La primera ciudad europea que conoció sobre América

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En el noroeste de España, al sur de Galicia, junto a las Islas Cíes, encontramos la villa de Baiona, lugar donde en 1493 arribó la carabela La Pinta capitaneada por Martín Alonso Pinzón, convirtiéndola en la primera ciudad europea que tuvo noticias sobre el descubrimiento de América.

Baiona, que concentró el comercio marítimo hasta la eclosión de Vigo como puerto comercial a finales del siglo XIX, recuerda en sus monumentos y calles épocas pasadas, tiempos en los que la villa ejercía la jurisdicción en el Val Miñor y era, junto al de A Coruña, el único puerto gallego con capacidad para importar y exportar mercancías.

En la actualidad, Baiona es sinónimo de turismo, siendo uno de los municipios más visitados en Galicia durante los períodos estivales, atraídos por el encanto de sus calles y puerto. Unos veranos en los que la villa “se llena hasta rebosar”, según nos cuentan un baionés al que nos encontramos al iniciar el recorrido por el municipio.

Un recorrido que iniciamos en el paseo marítimo de Baiona, lugar por el que se accede a la villa a través de la AG-57 que la conecta con Vigo. Una vía, la AG-57, que se encuentra entre las más baratas de España (1,65€), lo que compensa el tramo existente para llegar desde la capital gallega, Santiago de Compostela. Tramo trazado por la AP-9 y que cuesta a los viajeros 9,05€ por trayecto, un 2,25% más que lo que costaba en 2013, según nos explica este mismo baionés que tiene a su hijo estudiando Derecho en la capital gallega y que nos cuenta “el desorbitado coste que hay para moverse dentro de Galicia semanalmente”.

El paseo marítimo divide a la villa de Baiona en dos. Por un lado, las estrechas y pintorescas calles, en las que los establecimientos turísticos, tanto hoteles como restaurantes, acogen gran parte de los locales. Por el otro, el mar y el puerto, plagado de barcos pesqueros amarrados entre los que destaca la réplica de La Pinta que arribó a la villa procedente de América, y con la Fortaleza de Monterreal al fondo, como mayor atractivo.

Dicha fortaleza, conocida como recinto amurallado desde hace más de 2.000 años, es el rincón más conocido de Baiona. Visible desde la entrada en la villa, aún conserva las torres y murallas que protegieron en su día a la zona de los ataques invasores.

 La Fortaleza de Monterreal cuenta, en la actualidad, con un paseo de unos 2 kilómetros de distancia que rodea al recinto amurallado, el cual comienza en la playa de A Cuncheira, concluyendo bajo la Torre del Reloj del fortificado, junto a la Puerta Real.

A los pies de la Fortaleza de Monterreal, a modo de acceso tanto al paseo como al Parador que hoy ocupa el interior del recinto, se encuentra el Parque de la Palma, donde se puede ver los diferentes monumentos y recuerdos de Baiona hacia hechos como el descubrimiento del Nuevo Mundo. Un parque con zonas verdes y pistas deportivas, en el que los niños juegan a un paso de la Playa de A Cuncheira, y que significa el inicio y final del recorrido alrededor de la fortaleza.

Al recorrer el paseo alrededor de la Fortaleza de Monterreal, camino frecuentado tanto por turistas como por los bayoneses que se ejercitan caminando alrededor del antiguo castillo, se pueden contemplar  las playas de Concheira, Os Frades y Barbeira, las islas Estelas y Cíes al fondo, Monteferro, Panxón y Praia América. En definitiva, un lugar desde el que se ven las mejores vistas de la ciudad, pudiendo observar tanto a Baiona, como a los pueblos de su alrededor, desde múltiples rincones diferentes y de lo más singulares.

Una vez concluimos el recorrido alrededor de la Fortaleza de Monterreal, la hora del almuerzo se iba acercando, por lo que nos dirigimos hacia el interior de Baiona, callejuelas adentro, en busca de algún lugar típico en el que poder reponer fuerzas. Tras un breve recorrido por las calles de la villa, encontramos la zona en la que se concentran las tabernas más típicas de la zona, justo en la zona donde se llevan a cabo las fiestas típicas de la ciudad en el mes de marzo. Unas fiestas típicas en honor de la llegada a la ciudad de las noticias del descubrimiento del Nuevo Mundo, que llevan por nombre la fiesta de la Arribada.

Como el día acompañaba, la mejor opción era probar algo en cada sitio, cosa habitual debido a la cercanía entre los establecimientos. Pulpo, pimientos, queso, chorizos y frituras conforman la mayor parte de la oferta gastronómica de estos establecimientos en los que los vinos gallegos y el ambiente acogedor, dejan sin sitio a la innovación que tanto ha calado en el concepto de tapear del resto de ciudades españolas.

Con el hambre saciada, y de qué manera, nada mejor que continuar el recorrido por el centro histórico de Baiona, donde sus calles empedradas y antiguos edificios, conforman un laberinto en el que se encuentran, a cada paso, los pequeños templos, fuentes o casas nobiliarias existentes en la antigua villa.

A pesar de no divisarse el mar desde el casco histórico, el olor del mismo, imperante en el aire allá donde vayas dentro de Baiona, llevó a que la visita concluyera justo a los pies de la Fortaleza de Monterreal, en las rocas que divisan a las Islas Cíes como fondo a un lado, y al otro al sol escondiéndose por el oeste.

Si bien es cierto que la antigua villa ya no goza de la importancia que otrora llego a tener dentro de la ría de Vigo y el tráfico marítimo de mercancías, el encanto de sus vistas y recorridos, así como el carácter afable de sus ciudadanos, convierte a Baiona en uno de los rincones más bellos del sur de Galicia, haciéndola parada obligatoria para aquellos que quieran conocer el lugar donde primero se tuvo constancia del descubrimiento del Nuevo Mundo, disfrutando de unas vistas envidiables.