Opinión: Realidad de plástico

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Fotografía de Sara Arrieta

Gastan millones en crear largometrajes que tratan de una muerte segura, del fin del mundo, de hasta como el suelo se resquebraja y no lo invierten en conseguir que esas imágenes sean solo ficción.

Somos de lo que no hay y por supuesto llegará el día en que no habrá un somos.

Creamos y destruimos, o mejor dicho destruimos para “crear”. Nuestra avaricia nos puede. El ritmo en que fluye el mundo nos desborda pero nos empeñamos en seguir sus andares alborotados y artificiales. Donde está muy bien eso de comprar cosas que no sirven, cosas que en realidad no queremos. Hacemos más caso a la publicidad que a las advertencias… es como si la tierra fuera una medicina e ignorásemos su prospecto.

No sabemos qué (de)generación vendrá en un futuro pero no tendrá el privilegio de ver cosas como las nuestras… será absolutamente un mundo dentro de una bola de cristal, un mundo plastificado y lo peor de todo es que ellos no podrán hacer nada por cambiarlo.

Sin dinero no se mueve el mundo.

Sin dinero no se escucha a las personas.

Sin embargo el dinero arde igual de rápido que todo lo que está cayendo ante nosotros y no hace falta prenderle fuego.