Cuadri: Compromiso eterno con la verdad

Luis Cuadri atiende a este periódico en el cortijo de "Comeuñas"
La entrada cantaba a los cuatro vientos que un legado vital de la historia de la ganadería brava comenzaba una vez se traspasara la misma. El inconfundible hierro, incrustado en el brazo derecho del arco que nos daba la bienvenida y marcaba la leyenda. El agua había hecho mella en el camino que se enfila tras pasar el Cortijo Juan Vides y el sonido de los pájaros acompañaba al del traqueteo que producían las piedras al paso del coche. Transitar por entre encinas era un jarabe de felicidad en tiempos tan convulsos y, al fin y al cabo, un modo de desnudar el alma de problemas e inquietudes. El camino hacía un alto para que una casa antigua, encalada en todas sus partes, tomara protagonismo entre los cercados. ‘Comeuñas’ -con el peso que tenía pronunciar la palabra- era el centro de operaciones de una de las ganaderías señeras de la tauromaquia. Estábamos en un sitio soberanamente especial: Cuadri. Nos acompañan Antonio y Luis Cuadri, dos de las cabezas pensantes de esta legendaria divisa. La camada, corta pero bien hecha, es un muestrario de las hechuras de la casa: toro serio, hondo y cuajado.
La verdad es un idioma que cobra fuerza cuando se practica. La academia donde se imparte es la vida misma. Cuadri y su familia tienen una reputación entre los aficionados de todo el mundo porque lo que rodea a la ganadería es eso: verdad innegociable. Fieles a la integridad total y a la ‘marca’ de un toro único, esperan que la positividad que se respira en sus estados de ánimo y en sus tentaderos se traduzca en casta y emoción en los próximos años. 2026 es un reto por el reducido número de cabezas que lidiará. Repiten en Villaseca de la Sagra y Guadarrama, lidiarán tres toros en la exitosa inventiva madrileña 3Puyazos y en otro desafío además de estar esperando a que se coloque la corrida restante en un buen sitio. Aún paladean la bravura encastada y enclasada de ‘Goyesco’, uno de los utreros del Alfarero de Oro, y el comportamiento de ‘Trastero’, un interesantísimo animal lidiado en Vic-Fezensac.
David, mozo que ayuda en las labores de campo y que conduce el tractor, le echa una mano a Antonio en cada cercado para dar de comer a los animales que en ellos pastan. Este, en conversación fluida y tremendamente amena, va dejando perlas mientras Rocío afila labores fotográficas para el reportaje. Los litros caídos en este otoño han hecho que los cercados verdeen con rapidez, dándole al campo una belleza esplendorosa. Como si tuvieran un medidor en los ojos, los animales esperan a que el tractor se aleje lo suficiente para acercarse a comer a su sitio. “Ahora están feotes. Están mudando el pelo. Se están rematando, aunque ahora veréis algunos que están para lidiarse mañana si quisiéramos”, expresa con alegría Antonio.
Luís Cuadri vive el presente de una ganadería única, y, estando el toreo como está, se refugia en ella, en esa burbuja en la que el culto al toro centra todo el interés.
¿Qué es lo más bonito que te ha pasado como ganadero?
-Los tentaderos. Con diferencia, con mucha diferencia. Poner la vaca al quinto puyazo y que vaya. Vacas en las que confías por un semental que te ilusiona. Sí que es verdad que cuando nosotros entramos lo pasamos muy malamente en los tentaderos. En las corridas igual. Date cuenta que el aficionado viene por los toros y vienen a verte a ti. En los tentaderos es donde uno se supone que tiene que disfrutar. Ahí controlas a los picadores y estás a gusto, en tu casa. Lo que pasa es que claro, cuando ve uno que las vacas se vienen abajo pues imagínate. Al cambiar el signo saliendo las cosas bien y viendo a la familia disfrutar todo se traduce en felicidad.
El aficionado que cuando entra aquí dice que esto tiene como un olor especial, un color especial, ¿por qué crees que es?
-Sí es verdad que yo noto que nos diferenciamos mucho del resto de ganaderos, y además vamos a seguir diferenciándonos. ¿Por qué? Porque concebimos esto de otra forma distinta y yo creo que conforme va avanzando el tiempo, nos vamos separando más del resto de ganaderos. Nosotros esto no lo concebimos como un negocio, y será que mi abuelo a lo mejor le dio una impronta muy marcada, pero hay muchas cosas que hacen los ganaderos actuales que por ahí no vamos a pasar. Preferimos dejar de tener ganado bravo a transigir con determinadas cosas.
¿Cómo es esto sin Fernando?
-Esto sin él ha cambiado prácticamente poco, lo que creo que cambió es cuando dejaron de venir mi padre y José Escobar. Mi tío Fernando ha hecho una labor muy buena de cara al exterior como representante, pero el día a día de la ganadería, una vez que mi abuelo dio el paso atrás hace muchísimo tiempo, quiénes lo llevaban eran mi padre un poco, José Escobar y él. Se encargaba un poco de lo que hablas. Compaginaba las labores con sus ocupaciones, que sabes que tenía un estudio de ingeniería industrial además de estar en la Unión, que le quitaba mucho tiempo. Él tenía una particular y entregada forma de entender esto de la representación, que es que toda peña y aquel que le llamaba iba, y él no lo dice, pero eso le ha quitado una barbaridad de tiempo. Presencia física aquí en el día a día ha tenido poca. A él le vino la ganadería en un momento en el que estaba mal y con la edad tal vez viera el momento de dejarlo. Como nosotros hemos visto que nos ha ido bien estando encima de los otros negocios, la ganadería creo que nos irá mejor si estamos día a día. Es un poco el refrán antiguo de la gente del campo, que decía que ‘el ojo del dueño engorda el caballo’. Pues esto es lo mismo. Ha cambiado poco, la filosofía es la misma.
¿Qué es la casta?
-Para mí la casta es la forma de ir. Cuando un toro va a la pelea, o va al caballo o a la muleta, no es lo mismo las ganas de ir a ganar la pelea de verdad que la gana de ir por obediencia. No sé si me explico, eso es lo que se llama ahora transmitir.
Más el viaje que la embestida.
-La transmisión se da cuando va la muleta a la verdad, va a ganar la pelea, a coger los chismes de verdad y no va obedeciendo. Y la bravura es la capacidad que tiene el toro de querer pelear. Puede ir a la pelea, pero sin convencimiento de ganarla. En ganaderías muy concretas tienen un toro que es interesante para muchos aficionados y para mí también, por esto del toro moderno, que es el manso encastado, que es un toro que a la hora de ir transmite mucho, porque quiere ir de verdad a coger aquello, pero en un momento dado se puede rajar, no quiere pelear. Para mí, por explicarlo así, la bravura es la capacidad del toro es ir y la casta es la forma de ir.
¿Se omite la casta en el toro actual?
-Hombre, la casta es muy incómoda. La casta quiere ganar la pelea y en el momento que ve que tú no haces las cosas bien y demás, se para y te dice, ¿tú qué estás haciendo conmigo?
¿Por qué el mundo del toro actual eliminar caracteres en la bravura como el peligro y otros tantos?
-Hoy en día si tú quieres tener ingresos te tienes que someter al mercado. ¿Dónde tienes más posibilidades de colocar las corridas? Esto ha cambiado mucho. Hoy en día no manda el que paga, manda el que organiza los festejos. Esto al final, si tú lo enfocas así es economía, y en la economía manda el mínimo esfuerzo y máximo rendimiento. Un torero que va a torear a 40 tardes, lo que quiere es que no le salga a uno que le ponga las cosas complicadas. Lo que quiere es que cuando llegue a Huelva, a una plaza segunda, le pueda dar 40 pases, que le pidan las orejas y adiós. SI sale un toro encastado que le va a pedir que le haga las cosas bien, con una determinada colocación, un determinado toque, y encima de todo, le puede descubrir, pues no interesa. Se llama toreabilidad y además lo dicen desde la propia Unión.
¿Estáis cerca del concepto en el que creía tu abuelo?
-El toro nuestro el problema que tiene es que es bravo en el caballo y en la muleta se desgasta tanto que no te deja… Y estamos ahí buscando una especie de término medio, como si fuera una bravura de una casta lineal, que te aguante. Bravo en el caballo es que vaya y pelee bajo el peto. Esa es la bravura. Cuando un animal romanea y mete los riñones se desgasta una barbaridad. Y después que sea capaz de venirse arriba. Ahora mismo lo que estoy viendo es que nos falta mucho poder, porque eso es lo que va a hacer al toro venirse arriba después de la muleta, que son facultades físicas. Y quizás un poco más fondo de casta. Estamos en ello.
Fernando dijo una vez que vuestro toro no era mentiroso.
-Sí. Es así. Verás, yo lo miro desde la óptica del aficionado. Yo sé que a lo mejor el torero, desde el punto de vista del torero, el toro bueno de Cuadri es bueno pero el malo es muy malo. Desde el punto de vista nuestro como ganadero, que buscamos la casta y el interés en el aficionado, el problema es que el que ni es encastado ni bravo se para. Entonces es un espectáculo muy plúmbeo. No es mentiroso, pero a nosotros eso no nos viene del todo bien. Cuando te sale una corrida que no sea encastada o brava es un desastre. Un desastre para el que paga la entrada. Hay una cosa que es el genio. Y mi abuelo, mi tío Fernando y demás, en la selección siempre a nosotros nos han enseñado muchas diferencias entre casta y genio. El genio es verdad que transmite mucho, pero es mucho ruido y pocas nueces. Cuando llega un picador y le da o un tío y le pone la muleta abajo, ya ahí se acaba. Te confunde y en el fondo te deja cosas que no sirven.
¿Queréis tan lejos a las figuras como las figuras a vosotros?
-Yo creo que sí. Nos hemos acostumbrado. Mi abuelo decía que lo mejor era enemigo de lo bueno. Nosotros estamos contentos como estamos. Dejaríamos de ser nosotros. Está la figura del veedor que a nosotros nos haría mucho daño porque en una ganadería corta como esta, que venga alguien y que te deshaga todo… pues no. Queremos seguir así. Desde los 90 estamos así.
¿Os duele esta tauromaquia?
-Te causa cierta tristeza. Yo he visto por aquí gente como Manuel Chopera, El Potra, etc. Aficionados buenos. Era otro romanticismo, otra impronta, otra personalidad. Se ha traicionado el romanticismo por el dinero y al final, nos quedaremos sin romanticismo y sin dinero. No quedan toreros que se compren cortijos ni empresarios que ganaban como los Chopera o los Lozano en Madrid. Por degenerar el toro vamos en decadencia. Y la verdad sale, aunque se tape con público ocasional.
¿Una plaza a la que le tenga ganas?
– Madrid, Madrid. Con diferencia. Me dejó mal sabor de boca el año de la despedida de mi tío, que había mucha expectación y la corrida fue muy mala. Mi tío no se merecía aquello. Es una plaza que me gusta por la exigencia y de las pocas en las que se exige y va un poco a contracorriente.
Termino con esta. ¿Esfuerzo o suerte?
-No hay suerte sin esfuerzo.

Amante empedernido del periodismo, me encuentro en una fase de apasionante aprendizaje en la universidad. En cuanto a gustos, la tauromaquia, el mundo del motor y las cofradías son mis favoritos.








