Opinión: La nueva ‘droga’ que triunfa en colegios e institutos

“Hasta 61 salas de apuestas están a menos de 100 metros de centros educativos en Madrid y casi la totalidad de los establecimientos de juego están a menos de 500 metros de los institutos, donde estos negocios tienen un público potencial (jóvenes a partir de 12 años)”
Varios jóvenes ante las pantallas de apuestas deportivas de un salón de juegos - Fuente: Isabel B. Permuy

El dato que arroja el informe de la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid (FRAVM) es tajante y sonrojante a partes iguales: los centros escolares están rodeados de casas de apuestas.

La ludopatía se está convirtiendo para las generaciones más jóvenes  en lo que hace décadas fue la heroína, cambiando al lúgubre camello de callejón o parque por las luces y sonidos de los salones, donde además puedes tomarte algo mientras ves un partido de fútbol con tus amigos. Tanto es así que incluso la histórica asociación ‘Madres contra la Droga’ ha puesto sus ojos sobre este problema, que avanza implacable por todos los barrios de España, o casi.

Las estadísticas nos muestran un dato esclarecedor: las casas de apuestas y salones de juego tienen una presencia mucho mayor en barrios de renta baja. Además, el vecindario típico en el que se asientan estos establecimientos presenta una alta tasa de desempleo y con predominio de inmigrantes, es decir, de estatus social menos privilegiado.

En cuanto al quién, según el Sistema andaluz de información en Drogodependencias, el futuro perfil del jugador patológico es un menor de 35 años que hace apuestas deportivas gastando una media de 392 euros por semana, siendo la edad media de inicio en el juego adictivo que requiere tratamiento 24,7 años.

La OMS reconoce la Ludopatía Patológica como enfermedad dentro de los Trastornos de los hábitos y control de los impulsos. Según la organización asociada a la ONU “el desorden consiste en frecuentes episodios de apuestas reiteradas que dominan la vida del paciente hacia un detrimento de valores y compromisos sociales, ocupacionales, materiales y familiares”.

Ya hemos visto el quién y dónde, pero, ¿por qué? Por un lado vivimos inundados de publicidad, actualmente podemos observar por todos lados a actores, deportistas de élite o presentadores de televisión haciendo anuncios donde taladran dos palabras en nuestra cabeza: apuesta y gana, apuesta y gana, apuesta y gana, apuesta y gana…

También podemos echar la vista atrás y culpar a la lotería o la ONCE, donde se puede incitar conductas peligrosas al ver los hijos a los padres, o incluso participar ellos mismos aupados por sus progenitores, como una tradición de nuestra sociedad. Pero solo la costumbre o la publicidad no explican este fenómeno, y aquí es donde entra el símil con la droga.

Según expertos y pacientes, el jugador no lo hace realmente por los beneficios económicos, eso es en todo caso la puerta de entrada, sino como puro escapismo. Las luces, los sonidos, la tensión del resultado de un partido o una mano de cartas. El adicto huye en ellas para dejar de pensar, su objetivo es callar las dudas y frustraciones que habitan en su mente, en la de todos.

Encima la banca siempre gana, no solo en el sentido clásico, sino incluso cuando ganas un premio, ya que te sientes obligado a seguir gastando hasta que finalmente asome el forro de los bolsillos.

Actualmente en España existe la figura del “Proceso de autoprohibición del juego”, consistente en una declaración voluntaria de ayuda registrada legalmente para que no se les acepte la entrada, no solo a las salas sino ni siquiera a las webs o cobrar un premio de lotería, intentando evitar así una recaída.

El problema radica en el tratamiento, que se asienta sobre dos ejes: familia y terapia profesional, siendo la segunda bastante precaria en nuestro sistema de salud público, que solo ofrece 4 psicólogos por cada 100.000 habitantes, frente a los 18 de la media europea, un terrible déficit a la hora de encarar esta plaga.

Además, habría al menos que mencionar al elefante en la habitación, aun más peligroso y menos conocido, el auténtico Leviatán de la ludopatía: la “mecánica de tragaperras” en los videojuegos.

Al acceso de todos y con una facilidad terrorífica para gastar dinero sin darte cuenta en estos caballos de Troya, con el añadido de que los principales representantes de esta práctica son videojuegos destinados para todos los públicos. Siendo la única advertencia de estos casinos encubiertos un tímido aviso en la carátula al nivel del típico de “lenguaje soez”.

Un rayo de luz entra en escena con las movilizaciones, cada vez más importantes, que intentan concienciar de este problema, además de prohibiciones para abrir nuevas casas de apuestas, como el caso del Ayuntamiento de Barcelona a consecuencia de un estudio de la Concejalía de salud sobre el aumento de la ludopatía entre los jóvenes.

El día nacional sin juegos de azar es el 29 de octubre.