Opinión: Deja de echarle la culpa a las redes sociales

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Me hace gracia el punto al que ha llegado la sociedad hoy en día. Está de moda echar culpas. A quien sea, como sea, pero echar culpas fuera.

Ahora resulta que la culpa de que no quedemos con nuestros amigos o no conozcamos a nuestras famílias la tienen los móviles o las redes sociales. Pero ojo, acudir a ellas para ganar reputación, seguidores o likes no es malo. Ahí no son culpables de nada. 

Que una marca comercial nos pague 600 euros por publicar una fotografía en Instagram promocionando un producto es fabuloso. Pero luego, esa misma red social que te hace ganar una cantidad de dinero es la culpable de que no veas a tu família.

¿No será que nosotros elegimos qué es lo que queremos y al final elegimos vivir y trabajar detrás de una pantalla porque todo es más cómodo?

Primero se presenta el anuncio de Ruavieja. Un anuncio donde muestran lo poco que vemos a nuestros familiares y/o amigos e incluso se ofrece la posibilidad, para el que quiera aumentar más la culpa, de calcular según el tiempo que ves a esa persona al mes o al año, cuántos días te quedan por verle el resto de tu vida (porque claro, ya sabemos hasta los días que nos quedan para morir, fijaos los avances de las tecnologías, igual que el de sanidad).

Facebook, Instagram o Twitter inundaron en posts sus portales. Posts donde veíamos una imagen del anuncio acompañada de palabras melancólicas, tristes o reflexivas. ¿Te has preguntado por qué no ves a ese familiar o amigo tanto? Porque estoy realmente segura de que si no los ves es porque o no puedes, o no quieres. No hay más. Ni hay redes sociales que te lo impidan ni hay pantallas a las que echar culpas. Si tu trabajo y salud te lo permiten, perdóname pero la excusa de los móviles o redes sociales es muy floja. Eliges ver a tus familiares por una pantalla porque es más fácil que coger un coche, un autobús o un tren. Eliges colgar mil instantáneas en las redes sociales porque es más importante cuántas personas verán esa fotografía que disfrutar de tus amigos. Y eso es lo que te queda de una noche fantástica, fotografías. Instantáneas que días más tarde revelarás y posteriormente pegarás en tu pared simulando que fue una de las mejores noches del año. Pero en realidad lo único que hiciste fue estar con el móvil.

Y ahora viene Ikea vendiendo un anuncio en el que te hacen preguntas sobre tu família y si no sabes la respuesta, debes levantarte de la mesa donde estás cenando con todos tus familiares. En un principio, nadie es expulsado de la cena porque de momento, las preguntas son sobre personajes conocidos. En el momento en el que empiezan a hacer preguntas sobre los familiares que hay sentados, todos deben marcharse porque nadie conoce la vida de nadie. Yo le pregunto a Ikea, ¿es culpa de las redes sociales que un hijo no conozca el hobbie favorito de su padre? ¿Tiene la culpa un niño de llevarse un balonazo cuando está cruzando una calle? Las redes sociales existen. Lo mismo que existe la televisión o el tostador. ¿Son las culpables de que la sociedad las elija para pasar el tiempo? No.

Si no conoces el segundo nombre de tu madre, o no conoces a qué se dedicó tu abuela cuando era jóven es porque no te ha interesado nunca saberlo. Es porque no se te ha pasado por la cabeza hacer esa pregunta o porque simplemente, no te importa. Conocer la vida de un personaje público no es culpa de las redes sociales. ¿Quién no sabe cuál es la profesión de Penélope Cruz? ¿Quién no sabe quién era Rocío Jurado? Por saber esos datos y no saber qué quería ser tu padre de pequeño no somos peores personas. Y mucho menos, culpar a las redes sociales por no saberlo.

Dejemos de echar balones fuera de campo y empecemos a asumir que las redes sociales no nos han absorbido. Hemos elegido que pasen a formar parte de nuestro día a día. Y no sólo eso, las hemos elegido para todo. Para enviar un currículum, para conocer a una persona, para solicitar un préstamo o simplemente para pedir una pizza a domicilio. Si tanto daño nos están haciendo, ¿por qué no se eliminan? Internet lo es todo, menos culpable de que no veas o no conozcas a tu família y/o amigos.

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