Un adoquín y la ausencia de mujeres marcan un encorsetado debate a cinco

El espacio moderado por Ana Blanco y Vicente Vallés tuvo un menor seguimiento del esperado con 8,6 millones de espectadores, algo menos que el de abril
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Con puntualidad británica arrancó anoche el debate electoral entre los cinco candidatos a la presidencia del Gobierno. Este debate era de enorme interés, al estar programado a menos de una semana de las elecciones generales y ser el debut de Santiago Abascal en este tipo de citas.

El debate empezó con un minuto inicial, en el que cada líder político respaldó el apoyo a sus partidos. La previsibilidad marcó el arranque de un encuentro en el que los moderadores, Ana Blanco y Vicente Valles, vieron limitada su labor, al tener el mandato de realizar solo preguntas genéricas.

Los pactos marcaron un debate que se celebra a una semana de las elecciones. Pedro Sánchez dejó claro que Podemos no entraría en el futuro gobierno, debido a diferencias de criterio. Un ejecutivo que tendría a la ministra Nadia Calviño como vicepresidenta económica. Como recoge la encuesta de Invymark, Sánchez fue el ganador para los espectadores.

Pablo Iglesias fue el ganado del debate, como recoge otra encuesta, la de Sigma Dos para Antena 3. Fue el único que en el bloque de cohesión territorial aprovechó para mencionar otras zonas de España, frente al resto de candidatos que optaron por centrarse en el conflicto catalán.

En relación a Cataluña, Pedro Sánchez anunció una reforma del Código Penal, con la intención de prohibir referéndums como el del 1 de octubre, pese a que el PSOE votó en contra de esta propuesta en febrero, tras haber sido presentada por el PP en el Congreso de los Diputados.

La postura más unánime respecto a Cataluña ha sido la aplicación del artículo 155 y la destitución del president Quim Torra. Otra de las propuestas fue un cambio en la elección de los consejos de administración de medios de comunicación públicos, para que por ley deban ser elegidos por dos terceras partes del Parlamento, en referencia al »uso partidista» de TV3, pese a que la corporación catalana ya aplica este sistema.

La gran anécdota, que se convirtió en viral en redes sociales, fue la manera que el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, usó para explicar las recientes manifestaciones en Barcelona. Con un adoquín en la mano, el político catalán describió la situación que vive la comunidad autónoma, en medio de un debate sobre si Cataluña era una nación o no.

Tras el primer descanso para publicidad, las plataformas de verificación de datos negaron la afirmación de Sánchez, que afirmaba que solo el PP había indultado a terroristas de Terra Lliure. Se comprobó que durante el gobierno de Felipe González también había indultado, al menos, a dos condenados.

Un debate marcado por falsas verdades, en el que Santiago Abascal afirmó que el Gobierno había prohibido a fuerzas de seguridad usar material anti-disturbio durante las manifestaciones, aunque se demostró que no hacía falta tal autorización y que sí se había utilizado.

Una de las medidas que Sánchez ha anunciado con un mayor énfasis ha sido la disolución de la Fundación Franco, así como la exhumación del resto de dirigentes franquistas, asunto que flotaba en el aíre, especialmente en el caso del general Queipo de Llano, que se encuentra enterrado en la Basílica de la Macarena.

Al hablar de igualdad, los discursos han quedado tapados por la reflexión de la moderadora Ana Blanco, que aseguraba que la foto del debate no era reflejo de igualdad, al haber cinco hombres y ninguna mujer. Junto a la condena de la violencia de genero, los diferentes candidatos esgrimieron sus diferentes posiciones.

Sobre sanidad, una afirmación falsa de Abascal, que aseguró que vetar a inmigrantes sin papeles supondría un significativo ahorro, algo que nadie ha podido comprobar con estudios, y una propuesta de Pablo Casado, que promete reducir las listas de espera a 30 días.

En el último bloque, política internacional, Venezuela ha sido la protagonista de acusaciones cruzadas, mientras el candidato de VOX intentaba negar su apoyo al líder de la ultraderecha italiana, Mateo Salvini.

Todos los candidatos han cerrado un debate excepcionalmente largo, cerca de tres horas, con minutos finales dando razones sobre votar a sus partidos, salvo Pablo Iglesias que ha leído la carta de una votante. Fue el único debate de cara al próximo 10 de noviembre.