Una llamada, tres días y toda una vida: ‘Niña de nadie’ llega al CICUS

El monólogo interpretado por Arianne Algarra llega al CICUS dentro del programa "Estrénate" con un retrato sobre la adolescencia, el duelo y la búsqueda de identidad

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El edificio en sí recibe al espectador con la calma de un gran patio. Nada de grandes teatros ni alfombras rojas. Aquí el ritual es más cotidiano: cruzar el casco histórico, entrar por una puerta discreta, enseñar la entrada en el móvil y bajar al auditorio. Ese ambiente tiene algo de comunidad cultural improvisada: estudiantes, curiosos, espectadores que quizá no sabían muy bien qué iban a ver. Y eso es exactamente lo que necesita una obra como “Niña de nadie”: un público dispuesto a escuchar. 

Hay historias que empiezan con una llamada, pero “Niña de nadie” no arranca cuando suena el teléfono, sino cuando alguien intenta seguir viviendo después de haberlo cogido. 

En el escenario apenas hay nada. Una actriz, una luz que se mueve con ella y setenta minutos por delante. Pero, de alguna manera, termina apareciendo un barrio entero, una panadera, un bar de mala muerte, un padre ausente, una perra llamada Golfa y una adolescente que de repente descubre la dureza de la vida. 

“Niña de nadie”, monólogo escrito y dirigido por Mafalda Bellido y Sergio Serrano, e interpretado por Arianne Algarra, llega al auditorio del CICUS dentro del programa Estrénate. Una propuesta pequeña en apariencia, pero que se convierte en algo mucho más grande cuando empieza a desplegarse en escena. 

Crecer cuando nadie te sostiene

La historia podría resumirse en una frase: una chica busca a su padre después de la muerte de su madre. Pero la obra no trata realmente de encontrar a alguien, sino de intentar entender quién es uno mismo. La protagonista crece en un entorno marcado por la precariedad, la adicción y las ausencias. Su madre, según recuerda la abuela, había sido arrastrada por la droga por un hombre que después desapareció. Ahora la hija sale a buscarlo. No tanto por reconciliación como por necesidad de comprender. Ese viaje, por barrios que ya no reconoce y recuerdos que aparecen como flashes, funciona como una especie de paso hacia la adultez. 

El relato sigue tres días en la vida de una joven a punto de cumplir dieciocho años. Tres días que comienzan con una llamada: su madre ha muerto. A partir de ahí todo se vuelve extraño, vertiginoso y un poco irreal. Como cuando alguien se mira en el cristal del metro y de repente entiende que el resto del vagón sigue viviendo con absoluta normalidad. 

La obra no cuenta la historia de forma lineal. La narradora avanza, retrocede, se detiene, interrumpe escenas que no quiere representar (“esta escena no la voy a hacer”, dice varias veces) y vuelve a empezar por otro lado. Ese juego de narración que mezcla memoria, confesión y monólogo, es precisamente lo que le da fuerza. 

Arianne Algarra no interpreta un personaje: interpreta muchos. Es la chica protagonista, pero también el chico con el que se enrolla, la panadera que la protege, el camarero del bar, el hombre que parece conocer a su padre… Ese es uno de los grandes aciertos de la dramaturgia de Bellido y Serrano: no hay grandes artificios, pero sí una mezcla constante de registros. De repente estamos escuchando una discusión adolescente y, en la escena siguiente, una joven describe la incineración de su madre como si el humo viajara por toda la ciudad: “baja por las tuberías, cruza el metro, sube por las calles y acaba mezclándose con la noche”. Es una imagen sencilla, pero resume bien el tono de la obra.  

Fuente: Red Española de Teatros, Auditorios, Circuitos y Festivales de Titularidad Pública

La función descansa casi por completo en Arianne Algarra, actriz valenciana premiada recientemente como intérprete revelación por la Asociación de Actores y Actrices Profesionales Valencianos. Su interpretación tiene algo de vértigo: pasa de la comedia al dolor en cuestión de segundos y se mueve con naturalidad entre el sarcasmo adolescente y la vulnerabilidad. Y, sin embargo, no hay sensación de ensayo general, la obra respira ya con la seguridad de un montaje que ha encontrado su ritmo. 

El CICUS y la iniciativa “Estrénate”

Que esta obra se vea en Sevilla dentro del programa Estrénate no es casualidad. Desde 2012 el Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla da espacio a propuestas escénicas emergentes de toda España. Cada año se seleccionan alrededor de veinte proyectos que encuentran aquí su primera oportunidad ante el público.  

La edición de 2026 reúne compañías con enfoques sociales y formatos arriesgados, consolidándose como un pequeño laboratorio escénico dentro de la ciudad. Las entradas, además, cuestan apenas cinco euros. Un precio simbólico que convierte cada función en una especie de apuesta cultural: ir a ver algo que quizá todavía está naciendo, pero que dentro de unos años podría estar girando por teatros mucho más grandes.  

En febrero pasaron por el escenario compañías como Pez Limbo con “Pulgas”, y el programa continuará a lo largo del año con grupos como Hongaresa Teatre o Laestal. Es decir: lo que ocurre en ese auditorio pequeño del CICUS suele ser una especie de radar del teatro que está por venir. 

El teatro está lleno de historias de obras que empezaron en auditorios pequeños y terminaron llenando grandes salas. El propio espíritu de Estrénate juega con esa idea: ver hoy lo que mañana podría ser otra cosa. Quizás dentro de unos años “Niña de nadie” vuelva a Sevilla en un teatro mayor y con entradas más caras. Quizás no. Pero mientras tanto, durante setenta minutos, una actriz consigue que una historia mínima, una chica, una llamada, tres días, se convierta en un mundo entero. 

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