Opinión: El octavo pecado capital

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Fotografía Sara Arrieta

La izquierda, esa ideología política a favor de la persona obrera, de la persona humilde, la izquierda con personalidad de Robin Hood. La izquierda, siempre ayudando a los callados, a los sin voz y, por fin, también a las sin voz -cosa que deberían hacer todos-. La izquierda con el afán del trono. La izquierda que no se baja del burro.

Esa izquierda tan conocida y votada por sus seguidores desde hace años, ya no es la misma. Es un partido progresista y se le ha olvidado no pactar con los extremos. Pedro Sánchez no es consciente de la cantidad de personas dentro de su partido que no quieren un pacto con el diablo. Porque eso es lo que significa prometer y no cumplir, eso es lo que significa juntar dos puntos de vista diferentes y esto es lo que ha hecho que siga en el punto de mira más que nunca.

La derecha, esa ideología política conservador. Pablo Casado gritando su voto y no consiguiéndolo. La réplica, tres veces peor, apareció y le ha hecho sombra, una sombra que tiene ideas propias, ideas confusas, ideas que son humo.

Es lo que tiene ser de carne y hueso. Intentar avanzar e intentar escarmentar y dar escarmientos.

Vox es la ultraderecha que nada tiene que ver con el Partido Popular. Vox, el defensor de las mentiras y de los ricos. Vox, el enemigo de Robin Hood.

Somos el único país que clasifica según su propia bandera. Es algo sorprendente como las ideas de hace años nos siguen rondando la cabeza. Los clichés hacen más daño de lo que las personas creen y son motivo de burla. Quien usa el cliché como autoridad, está condenado a vivir en el pasado y no querer defender el presente. Al igual que los partidos políticos cambian, la sociedad también. Ahí es donde empieza el verdadero problema: quedarse en ideas arcaicas incita a repetir en bucle la historia.

Todos los españoles abrazan por igual su bandera, quien no lo haga es problema propio, pero no debe confundirse con ninguna ideología.

“La era comunista ha llegado”, dicen los más afectados por la respuesta final de estas elecciones. “De los fascistas que nos hemos librado”, gritan los más agraciados.

Lo que verdaderamente debería preocupar en este país es cómo hemos llegado a esta situación. Debería avergonzarse la nación entera por tener dos partidos tan extremistas como posibles candidatos a la presidencia.

Unidas Podemos no debería gobernar el país, pero Vox tampoco. Este último partido ha causado grandes preocupaciones entre los ciudadanos. El engañabobos que pasa de puntillas. Es música para los oídos lo que piden para los españoles.

Cuando Unidas podemos apareció, aterró, encantó y se esfumó. Con Vox no pasará lo mismo, van a dar mucho de qué hablar y no pararán hasta estar en la cima.

Es ridículo oprimir de esta forma las ideas de aquellos a los que no se le ha dado ni una oportunidad, pero cuando el pueblo solo tiene una voz, ¿cuántas tienen puesta la soga al cuello?

Mucho “Viva España” y poco tender la mano a tus semejantes.

Si no hay capacidad para ayudar a el vecino de enfrente, es imposible imaginarse por un momento el ayudar a un extranjero.

En vez de centrarnos en ideologías que poco a poco van desmoronándose y dando lugar a grietas extremas en la sociedad, habría que centrarse en movimiento alternativos que, de verdad, necesitan apoyo porque son realidades, están pasando, y la población puede ponerle fin.

El feminismo tan criticado por la sociedad, no es parte de la política, no va en el guion de un partido político, es moral pura y dura.

La moral de cada persona es muy diferente. El feminismo es una ideología, pero no política. El feminismo no es de izquierdas, no es de “rojos”, no es solo de mujeres ni es de locas. El feminismo es la igualdad que un país como España necesita para poder creer que vivimos en el siglo XXI. No es un movimiento agresivo. No se trata de pintarrajear paredes y estatuas, no es insultar a los hombres. El feminismo es paz para todos y no querer creer en el feminismo no hace que seas mejor ni peor, hace que no pertenezcas a la nueva sociedad que crece a pasos agigantados y que ningún partido político tiene el derecho de pausar.

España es de todos. España es democracia y cada uno vota y siente como quiere. No hay nada de malo en pensar diferente. No es un problema decir lo que piensas, ni mucho menos defender tus derechos. La diversidad es lo que nos mantiene entretenidos y lo que hace que las personas tengan mentes más abiertas.