
Giuliano Simeone y Jules Koundé disputando un balón en el FC Barcelona - Atlético de Madrid. / @Atleti (X)
Hay derrotas que duelen por el marcador… y otras que duelen porque, en el fondo, sabes que te las has provocado tú mismo. La de este martes pertenece a esa segunda categoría. El Atlético no perdió por falta de fútbol, sino por una cadena de decisiones equivocadas, momentos desafortunados y bajones individuales que terminaron transformando un partido perfectamente ganable en otro episodio más de impotencia colchonera.
Un Julián completamente ausente
Lo de Julián Alvarez fue difícil de entender. El equipo necesitaba que diera un paso al frente: que fuera referencia, que rompiera líneas, que se ofreciera entre centrales… pero nunca apareció. Estuvo físicamente en el campo, sí, pero futbolísticamente no.
Y para un jugador llamado a marcar diferencias, partidos así simplemente no se pueden permitir. Cuando el equipo se bloquea, él debe ser solución, no parte del problema. Ayer, lamentablemente, lo fue.
Las lesiones de Baena y Johnny: dos golpes que desarmaron al equipo
La lesión de Álex Baena fue un mazazo. Venía siendo el más dinámico, el que conectaba entre líneas y daba la sensación de que algo podía pasar en cada toque. Su salida no solo apagó el ataque, también desajustó al equipo por completo.
La de Johnny Cardoso terminó de romper el mediocampo. Sin su capacidad para sostener, presionar y ordenar, el Atleti quedó partido en dos: expuesto, sin estructura y sin mando. Con dos bajas así, Simeone tuvo que improvisar, y el equipo lo pagó.
Lenglet: una grieta constante en el centro de la defensa
La defensa ha sido siempre el gran escudo del Atlético. Pero cuando ese escudo tiene una grieta justo en el centro, estás condenado.
Clément Lenglet no estuvo a la altura. En absoluto.
Lento en las coberturas, mal perfilado y superado con cualquier cambio de ritmo. Cada ataque rival parecía un duelo desigual. Y lo peor: transmitió inseguridad, lo último que puede permitirse un central en un partido grande.
Almada y Griezmann: fallaron cuando más se les necesitaba
Puedes fallar al minuto 15, pero equivocarte en los últimos 10 es letal. Y eso le pasó al Atleti. Almada tuvo una ocasión clarísima que habría cambiado todo. La decisión fue mala; la ejecución, peor.
Justo después, Griezmann, que no vive su mejor momento, falló otra que hace no tanto habría definido con los ojos cerrados.
Es imposible ganar fuera ante un rival grande si tus futbolistas más talentosos desaparecen justo cuando toca cerrar el partido.
No fue el Barça… fuimos nosotros
Sí, el Barcelona hizo un gran partido. Además, el campo era complicado. Pero este encuentro estaba para sacar los 3 puntos. O al menos 1. El problema es que, entre un Julián Álvarez irreconocible, las lesiones que descuadraron al equipo y una defensa mal ajustada por culpa de un Lenglet superado, el Atleti llegó a los minutos decisivos sin control ni convicción.
Y cuando más importaba, Almada y Griezmann apagaron las últimas opciones de irse con algo.
Se puede perder. Pero lo de ayer fue regalar un partido que estaba en la mano. Y ese es el tipo de derrota que más duele.

Periodista con experiencia en redacción. Mi objetivo es transmitir información de forma creativa, concisa y efectiva.
He trabajado previamente en ABC Castilla-La Mancha y en La Sexta.







