsius, los glaciares se derriten y el nivel del mar aumenta por momentos. Pero ¿qué pintan las obras de arte?

La nueva modita de atacar una pieza de museo, y por supuesto no cualquiera, para concienciar del cambio climático es una llamada de atención innecesaria, por parte de jóvenes seducidos por un gran movimiento social, del que acaban manchando su imagen. 

Si es cierto que caminar o ir en bici al trabajo con un cartel que exponga esta problemática, es un acto invisible para muchos en la sociedad. Pero la lucha por la sensibilización social no puede convertirse en una guerra incivil y desconsiderada

El arte es cultura, y la cultura es educación. Una cortesía que no se ve reflejada en los miembros de esta parte del movimiento. Mentalizar a la sociedad sobre un problema que afecta a todos es posible, pero esa enseñanza no puede ser sinónimo de vandalismo.

Pensar que las medidas vandálicas de sensibilización adoptadas por estos activistas reivindicativos, chocan con las medidas ordenadas y educadas que se están proponiendo en la cumbre climática de Sharm el Sheij (Egipto) es algo contradictorio, ya que el objetivo es el mismo; evidenciar el daño producido al planeta y a la humanidad.  

El calentamiento global es un problema real y evidente que nos afecta a todos, y que precisa de la participación activa de la población al completo. Pero una participación con medidas garantistas que se puedan aplicar de forma directa en la contaminación, no encima del lienzo de los girasoles de Van Gogh.