Opinión: Un vacío aterrador

Morante, derrotado tras retirarse en el centro del ruedo de Madrid.
El 13 de abril de 1986, mi abuelo heló la sangre de mi padre mientras este aplaudía con Espartaco cruzando el dintel de la Puerta del Príncipe. Sentado y cabizbajo en el tendido ocho, se levantó y soltó un dardo directo al corazón de su hijo. “Ya no vengo más Manolo. Todo lo que he visto, no lo volveré a ver”. Ese día Curro también estaba en el cartel. Y ahí uno entiende a los que, ahora, también renuncian. Volvió a la Maestranza alguna que otra vez, ni mucho menos con la asiduidad que iba antes de la afirmación, pero lo diferencial llegó en una población tan taurina y próxima a la capital: La Algaba. El destino quiso que viera a Romero en su último paseíllo. Señorías, la afición, por mucho que se presuponga eterna, no tiene por qué serlo. Quienes han sido los más grandes arrastran con ellos al precipicio del retiro a los enhebrados a su nombre: aficionados que en una plaza han llorado con el arte que entrañan. Todo aquel que con Morante, deje en el cajón del olvido su afición, le entenderé.
Las causas, además de la propia marcha, entre lo que queda por parte de Morante de la Puebla y lo que se queda cuando él se va. Las esperanzas, desde el mismo instante en el que se quitó la coleta, las basamos en Ortega y Aguado. Y sobre todo: no hay opción de huida. Pueden, como toreros, sentir para ellos e intentar ser independientes al duelo que vivimos; pero el sentimiento generalizado entre los amantes del concepto artístico, clásico y de pureza innegociable es que este sólo se sostiene bajo los vuelos de sus muletas. Y si me permiten, que seguro que sí, metamos en la ecuación a un Diego Urdiales que cuantos más años pasan mejor torea. A partir de ahí, volver a tirar de hemeroteca cuando Morante, en su Huerta de San Antonio y sentado en el sillón de Joselito ‘El Gallo’ sentenció que ahora “se torea peor que nunca”. Quien quiera, que haga suya la frase, lo que no se puede negar es que el panorama es desolador. Al menos en las supuestas figuras. Manzanares desdibujado, perdido. Talavante, con el humo de ser líder del escalafón mientras está lejos de su mejor versión. Roca Rey, en Roca Rey con altibajos constantes tras su peor temporada. Y si queremos relevo generacional, sólo queda decir que ya vamos tarde. Un puñado de diez o doce toreros con cualidades extraordinarias a los que nadie conoce. Los Daniel Crespo, Jarocho, Mario Navas, etc. La novedad, en Borja Jiménez y David de Miranda con Aarón Palacio cerca.
Y lo que queda por parte del cigarrero… pues él en su todo. ¿Qué torero con una enfermedad de tales dimensiones se echa en lo alto la responsabilidad sin conveniencia de hacer lo del pasado 12 de octubre en Madrid? ¿Quién, con su problema, convence a Rincón y a Curro Vázquez para ello? Un monumento a Antoñete, unos encierros con novilladas en La Puebla del Río, etc. Por no hablar de su torería: la reunión de los mejores toreros de la historia y sus suertes y la interpretación en su aire personal. Y ya, para rematar, la pregunta total: ¿Y ahora qué? La respuesta: un vacío aterrador.

Amante empedernido del periodismo, me encuentro en una fase de apasionante aprendizaje en la universidad. En cuanto a gustos, la tauromaquia, el mundo del motor y las cofradías son mis favoritos.







