Roger Federer: adiós a la elegancia

Foto: Laver Cup
Foto: Laver Cup

Una semana ha pasado desde que Roger Federer colgara la raqueta y se despidiera del tenis. El adiós de Roger Federer de cualquier torneo profesional ya es una realidad. 

El suizo no pudo despedirse con su cuarta Laver Cup, pero disfrutó de una despedida cargada de emoción durante la Laver Cup que se llevó a cabo en el O2 Arena de Londres. Su Majestad se retiró del tenis profesional pero antes se dio el gusto de jugar su último partido acompañado de su máximo rival en lo deportivo, Rafael Nadal.

Pese al duelo, que terminó en derrota contra la dupla Sock-Tiafoe por 4-6, 7-6 y 10-9, ambos se mostraron satisfechos y felices tras haber podido disputar juntos el encuentro.

Una vez terminado su último partido, Federer no pudo contener las lágrimas. Abrazó a cada uno de los integrantes de su equipo, dirigido por Björn Borg, con el serbio Novak Djokovic, el griego Stefanos Tsitsipas, el noruego Casper Ruud, el británico Andy Murray y el italiano Matteo Berrettini, y continuó con la delegación del Resto del Mundo, liderada por John McEnroe.

Su Majestad recibió una ovación que lo conmovió hasta las lágrimas. El ganador de 20 Grand Slams, lloró de manera desconsolada durante varios minutos. Una de las instantáneas más compartidas fue la emoción y las lágrimas de Rafa Nadal a su lado. La foto en la que se los ve a ambos tomados de la mano se volvió viral.

Después de la reproducción de un vídeo emitido por la organización de la Laver Cup, Federer tomó el micrófono para decir sus primeras palabras: “Fue un día increíble, estoy feliz, no triste y fue un placer estar aquí. Disfruté este momento, con familia, amigos y fans. Estoy feliz de haberlo hecho y el partido fue genial”.

Las palabras de Federer también generaron el llanto de su esposa, la ex tenista Mirka Vavrinec.

Que Federer termine su carrera jugando dobles con Nadal es poesía. Rivales, amigos, leyendas, únicos. Tan iguales como distintos. 

Ya lo decía Carlos Bàidez en su libro Big Three. Aquí un buen ejemplo: “Federer y Nadal eran un gran contraste estilístico en ciertos aspectos, un contraste que Nike cultivó con mimo, como había hecho con Sampras y Agassi en la década de 1990.

Federer era elegancia, templanza adquirida y potencia sin esfuerzo; Nadal era exuberancia, fuego innato y bíceps a la vista.

Federer era suave y clásico; Nadal era rudo y de vanguardia. Federer era tradición; Nadal era juventud.

Su actitud previa a los partidos también era opuesta. James Blake, el estadounidense que fue n.4 del mundo en el 2006, derrotó a Nadal en semifinales de Indian Wells ese año y luego perdió contra Federer en la final.

«Fue muy gracioso ver las diferentes dinámicas en el vestuario -me cuenta Blake-. Los dos son tipos geniales, pero antes del partido Rafa se pone sus auriculares Bose enormes y empieza a correr por el vestuario, dando carreras, golpecitos con los dedos. Como un animal enjaulado. Al día siguiente me toca contra Roger y nos ponemos a hablar de su casa de Suiza, de que ha comprado un terreno y lo que van a hacer Mirka y él… Era como si estuviésemos sentados en una cafetería, todo muy relajado.»

Aun así, los dos, no solo Nadal, hacían un notable cambio de chip cuando llegaba la hora del combate: se transformaban en campeones con mirada de acero. Sencillamente, Federer esperaba hasta más tarde. La transformación de Nadal llegaba en el vestuario; la de Federer, en la pista”.