De Erasmus a una nueva vida: Ana y su historia en Verona

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Verona, Italia. Fuente: Ana del Río.

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Lo que comenzó como una simple aventura universitaria terminó convirtiéndose en una historia de transformación personal. Ana, estudiante de Pedagogía, llegó a Verona como parte del programa Erasmus con la intención de pasar un año en el extranjero, perfeccionar el idioma y vivir la experiencia universitaria fuera de su casa. Sin embargo, lo que encontró allí fue mucho más que una ciudad encantadora: descubrió un lugar al que actualmente puede llamar hogar. Hoy, un año después, sigue viviendo en Verona, combinando su pasión por la educación con la vida cotidiana italiana que tanto la enamoró.

—Ana, tu aventura comenzó como una estancia Erasmus en Verona y terminó convirtiéndose en una nueva etapa de vida. ¿Cómo empezó todo?

Cuando decidí pedir la beca Erasmus en mi tercer año de Pedagogía. Siempre había tenido la curiosidad de vivir en otro país, y cuando vi que Verona era una de las opciones, no lo dudé. Me atraía su historia, su cultura y, por supuesto, su ubicación: en el norte de Italia, cerca de ciudades como Venecia o Milán. Me acuerdo de mis primeros días paseando por el centro y sin ser consciente de todo lo que me esperaba.

—¿Qué fue lo que más te impactó al llegar a Verona?

Lo bonita que es fue lo primero. Cada calle, cada puente, todo parece sacado de una postal. Pero más allá de eso, me sorprendió la manera en que los veroneses viven su día a día: con calma, disfrutando de los pequeños detalles. Me gustó mucho el contraste con el ritmo que llevaba en España, que era más acelerado. También me impactó lo acogedora que fue la gente; aunque los italianos tienen fama de ser muy expresivos, en Verona encontré mucha calma.

—¿Cómo fue tu experiencia como estudiante Erasmus?

Increíble. Desde el primer momento, la universidad me pareció muy interesante, además de que el edificio es impresionante. Las clases eran distintas a las de España, con más trabajo práctico y debates. Además, el ambiente internacional te cambia la perspectiva: convivir con personas de distintos países te enseña mucho sobre el respeto, la tolerancia y las diferentes culturas y formas de ver el mundo. Hice amigos que aún conservo, y con algunos incluso viajo de vez en cuando. También aproveché para recorrer Italia: Roma, Florencia, Venecia, los lagos del norte…

—Tu idea inicial era pasar solo un año. ¿Qué te llevó a quedarte?

Cuando terminó el Erasmus yo no quería irme. Me había adaptado muy bien y ya consideraba Verona mi propia casa. En ese momento, empecé a buscar opciones para continuar aquí. Encontré una oportunidad de trabajo en un centro educativo, primero como asistente y luego como educadora. Fue un paso enorme, porque significaba meterme en el mundo laboral, y además hacerlo en otro idioma.

—¿Qué desafíos encontraste al empezar a trabajar en Italia?

Muchos, sobre todo al principio. Aunque ya hablaba italiano, el lenguaje profesional era distinto, especialmente en el ámbito educativo. Tuve que acostumbrarme a un sistema de enseñanza diferente, con otras metodologías y normas. También hubo momentos de soledad; pasar de un entorno Erasmus, lleno de planes y amigos, a la rutina laboral fue un cambio importante. 

—¿Qué te ha enseñado Verona en estos años?

Muchísimo. Verona me ha enseñado que las raíces no siempre están donde nacemos, sino donde nos sentimos en paz. Profesionalmente, he aprendido a ver la educación desde otra perspectiva, más participativa y cercana. Personalmente, he crecido más de lo que imaginaba: he aprendido a vivir sola y lejos de mi gente, a tomar decisiones por mi cuenta y a construir mi propio camino.

—¿Cómo es tu vida actual en Verona?

Muy tranquila y feliz. Trabajo en un colegio con niños de diferentes edades, lo cual me encanta. Vivo en un pequeño apartamento cerca del centro, y cada día disfruto de ir andando al cole. Sigo manteniendo contacto con mis amigos de la universidad, tanto los italianos como los españoles que ya volvieron. Los fines de semana suelo escaparme al lago de Garda o hacer excursiones a los pueblos cercanos. Verona tiene una ubicación perfecta para eso. 

—Si tuvieras que describir Verona con tres palabras, ¿cuáles serían?

Encantadora, acogedora y tranquila. Es una ciudad que combina historia y modernidad de una forma muy especial.

—¿Qué le dirías a otros estudiantes que estén pensando en irse de Erasmus?
Que no lo duden. Es una experiencia que cambia la vida. No solo aprendes un idioma o conoces un país nuevo; aprendes sobre ti mismo. Te enfrentas a retos, pero también descubres capacidades que no sabías que tenías. 

 

La historia de Ana es un recordatorio de que los viajes más importantes no siempre terminan con un regreso, sino con un nuevo comienzo. Lo que empezó como una experiencia Erasmus se transformó en una vida plena en el corazón de Italia.

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