Dicen que nunca se rinde

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Ni uno, ni dos. Tres. Tres fueron los goles de desventaja que tuvo el Sevilla en el descanso de su partido contra el Liverpool en el Sánchez Pizjuán. El inicio de la penúltima jornada de la Champions League comenzó con un espectácular ambiente en Nervión y un estadio lleno y entregado para alentar a sus jugadores en el partido decisivo de la fase de grupos.

Poco duró la fiesta en el Pizjuán, pues el Liverpool consiguió adelantarse en el minuto 2 del primer tiempo en una jugada a balón parado. El córner botado por los reds acabó en las mallas tras pasar por las botas de Firmino. Y antes de la media hora los ingleses calcaron la jugada: balón al primer palo y prolongación hacia el segundo para que, esta vez Sadio Mané, pusiera el 0-2 en el luminoso. Sendos goles con mismos errores defensivos, de esos que no te puedes permitir en la competición europea. 

El fútbol es de áreas, y en el primer tiempo el Sevilla no dominó en ninguna, pudo empatar antes del 0-2 con un mano a mano de Nolito que se fue al palo y recortar distancias con otra acción de Ben Yedder, pero en ninguna el balón acabó en la portería. En cambio el Liverpool lo del acierto lo llevó mucho mejor: el primer mano a mano con el portero fue para dentro, obra de Firmino en el rechace, 0-3. El conjunto andaluz mostró una cara indolente, con errores imperdonables y con una gran falta de competitividad en las grandes citas, y con todo ello, se fueron con los brazos bajados al descanso.

Pero salieron con la cabeza muy alta, a morder, a pelear y conseguir un arrebato, que no es casualidad que sean los autores de su himno. Porque si algo es marca de la casa en Nervión es eso de no rendirse. Para ello Berizzo sacó a Franco Vázquez y quitó a N'zonzi, el argentino prescindió de uno de los elementos de su trivote y sacó calidad pura para jugar en los últimos tres cuartos de campo. Y funcionó.

Ben Yedder colocó el primero a los 6 minutos de la reanudación dando esperanzas a los sevillistas, y diez minutos después reavivó la llama poniendo el 2-3 tras un absurdo penalti cometido por el ex-sevillista Alberto Moreno. El Sevilla había hecho lo más difícil, volver a tener esperanzas. El empate del Spartak en Eslovenia daba incluso más aliento al equipo que sabía que un gol los dejaba casi en octavos de final.

Y llegó de la manera más épica posible, con un córner en el 93, como se ganan las Champions. Pizarro encontró un rechace dentro del área y lo remató con el alma hasta el fondo de la red. El Sevilla lo volvió a hacer, volvió a sacar su corazón y el coraje que había demostrado en Europa League, pero esta vez en el escenario de los mayores y contra los fuertes del patio. Ahora el club hispalense queda a expensas de lo que ocurra la última jornada: Un empate le basta al Sevilla contra el Maribor para estar en los octavos de la UEFA Champions League.