Opinión: Adolescentes VS Covid

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La adolescencia no es solo una etapa de desarrollo evolutivo para la posterior madurez y crecimiento, sino que supone una crisis emocional en el individuo. Momento álgido en el que las emociones y sentimientos se encuentran desbordados, confusos, contrariados e incluso reprimidos llegando a tal punto que el/la adolescente no puede evitar no pensar: “¿Quién soy?”.

Pero a esta edad no exclusivamente tienen la gigantesca necesidad de conocerse a uno mismo, sino que a ello debemos sumarle la de socializar, la aventura de entablar las primeras amistades-sean para toda la vida o para un recreo aleatorio- y la de vivir su sexualidad libremente, que en ocasiones se tiene más como tabú desembocando en daños-emocionales- a largo plazo.

 Quizás iba a ser la primera vez que fuera a salir tu hermano de trece años, tu prima de quince o la tu primera fiesta, pero la llegada de la pandemia os privó de todo ello y más. Lo que a simple vista puede verse como el posponer acontecimientos ha traído consigo desastrosas y descomunales consecuencias negativas. El porcentaje de rencor-hacia la alerta sanitaria, aunque manifestada en otros aspectos más cotidianos- indignación y furia ha ido en aumento encontrándose perdida y descontrolada al inicio de este horroroso capítulo.

La psicóloga sanitaria Cristina Navarro Ruiz destaca una necesidad fundamental dentro del conjunto de estas mismas en la etapa de la adolescencia: “la necesidad de relacionarse con sus iguales, de probar y ejercitar sus habilidades sociales, su capacidad de comunicación, aumento de su privacidad y autonomía”. Además, gracias a la profesional podemos saber que el estrés y ansiedad poseen, desgraciadamente, el papel protagonista en la vida de muchos de nuestros jóvenes.

“El exceso de estrés provoca pérdida de capacidad de atención y concentración, aumento de la irritabilidad…”

Cristina Navarro Ruiz

¿Qué será lo próximo? Me pregunto sin descanso, preocupándome cada vez más por los efectos emocionales y mentales que está dejando este parásito a su paso, sin control ni miramiento alguno. Cierto es que, determinados efectos secundarios van apareciendo poco a poco e incluso hasta que no están consolidados en su totalidad no se es consciente del problema generado. No obstante, ahora que sabemos el poderoso efecto que tuvo esa privatización de libertad, el confinamiento, el distanciamiento social, podemos actuar e incluso prevenir. Al igual que no hay una edad establecida para salir por primera vez de fiesta o para dar tu primer beso, la ansiedad y depresión no entienden de edades, pero en la adolescencia se es mayormente vulnerable, ya que nuestro cuerpo y mente están cambiando, nos estamos encontrando, y ya tengas trece o dieciocho puedes sentirte oprimido, sin ganas siquiera de levantarte de la cama, o peor…

Cuando la ansiedad nos hace una visita, y más si ha cogido una rutina entrando en ocasiones como Pedro por su casa, el pecho se oprime, sientes como el aire se escapa de tu alcance, sabes que si articulas una sola palara romperás en llanto, por lo que cierras los puños a pesar de estar sudando…y esperas, esperas no colapsar, respiras como puedes. Simplemente sobrevives al momento.

Al contrario que la ansiedad, del estrés si podemos conocer la causa fácilmente. No obstante, esto no es sinónimo de menor importancia o consideración. Imagina tener dolor musculares insoportables y constantes, insomnio, bloqueo de pensamientos, bajo rendimiento mental, inapetencia sexual…Estos son algunos de los muchos síntomas del estrés, y en ocasiones pasan inadvertidos.

Ahora es cuando estamos empezando a ser conscientes de los estragos dejados por ese lejano confinamiento que en breve cumplirá dos años. No solo se ha llevado centenares de vidas por delante, destrozado familias, arrasado con planes de futuro, sino que lo sigue haciendo, ya que las consecuencias emocionales son tan devastadoras que es a dieciséis de diciembre, más de un año después-y sumando-, cuando tenemos ese minuto de reflexión para sentarnos-siempre con distancia social-, pensar-¿Cómo lo haremos con claridad siendo víctimas de este virus?- e intentar vivir de la mejor manera posible, eso si, siempre con la mascarilla en la muñeca “por si las moscas”.