Un libro para una cuarentena: Cornelia

Florencia Etcheves relata en lo que parecía ser la historia de un viaje de estudios, la historia de un país que no puede desprenderse de una de sus lacras: el machismo que se incrusta en cada poro de la sociedad. En 'Cornelia' se halla una historia directa y de la que es difícil escapar
0
51
Un par de hojas del libro. Foto propia

¿Quién no se daría un paseo por la Patagonia? El sur de Argentina esconde encantos que todos deberíamos conocer. Hay una profesora que conoce bien La Patagonia, quizás demasiado bien: Ludmila Roviralta. Decidió llevarse a cuatro de sus alumnas a un viaje de estudios que no es de esos clásicos viajes que consisten en conocer los monumentos de grandes capitales. Roviralta decidió sumergir a sus alumnas en El Paraje, una localidad de esa región, La Patagonia, que vive marcada por el daño que la erupción de un volcán, el Tunik, provocó.

Pero la historia no arranca ahí. Arranca en una esquela, una de esas esquelas que una sombría mujer, Antonia Delgado, recortaba y guardaba durante años. Al igual que quien tiene un cantante favorito, Antonia tenía una fallecida favorita: Cornelia, una de las alumnas, que desapareció en aquel nevado lugar, marcando la vida del resto de viajeras. Diez años después de esa desaparición, que todavía no había sido esclarecida, la familia Villalba, que vivió durante una década en el más profundo de los lutos, celebró otra de esas misas homenaje que se celebran para honrar los difuntos. Allí se presentó Delgado, que acudía expectante a la cita, como si de una firma de discos se tratara.

Y la presencia indiscreta de Antonia permite dar un vuelco en la investigación. Si el interés de la señora era comentar las mejores esquelas con la familia, por despiadado que parezca, esa familia pudo descubrir que alguien publicaba dichas esquelas en su nombre. ¿Quién era tan macabro?. La agente Manuela Pelari podría despejar algunas incógnitas. La agente Pelari, ‘Pipa’ en aquel viaje, fue una de las últimas personas que vio con vida a Cornelia. Su vocación policial había aflorado entre la tristeza de la incertidumbre y la pena del adiós a su amiga de la infancia.

¿Qué fue de Cornelia?. Esa es una respuesta que debería despejar ante el libro y no ante una reseña como esta. Evitaré despejar la duda del presente de la joven Villalba, ya que la autora, Florencia Etcheves, lo hizo con más inteligencia de lo que yo podría hacerlo. Evidentemente, ese final queda abierto a que cada uno quiera o no, según le haya convencido las dos pinceladas de la historia que he contado, leer y sumergirse en la obra de no más de cuatrocientas páginas, que se consumen de manera compulsiva.

Pero, ¿Por qué Cornelia?. No pretendo leerle la mente a Etcheves, pero algo debe influir su trayectoria como periodista experta en noticias policiales en el canal de noticias más visto del país transandino, trayectoria que prolongó durante dos décadas y que cortó para dedicarse a la literatura, también policial.

Cornelia también es el reflejo de la necesidad de explicar un cambio. Dedica el libro al movimiento feminista  #NiUnaMenos, que supuso el cambio de la sociedad argentina, harta de la violencia machista. Etcheves lanza un mensaje en el libro de vital trascendencia y también de vital preocupación »50 kilos de coca no son tan rentables como 50 mujeres. La coca se acaba, las mujeres no». Cuanta barbarie real escondida en una frase de un libro. Cuantas vidas truncadas por el drama de la trata de mujeres, que impide a la sociedad progresar sin tener que lamentar las víctimas que la lucha deja. Lanza Cornelia un mensaje de igualdad, un mensaje de futuro que debería ser un presente.

Lean la historia de Cornelia si quieren comprobar como el planeta no puede aún desprenderse de uno de sus grandes males, que lo atenaza de cara al futuro. Si alguien les dice que la trata de mujeres es una mentira, una leyenda, invítenle a leer Cornelia.