Opinión: Los periodistas estamos perdidos

¿Qué corre más un periodista o un twittero?
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Fotografía: Cristina R. Rey

“Yo soy yo y mi circunstancia”, Ortega y Gasset como filósofo raciovitalista defendía que cada persona tiene una forma de ser y de ver la vida según dos factores: el contexto histórico, político y sociocultural de cada individuo, y la percepción por medio de los sentidos. Esto quiere decir que ninguna verdad es igual a otra, pero todas las verdades son ciertas. Si llevamos esto a un ejemplo muy simple podemos pensar en algo tan simple como la perspectiva. Un caso práctico: dos personas viendo la televisión desde un sofá, parece que están haciendo lo mismo, pero el primer factor que influye es dónde está sentado cada uno, más centrado, más hacia la izquierda, la derecha… puede que uno lleve gafas y la imagen la vea más pequeña, o que tenga algún problema de audición. Lo orgánico, el simple hecho de estar sentado cada uno a su forma ya hace que la realidad que están viendo sea diferente, algo tan simple como la posición, además ninguno de los dos estarán procesando la información de la misma forma, una vez es percibida por el ser humano la información se sesga.

Los primeros científicos no tenían los métodos que conocemos actualmente para demostrar cualquier teoría, eran los llamados filósofos de la naturaleza, las primeras personas que se preguntaban las 6W: qué, quién, cómo, dónde, cuándo, y por qué. “La filosofía surgió debido al asombro de los seres humanos” decían los filósofos hace más de dos mil años. La búsqueda de la verdad se remonta a mucho antes del periodismo como ciencia social, se remonta incluso a las primeras religiones. La religión nace para responder las carencias en el conocimiento humano. Los primeros filósofos no se contentaban con los mitos, los cuentos de los dioses que contaban cómo la lluvia es la tristeza de algunos dioses y el sol es el fruto del amor.

Aristóteles fundó en el 355 a.c la escuela peripatética, donde principalmente estudiaban la botánica y el comportamiento de la naturaleza. Sin ningún invento científico trataban de dar una explicación a lo que sucedía a su alrededor y me atrevo a decir que fueron los primeros periodistas, observaban y anotaban los diferentes procedimientos y fases por los que pasaba la sociedad, pues no sólo se limitaban a la naturaleza sino a ver cómo afectaba a los ciudadanos de a pie.

Probablemente para una persona nacida en el siglo XXI no sea una prioridad plantearse por qué a los árboles se le caen las hojas en otoño o las flores sacan sus frutos en primavera, los problemas que nos conciernen son el resultado de una larga historia y una gran evolución tanto social como económica y sobre todo tecnológica. La tecnología es el gran invento y desarrollo de la sociedad actual, pero sin esa curiosidad planteada por los estudiosos de la filosofía no hubiéramos desarrollado nuestras capacidades hasta este punto.

Internet es la gran revolución del mundo contemporáneo tal y como lo conocemos. La Teoría de la aguja hipodérmica y el modelo de Harold Lasswell estudian la influencia de los medios de comunicación y la comunicación de masas que están cambiando la sociedad y la percepción de ella debido a la era digital. Este estudio demuestra como los comportamientos sociales son impuestos debido a la creación de la opinión pública por lo que conforma un arma de doble filo, pues como al principio de este ensayo decía Ortega y Gasset cada persona tiene una percepción de la realidad diferente. El problema surge cuando las nuevas tecnologías nos dan la oportunidad de saber todo al momento y no observamos la evolución de los hechos, el ciudadano de a pie está exigiendo de forma casi inmediata saber lo que ocurre en la otra parte del mundo, donde las redes sociales juegan un papel vital.

Pongamos otro ejemplo práctico pero esta vez relacionado con las redes sociales. Ocurre un incendio en una casa y hay varios viandantes por la calle, dependiendo de la generación a la que pertenezcan su intuición les hará sacar un móvil para grabarlo y pasarlo por su grupo de WhatsApp familiar, a Twitter o a Instagram, otros llamarán a los bomberos y a la policía, ambos grupos pueden luego desaparecer del sitio de los hechos (la gran mayoría del primer grupo) o quedarse hasta la intervención de los bomberos. Realmente estas personas que han utilizado las redes sociales para describir un hecho no están haciendo periodismo, simplemente están retransmitiendo un hecho, pero al posicionarse en las redes sociales el periodista tiene el tiempo en contra, pues todas esas personas que han visto los vídeos querrán saber qué ha pasado. Desde este momento hay una lucha en todos los medios de comunicación por publicar la exclusiva para que su medio tenga más repercusión.

La Teoría del periodismo de Felipe Pena de Oliveira nos explica que el caso práctico expuesto anteriormente no se va a poder tratar con rigurosidad e imparcialidad, no va a haber tiempo de contrastar la información ni sesgarla para recoger lo más importante, que es de lo que realmente se trata la profesión de periodista.

Actualmente el modelo de periodismo que conocemos está en continuo cambio, evolución y análisis y se deberá encontrar una forma de informar para estar al servicio del ciudadano (y no del poder) de forma veraz y eficaz, pero para ello hace falta ensayo y error, cambiar la forma de dar la información.